GRADOS DE GLORIA Y VIDA SEMPITERNA

Una exposición doctrinal sobre las glorias telestial, terrestre y celestial, sus habitantes, requisitos y recompensas
Una exposición doctrinal sobre las glorias telestial, terrestre y celestial, sus habitantes, requisitos y recompensas

La gloria telestial, la cual supera todo entendimiento

Aunque la gloria telestial será reservada para los peores individuos que vivieron aquí en esta tierra. Dios juzgó conveniente hacer de esa gloria un galardón muy superior a la clase de vida que el hombre conoce actualmente sobre esta tierra. Por eso José Smith escribió, después de recibir «La Visión:» «Y así vimos en la visión celestial la gloria de lo telestial, que sobrepuja toda comprensión; y ningún hombre la conoce sino aquel a quien Dios la ha revelado.» Una descripción extensa del tipo de individuo que heredará el reino telestial es dada en esa revelación. Aquí se presentará esa descripción en forma de lista, con comentarios apropiados: 1. Ellos no reciben el evangelio de Cristo. (D. y C. 76:82, 101) 2. Ellos no reciben el testimonio de Jesús. (D. y C. 76:82, 101) 3. Ellos no reciben el testimonio de los profetas. (D. y C. 76:101) 4. Ellos no reciben el convenio sempiterno. (D. y C. 76:101) Aunque en el juicio final cada hombre se verá obligado a inclinarse ante Cristo y a reconocer Su divinidad, esta gran masa de humanidad, «los habitantes del mundo telestial. . . tan innumerables como las estrellas en el firmamento del cielo, o como las arenas en las playas del mar, no habrá rendido obediencia a la ley del evangelio. Durante su estado mortal preparatorio y su estancia en la prisión espiritual, ellos rechazarán el evangelio hasta que pierdan el privilegio de escucharlo y sean echados al infierno donde pagarán por sus pecados. El reconocimiento de la divinidad de Cristo en el día del juicio no implica que habrán aceptado el evangelio, ya que conocer no significa aceptar. Tal vez estos individuos habrán seguido otras iglesias o grupos apóstatas en la vida mortal, pero eso será en vano y serán asignados a la gloria telestial.

5. Ellos son los mentirosos que aman y obran mentira. (D. y C. 76:103) 6. Ellos son los hechiceros. (D. y C. 76:103) 7. Ellos son los adúlteros. (D. y C. 76:103) 8. Ellos son los fornicarios. (D. y C. 76:103) Estos son aquellos que fueron viles y abominables durante su estado mortal, los que nunca se levantaron más allá del hombre carnal, y que permanecieron enemigos de Dios en sus pecados. 9. Ellos son los que no niegan al Espíritu Santo. (D. y C. 76:83) Así como la visión revela la enormidad de su depravación, también revela que estos individuos no han cometido el pecado imperdonable, y que no son hijos de perdición. Ya que jamás aceptaron por completo, y por lo tanto no se rebelaron contra el evangelio, se salvan del peor de los destinos y pueden alcanzar una porción limitada de los galardones de Dios. «La Visión» también identifica a los habitantes del reino telestial al trazar su curso a través de los mundos eternos, 10. Ellos son los que padecen la ira de Dios. (D. y C. 76:104) 11. Ellos son arrojados al infierno. (D. y C. 76:84, 106) 12. Ellos no se levantan en la primera resurrección. (D. y C. 76:102) 13. Ellos sufren la ira del Dios Todopoderoso en el infierno hasta la segunda resurrección. (D. y C. 76:85, 105-106) 14. Ellos son redimidos del diablo. (D. y C. 76:85) 15. Ellos finalmente se inclinan ante Cristo, confiesan, y son asignados a su dominio eterno. (D. y C. 76:110-111)

En esta gran revelación, el Señor también da un bosquejo de la naturaleza del galardón que reciben: 1. Ellos reciben una gloria que sobrepuja todo entendimiento mortal, aunque es menor que la gloria de lo terrestre. (D. y C. 76:89-90, 81) 2. Ellos, adonde Dios y Cristo moran, no podrán venir por los siglos de los siglos. (D.yC. 76:112) 3. Ellos reciben el ministerio del Espíritu Santo y de ángeles del reino terrestre. (D. y C. 76:86-88) Esos ángeles terrestres son dirigidos por seres celestiales. 4. Ellos serán herederos de salvación. (D. y C. 76:88) 5. Ellos serán siervos del Altísimo. (D. y C. 76:112) Los puntos 3, 4, y 5 mencionados arriba parecen indicar que estos individuos telestiales podrán aceptar una porción limitada del mensaje del evangelio disponible en el reino telestial, y ahí crecerán y progresarán hasta un grado limitado. Parley P. Pratt entendió que, en realidad, la posición de siervo del Altísimo significa servir a aquellos en reinos más altos. Él escribió que: «Estos nunca pueden venir donde Dios y Cristo moran, sino que serán siervos en los dominios de los Santos, quienes anteriormente fueron sus víctimas.»

