La inactividad en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un tema complejo que involucra aspectos personales, emocionales, sociales y espirituales. A continuación, exploraremos algunas de las razones más comunes y ofreceremos soluciones basadas en escrituras y enseñanzas de líderes y profetas. Cada razón se acompaña de una invitación a reflexionar desde una perspectiva cristiana.
1. Dudas doctrinales o históricas
Algunos miembros enfrentan dudas sobre doctrinas o eventos históricos relacionados con la Iglesia. El élder Dieter F. Uchtdorf enseñó: “Dudar de sus dudas antes de dudar de su fe” (“Ven, sígueme”, Conferencia General, octubre de 2013). Las preguntas sinceras pueden ser una puerta hacia mayor conocimiento y fe si se buscan respuestas con paciencia y humildad. La escritura nos invita: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Estudiar las escrituras, orar fervientemente y buscar guía en fuentes confiables, como los discursos de los profetas vivientes, puede fortalecer nuestro testimonio.
2. Ofensas personales
Comentarios o acciones de otros miembros o líderes pueden herir y llevar al distanciamiento. El presidente Gordon B. Hinckley declaró: “No se puede construir sobre una base de amargura. Escojan el perdón en lugar del rencor” (“Al enemigo, amadlo”, Liahona, enero de 1988). Jesucristo enseñó: “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial” (Mateo 6:14). La verdadera sanación proviene al elegir el perdón y centrarse en Cristo.
3. Falta de conexión espiritual
Algunos sienten que no crecen espiritualmente dentro de la estructura formal de la Iglesia.
El presidente Russell M. Nelson enseñó: “La conversión es un proceso continuo, no un acontecimiento único” (“La premisa fundamental para el Evangelio restaurado”, Liahona, mayo de 2021). Las experiencias espirituales personales son esenciales y pueden buscarse a través de la oración, el estudio diario de las escrituras y el servicio. La promesa del Salvador es clara: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Al acudir a Cristo, fortalecemos nuestra conexión espiritual.
4. Desafíos personales
El estrés, problemas de salud, trabajo y otras responsabilidades pueden dificultar la participación activa. El élder Jeffrey R. Holland dijo: “No importa cuán profundo sea el problema o cuán larga sea la carga; Su amor es mayor y su brazo es más fuerte” (“Como un vaso quebrado”, Conferencia General, octubre de 2013). El apóstol Pablo también recordó: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). A través de pequeños pasos, como renovar convenios al participar de la Santa Cena, podemos encontrar fortaleza y alivio.
5. Cambio de prioridades
Las exigencias de la vida llevan a algunos a dar prioridad a otras actividades antes que a la Iglesia. El presidente Ezra Taft Benson enseñó: “Cuando ponemos a Dios en primer lugar, todas las cosas caen en su lugar” (“El orgullo, el pecado universal”, Conferencia General, abril de 1989). Revisar nuestras prioridades a la luz de lo eterno puede ayudarnos a reorganizar nuestro enfoque. Cristo nos recordó: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).
6. Influencias externas
La opinión de amigos, familiares o contenido en línea puede influir en la percepción de la Iglesia. El élder Neil L. Andersen declaró: “La fe siempre vencerá la duda cuando ambas se basen en el mismo nivel de conocimiento” (“La fe no es ciega”, Conferencia General, octubre de 2015). Establecer fuentes confiables de información y rodearse de influencias edificantes fortalece nuestro testimonio. Proverbios 3:5-6 también nos instruye: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”.
7. Pérdida de testimonio
Algunas personas sienten que ya no creen en los principios fundamentales de la Iglesia. El presidente Thomas S. Monson enseñó: “La fe precede al milagro” (“La fe precede al milagro”, Liahona, junio de 1972). Es posible reconstruir un testimonio paso a paso al enfocarnos en lo que sabemos y sentimos. El Salvador dijo: “Si tenéis fe como un grano de mostaza… nada os será imposible” (Mateo 17:20). Con pequeños actos de fe, como la oración o la lectura de las escrituras, se puede reavivar la creencia.
ALMA 12:9–11
9 Y Alma empezó a explicarle estas cosas, diciendo: A muchos les es concedido conocer los misterios de Dios; sin embargo, se les impone un mandamiento estricto de que no han de darlos a conocer sino de acuerdo con aquella porción de su palabra que él concede a los hijos de los hombres, conforme a la atención y la diligencia que le rinden. 10 Y, por tanto, el que endurece su corazón recibe la menor porción de la palabra; y al que no endurece su corazón le es dada la mayor parte de la palabra, hasta que le es concedido conocer los misterios de Dios al grado de conocerlos por completo. 11 Y a los que endurecen sus corazones les es dada la menor porción de la palabra, hasta que nada saben concerniente a sus misterios; y entonces el diablo los lleva cautivos y los guía según su voluntad hasta la destrucción. Esto es lo que significan las cadenas del infierno.
Una invitación a comprender antes que juzgar
La inactividad rara vez puede explicarse por una sola causa. El propio recorrido de este artículo muestra una combinación posible de preguntas doctrinales, heridas personales, debilitamiento de la conexión espiritual, cargas de la vida, cambios de prioridades, influencias externas y pérdida de testimonio. Frente a ello, el enfoque cristiano invita a escuchar, acompañar y ayudar a cada persona a volver su mirada hacia Jesucristo, respetando el proceso individual y evitando reducir historias complejas a explicaciones simplistas.


