En el evangelio restaurado, la fe no es una fórmula para obligar a Dios a conceder resultados, sino confianza activa en Jesucristo. El texto de Grant Von Harrison que sigue se conserva íntegramente en sus ideas, ejemplos, referencias y desarrollo. Al final se incorpora una ampliación doctrinal, basada únicamente en fuentes oficiales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, para situar algunas expresiones del texto en el marco doctrinal actual y subrayar la relación entre fe, milagros, revelación, poder del sacerdocio y voluntad divina.
Grant Von Harrison
Grant Von Harrison Nació el 17 de agosto de 1937 en Payson, Utah, hijo de Heber Karl Harrison y LaVaun Benson. Creció en Cedar City, Utah, junto a su hermano mayor, Byron, y su hermana, Carla. Como joven, sirvió una misión en los Estados del Centro-Este de Estados Unidos, bajo la dirección de los presidentes de misión M. Ross Richard y Frank Brown. En 1961, contrajo matrimonio con Patricia Ann Urie el 10 de febrero en el Templo de St. George, Utah. En su carrera académica, obtuvo una licenciatura en inglés de la Universidad Brigham Young (BYU) en 1962, una maestría en psicología de Adams State College y un doctorado en investigación de productos de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) en 1969. Grant dedicó 32 años como profesor de Ciencias de la Instrucción en BYU, apasionado por mejorar los métodos de enseñanza. Además, sirvió como Director de Instrucción en el antiguo Centro Misional en Salt Lake City y como presidente de rama en el Centro de Capacitación Misional en Provo, Utah. Tras su jubilación, él y su esposa sirvieron en varias misiones juntos. Falleció el 12 de diciembre de 2018 en St. George, Utah, rodeado de su familia.
La fe y los poderes celestiales
Al desarrollar una fe básica en el plan de salvación, arrepentirse, adquirir un testimonio del evangelio restaurado, y vivir en armonía con el evangelio, uno está en posición de ejercer la clase de fe que invoca los poderes del cielo. Estos poderes le permitirán lograr los deseos justos que requieran la ayuda del Señor, tales como obtener un buen trabajo, deshacerse de malos hábitos, ayudar a alguien a convertirse al evangelio, o contar con el poder del Espíritu Santo al dar un discurso. A menos que ejerza suficiente fe, usted le niega al Señor la oportunidad de ayudarle en su vida diaria. Las escrituras nos enseñan que ciertos poderes del cielo son gobernados por la fe del hombre mortal: Y en ningún tiempo ha obrado alguien milagros sino hasta después de su fe. (Éter 12:18) El Señor tiene poder de hacer todas las cosas para los hijos de los hombres, si es que ejercen la fe en él. (1 Nefi 7:12) No neguéis el poder de Dios, porque él obra por poder, de acuerdo con la fe de los hijos de los hombres (Moroni 10:7) Porque he aquí, yo soy Dios; y soy un Dios de milagros… y nada obro entre los hijos de los hombres sino de conformidad con su fe. (2 Nefi 27:23) Y Cristo ha dicho: Si tenéis fe en mí, tendréis poder para hacer cualquier cosa que me sea menester. (Moroni 7:33) Recuerda que sin fe no puedes hacer nada. (Doctrina y Convenios 8:10)