La gloria terrestre

En «La Visión,» el profeta José Smith relató: «Y así vimos la gloria de lo terrestre que excede la gloria de lo telestial en todas las cosas, sí, en gloria, en poder, en fuerza y en dominio.» Esta herencia gloriosa será otorgada a una clase más alta de personas que la de aquellos consignados al reino telestial. Mientras que los habitantes del reino

telestial serán aquellos que fueron inicuos y corruptos durante su vida mortal, el reino terrestre será habitado por aquellos que, en la mortalidad, obedecieron un nivel más alto de ley. Sin embargo, porque a estos individuos les faltó valor en servir a Jesús, «No obtienen la corona en el reino de nuestro Dios.» Las llaves reveladas en cuanto a su identidad y condición son: 1. Ellos son los hombres honorables de la tierra. (D. y C. 76:75) 2. Ellos no son valientes en el testimonio de Jesús. (D. y C. 76:79) Así como para los habitantes de los otros reinos, el recorrido de los habitantes del reino terrestre es trazado en «La Visión» para ayudarnos a identificarlos: 3. Ellos son los hombres honorables de la tierra que fueron cegados por las artimañas de los hombres. (D. y C. 76:75) 4. Ellos son los que murieron sin ley. (D. y C. 76:72) 5. Ellos fueron encerrados en la prisión espiritual, oyeron el evangelio allí, y lo recibieron. (D. y C. 76:73-74) Esos cinco puntos son algo ambiguos y dejan sin contestar un número de preguntas, a menos que uno las intérprete privadamente. Como sucede con los habitantes de los reinos telestiales, la palabra revelada no nos da una explicación completa concerniente a la naturaleza de estos seres terrestres. Sin embargo, una conclusión predomina. Aunque las intenciones de esta gente fueron buenas mientras estuvieron en la tierra, en el último día, estarán limitados porque sus deseos no fueron totalmente convertidos en obras y servicio. En palabras se allegaron a principios

de justicia, pero no los aplicaron totalmente en sus propias vidas. Habrán llevado la bandera de Jesús pero no le sirvieron con valor. «La Visión» define la naturaleza del galardón preparado para los habitantes del reino terrestre: 1. Ellos tienen cuerpos terrestres, no celestiales, y difieren en gloria de lo celestial como la luna difiere del sol. (D. y C. 76:71, 78) 2. Ellos reciben de la gloria de Cristo pero no de su plenitud. (D. y C.76:76)

3. Ellos reciben de la presencia del Hijo, pero no de la plenitud del Padre. (D. y C. 76:77) 4. Ellos no obtienen la corona en el reino de nuestro Dios. (D. y C.76:79) 5. De entre ellos son designados ángeles ministrantes para gobernar a los reinos telestiales. (D. y C. 76:86-88) 6. Su reino excede lo telestial en gloria, poder, fuerza y dominio. (D.y C. 76:91) El apóstol Orson Pratt explicó lo siguiente concerniente a su galardón: Concerniente a los seres terrestres ¿pueden ellos subir al reino celestial? ¡No! Su inteligencia y conocimiento no los ha preparado y adaptado para morar con aquellos que reinan en la gloria celestial. Por consiguiente, no pueden ni siquiera ser ángeles en esa gloria. No han obedecido la ley que pertenece a esa gloria, por lo tanto no pueden morar en ella. Pero ¿habrá bendiciones para ellos administradas por aquellos que moran en la gloria celestial? ¡Sí! Del mundo celestial se enviarán ángeles para ministrar a aquellos que hereden la gloria de la luna, trayendo mensajes de gozo y paz y de todo aquello calculado

para exaltar, redimir y ennoblecer a los que hayan resucitado a la gloria terrestre. Ahí pueden recibir el Espíritu del Señor y la ministración de ángeles.