Moroni entendía el papel de la fe en la invocación de los poderes del cielo. Esto es evidente en su respuesta a una revelación que recibió concerniente a la habilidad de superar sus flaquezas (Éter 12: 27). Esto es lo que declaró al expresar su gratitud al Señor: Y yo, Moroni, habiendo oído estas palabras, me consolé, y dije: ¡Oh Señor, hágase tu justa voluntad!, porque sé que obras con los hijos de los hombres según su fe; …Pues así te manifestaste a tus discípulos; porque después que tuvieron fe y hablaron en tu nombre, te mostraste a ellos con gran poder. (Éter 12:29, 31) Jesús hacía milagros según la fe de la gente, como se ve en las siguientes escrituras: Mateo 8:13, 9:20–22; 13:58; 3 Nefi 17:8. Es importante entender que la influencia de los poderes celestiales en la vida es gobernada o controlada por la fe. En otras palabras, las manos del Señor están atadas a menos que ejerzamos la fe. Así como la fe sin obras es muerta (Santiago 2:14–20), las obras sin fe son muertas y no gozan del apoyo de los poderes del cielo. El Señor ha dicho que si tenemos temores (dudas) en el corazón, nos privamos de las bendiciones del cielo (Doctrina y Convenios 67:3). Por ejemplo, si a uno le falta fe, puede pasar horas en preparaciones para una clase de la Escuela Dominical sin lograr eficacia alguna en llegarles al corazón a sus alumnos. Por mucho tiempo que pase haciendo una tarea, su alcance máximo es limitado a menos que aprenda a ejercer la fe necesaria para invocar el poder y la fuerza del Señor que están a su disposición. Estimo que de los miembros de la Iglesia motivados a pagar un diezmo justo, hay muchos que se niegan las bendiciones que resultan del pago de los mismos al no ejercer la fe suficiente para permitir que el Señor los bendiga por su obediencia a la ley de los diezmos. Debemos darnos cuenta que quien paga los diezmos, cumple con sólo una parte de la ley. La ley completa requiere que tengamos la fe necesaria para recibir las bendiciones del Señor al pagar los diezmos. Este mismo principio funciona igualmente con la bendición de los enfermos.
El Señor no bendice a la persona más allá de la fe combinada de todos los que toman parte en la bendición. Claro es que hay muchas bendiciones que al Señor le gustaría extender a los miembros de la Iglesia si estos tan sólo ejercieran la fe que le permitiera hacerlo. En otras palabras, nuestra vida justa (obras dignas) generalmente excede nuestra fe. Si nuestra fe fuera mayor, alcanzaríamos muchas más bendiciones que el Señor quiere que tengamos, y para las cuales nos hemos calificado como resultado de nuestras buenas obras. El procedimiento del cultivo de la tierra provee un excelente ejemplo de la fe como motivación de la acción que, bajo ciertas condiciones, requiere que solicitemos ayuda divina. Analicemos este proceso. La fe que tenemos en el proceso de la vida nos motiva a plantar las semillas, regarlas, etc. Sin embargo, si vemos que viene una calamidad como una sequía o, como en los primeros días de la Iglesia, las langostas, quizás nos haga falta invocar los poderes del cielo para salvar la cosecha. Consideremos al misionero que tiene la tarea de aprender las charlas. La fe le dará la seguridad de que puede aprenderlas si se aplica a hacerlo. Si sólo cuenta con el tipo de fe que motiva a actuar, el tiempo que tarde en aprenderlas dependerá de su habilidad. Sin embargo, si ejerce la fe necesaria para invocar los poderes del cielo, su habilidad para aprender será aumentada por el Espíritu y podrá aprender las charlas en mucho menos tiempo. El papel de la fe para motivar, así como el poder que puede emanar de ella, se aplica a todo aprendizaje. Mediante los poderes del cielo, podemos aumentar nuestras habilidades intelectuales. Además, el Señor ha dicho que podemos recibir instrucciones del cielo si buscamos conocimiento mediante «la oración de fe» (Doctrina y Convenios 52:9).