La gloria celestial

Como anteriormente se vio en este capítulo, «En la gloria celestial hay tres cielos o grados.» En esta sección se considerará el estado de aquellos que hereden el más bajo de estos grados. La condición de aquellos que reciban el grado más alto, o exaltación, será el tópico del capítulo 11. Como todavía no hay información suficiente para delinear la naturaleza del grado de gloria intermedio, ese tema no se tratará en este libro. Una vez más las escrituras establecen los requisitos que uno tiene que satisfacer para obtener esta gloria: 1. Ellos tienen que haber sido bautizados por inmersión. (D. y C. 76:51) El bautismo es la «puerta estrecha» por medio de la cual los hombres llegan a ser elegibles para entrar en el reino celestial. El ser bautizado es esencial para todo hombre que busca «cumplir con toda justicia,» porque el Salvador ha mandado que «el que no naciere del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.» El bautismo tiene que ser precedido de ciertos actos y deseos, para que sea eficaz: Todos los que se humillen ante Dios, y deseen bautizarse, y vengan con corazones quebrantados y con espíritus contritos, y testifiquen ante la iglesia que se han arrepentido verdaderamente de todos sus pecados, y que están dispuestos a tornar sobre sí el nombre de Jesucristo, con la determinación de servirle hasta el fin, y verdaderamente manifiesten por sus obras que han recibido del espíritu de Cristo para la remisión de sus pecados, serán recibidos en su iglesia por el bautismo. 2. Ellos reciben el Espíritu Santo por la imposición de las manos de un miembro autorizado del Sacerdocio. (D. y C. 76:52)

3. Ellos reciben el testimonio de Jesús. (D. y C. 76:51) No sólo reciben la ordenanza de la confirmación, pero también buscan y reciben la dirección del Espíritu Santo. «El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.» Y ese testimonio viene solamente a través del Espíritu Santo. Jesús enseñó que «cuando viniere el Consolador … el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros daréis testimonio.» Estos son individuos que han buscado y recibido revelación y dirección divina y la han usado para dirigir sus vidas. 4. Ellos se han arrepentido de todos sus pecados. (Moisés 6: 57) El Señor ha revelado que «todos los hombres, en todas partes, deben arrepentirse, o de ninguna manera heredarán el reino de Dios, porque ninguna cosa inmunda puede morar allí.» A los Nefitas El proclamó: «Nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que se han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe, el arrepentimiento de todos sus pecados. » Han hecho su arrepentimiento completo porque Santiago advirtió: «Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpable de todos.» 170 5. Ellos han guardado los mandamientos. (D. y C. 76:52) 6. Ellos son justos y fieles. (D. y C. 76:53) Han buscado la palabra de Dios, aprendido lo que Él quiere que hagan, y diligentemente procuraron cumplir con ello. Son motivados por amor a Dios y un deseo de ir a Su reino. Según lo reveló el Salvador:

El que tiene mis mandamientos y los guarda, aquél es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él…. El que ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. 7. Ellos han vencido por medio de la fe. (D. y C. 76:53) He aquí el principio de valor que separa a los habitantes de la gloria celestial de aquellos que heredarán el mundo terrestre. Estos últimos fueron hombres honorables con buenas intenciones, sin embargo, fracasaron porque no se esforzaron en la causa del evangelio. José Smith comentó que «salvación significa que un hombre sea colocado más allá del poder de todos sus enemigos.» Aquella persona que desea entrar en el reino celestial debe vencer diligentemente a todo enemigo, toda falta e imperfección de su carácter, toda tentación y deseo perverso, hasta que esté más allá de ellos. Debe tener en cuenta lo que Pablo enseñó: «Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.» 8. Ellos han perseverado hasta el fin. (3 Nefi 27:16-19) Han continuado laborando en la obra del Señor, y a través de su vida se han esforzado por guardar Sus mandamientos. Como Nefi explicó: Y oí la voz del Padre que decía: Sí, las palabras de mi Amado son verdaderas y fieles. Aquel que persevere hasta el fin éste será salvo. Y ahora, amados hermanos míos, por esto sé que a menos que un hombre persevere hasta el fin, siguiendo el ejemplo del Hijo del Dios viviente, no puede ser salvo. Al igual que con los otros reinos, el Señor nos ha ayudado a identificar a los que recibirán la gloria celestial, trazando su curso a través de los diferentes grados de progresión en el plan eterno. Además de su diligencia mortal,

9. Ellos tienen sus nombres escritos en los cielos en el libro de la vida del Cordero.» (D. y C. 76:68) 10. Ellos, al morir, irán al paraíso donde estarán entre los justos hechos perfectos. (D. y C.76:69) 11. Ellos se levantarán en la resurrección de los justos, la primera resurrección. (D. y C. 76:50, 63-65) 12. Ellos son hechos perfectos a través de la expiación de Cristo. (D. y C.76:69) Vienen a Cristo y son participantes de Su gracia y misericordia en el juicio final, y el Señor los tendrá por inocentes ante el Padre. Es difícil definir completamente el galardón y el estado final de estos seres celestiales, usando sólo «La Visión» como base, porque ese panorama de la gloria celestial es solamente un vislumbre de la exaltación, el grado más alto de ese reino. Sin embargo, aquellos que heredan la porción menor de la gloria celestial, recibirán ciertas bendiciones que tanto superarán las bendiciones de los habitantes del reino terrestre como la gloria del sol supera a la de la luna. Sus bendiciones son: 1. Ellos tendrán cuerpos resucitados que serán celestiales. (D. y C.76:70) 2. Ellos habrán reinado en la tierra con Cristo durante el milenio. (D. y C. 76:63) 3. Ellos viven en la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. (D.y C. 76:62) 4. Ellos gozan de la compañía y asociación de seres celestiales. (D. y C.76:67)

5. Ellos pueden ser asignados para ministrar en el reino terrestre. (D. y C. 76:87) 6. Ellos tendrán la función de ministrar a los seres exaltados. (D. y C. 132:16) Estos individuos serán siervos fieles y de confianza. Como embajadores capaces y escogidos de los dioses, desempeñarán un servicio valioso y cosecharán el gozo que éste brinda, a través de toda la eternidad. El señor ha revelado que tales individuos: … Son nombrados ángeles en el cielo, ángeles que son siervos ministrantes para servir a aquellos que son dignos de un peso de gloria, mucho mayor, y predominante, y eterno. .. . No se les puede engrandecer, sino que permanecen separada y solitariamente, sin exaltación, en su estado de salvación, por toda la eternidad; y en adelante no son dioses, sino ángeles de Dios para siempre jamás. Orson Pratt relató concisamente la posición que estos seres ocuparán en el reino celestial: Las otras categorías . . . han sido negligentes del nuevo y sempiterno convenio del matrimonio. Ellos no pueden heredar esa gloria y esos reinos. No pueden ser coronados en el mundo celestial. ¿Qué propósito servirán? Serán enviados en asignaciones especiales— enviados a otros mundos como misioneros para ministrar o para servir en cualquier otro asunto que el Señor considere propio. En otras palabras, serán siervos. ¿De quién serán siervos? De aquellos que han obedecido y permanecido fieles al nuevo y sempiterno convenio, y han sido exaltados a tronos; de aquellos que han hecho convenio ante Dios con sus esposas para que se levanten y se multipliquen como seres inteligentes a través de toda la eternidad. Esta es la distinción de clases, pero todos pertenecen a la misma gloria, llamada la gloria celestial.

Esos seres celestiales han sido vistos en varias visiones de los cielos. En «La Visión» por ejemplo, José Smith y Sidney Rigdon relataron: Y vimos la gloria del Hijo, a la diestra del Padre, y recibimos de su plenitud; y vimos a los santos ángeles, y a los que son santificados delante de su trono, adorando a Dios y al Cordero, y lo adoran para siempre jamás. En su visión de los cielos, el profeta Lehi «creyó ver a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles, en actitud de estar cantando y adorando a su Dios.» Juan el Revelador, recibió varias visiones de la gloria celestial. En una de ellas, él vio: … un trono que estaba puesto en el cielo, y sobre el trono estaba uno sentado. . . . Y alrededor del trono había veinticuatro sillas: y vi sobre las sillas veinticuatro ancianos sentados, vestidos de ropas blancas; y tenían sobre sus cabezas coronas de oro. . . . Los veinticuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive para siempre jamás, y echaban sus coronas delante del trono diciendo: Señor, digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque tú criaste todas las cosas, y por tu voluntad tienen ser y fueron criadas. Después él vio un concurso innumerable de ángeles o seres celestiales que servían al Señor y a los élderes (los élderes eran, aparentemente, seres exaltados): Después de estas cosas miré, y he aquí una gran compañía, la cual ninguno podía contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos;

Y clamaban en alta voz, diciendo: Salvación a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro animales; y postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, Diciendo: Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría, y la acción de gracias y la honra y la potencia y la fortaleza, sean a nuestro Dios para siempre jamás. Amén. Y respondió uno de los ancianos, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Y yo le dije: Señor; tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han venido de grande tribulación y han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono tenderá su pabellón sobre ellos. No tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni otro ningún calor. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, los guiará a fuentes vivas de aguas: y Dios limpiará toda lágrima de los ojos de ellos. Juan el Revelador describió aún a un tercer grupo de seres celestiales a los que vio en los cielos: Y oí una voz del cielo como ruido de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno: y oí una voz de tañedores de arpas que tañían con sus arpas:

Y cantaban como un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos; y ninguno podía aprender el cántico sino aquellos ciento cuarenta y cuatro mil, los cuales fueron comprados de entre los de la tierra. Estos son los que con mujeres no fueron contaminados; porque son vírgenes. Estos, son los que siguen al Cordero por dondequiera que fuere. Estos fueron comprados de entre los hombres por primicias para Dios y para el Cordero. Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios. De esas revelaciones, uno puede al menos imaginar algo de la vida que llevan estos seres celestiales y de cuán deseable sería asociarse con ellos.

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