Por los poderes del cielo, entendimiento e ideas nos pueden ser revelados. Esta promesa se aplica a todas las áreas y no solamente a la teología. Por ejemplo, si a ciertos padres se les presentan dificultades para resolver los problemas de conducta de un hijo, pueden recibir inspiración para saber cómo solucionar tal dilema familiar. Analicemos el papel que la fe desempeña en la inspiración. Si una persona se encuentra frente a una decisión, la fe puede motivarla a que ore y busque la ayuda de su Padre Celestial. Sin embargo, a menos que ejerza la fe necesaria para invocar los poderes del cielo, el Señor no puede inspirarle en cuanto a su problema. En otras palabras, la fe del individuo gobierna en gran parte su habilidad de recibir inspiración. Otro ejemplo es el esfuerzo que hace un santo de los últimos días por inspirar a un investigador a que se una a la Iglesia. La fe puede motivarle en los aspectos externos, dándole el deseo de visitarle o hermanarle. Mediante el poder de la fe el miembro de la Iglesia puede pedir que el Espíritu toque el corazón del no miembro para que tenga deseos de investigar el evangelio. En cada uno de estos ejemplos, es fácil ver el papel de la fe como un principio de motivación y como un principio de poder para solicitar los poderes del cielo. En el futuro, usted debe esforzarse por analizar el papel de la fe en sus afanes. Debe hacer un esfuerzo consciente por analizar el papel de la fe que le motiva a actuar y los casos en que la situación requiera la fe como principio de poder. Al hacer esto, estará mucho más consciente del poder de la fe en su vida. En resumen, debemos pedirle al Señor constantemente que nos ayude a lograr nuestros deseos justos y entonces asegurarnos de que la fe acompañe nuestras buenas obras, permitiendo de esta manera, que el Señor nos bendiga.
Escrituras base del documento
1 NEFI 7:16–18 MOSIAH 24:11–16 ALMA 14:26–27
Ampliación doctrinal: fe, poder y voluntad de Dios
La fe salvadora está centrada en Jesucristo
La enseñanza oficial de la Iglesia define la fe salvadora como confianza y dependencia en Jesucristo. La fe es un principio de acción y de poder, pero para conducir a la salvación debe estar centrada en el Salvador. Implica confiar en Su poder, inteligencia y amor, aceptar Sus enseñanzas y procurar vivir conforme a Su voluntad. Véanse Alma 32:21; Éter 12:6; Artículos de Fe 1:4.
La fe puede atraer el poder de Dios
Las Escrituras enseñan repetidamente que los milagros y las manifestaciones del poder de Dios están relacionados con la fe. Moroni declaró que los milagros ocurren después de la fe, y el Señor enseñó que quien tiene fe en Él puede recibir poder para hacer aquello que sea conforme a Su voluntad. Por eso, la fe no es solamente creer que Dios existe: es una confianza que mueve a obedecer, orar, actuar y depender de Él.
Una precisión necesaria: la fe no ata ni obliga las manos de Dios
Algunas expresiones del documento original —por ejemplo, que las manos del Señor quedan «atadas» si una persona no ejerce suficiente fe— pueden entenderse como una forma enfática de destacar la importancia de la fe. La enseñanza oficial actual añade una precisión esencial: Dios conserva siempre Su soberanía y los milagros ocurren según Su voluntad, no simplemente según los deseos humanos. Doctrina y Convenios 63:9–10 enseña que las señales vienen por la fe, pero «no por la voluntad de los hombres, ni como les plazca, sino por la voluntad de Dios». Por ello, una oración fiel puede ser contestada de una manera distinta de la esperada sin que ello signifique necesariamente falta de fe.
La ausencia de un milagro no demuestra falta de fe
La Iglesia enseña que la fe puede producir milagros, pero estos no siempre llegan en el momento o de la manera que una persona espera. La fe madura incluye confiar en que el Padre Celestial y Jesucristo saben lo que es mejor, aun cuando el resultado deseado no se produzca. Esta aclaración es particularmente importante cuando se habla de enfermedad, sanación, problemas familiares, empleo u otras pruebas: no debe atribuirse automáticamente un resultado adverso a una supuesta insuficiencia espiritual de quien sufre.
Fe y obras: dos dimensiones inseparables
Santiago enseñó que la fe sin obras está muerta. En el evangelio restaurado, la fe verdadera conduce a actuar: estudiar, prepararse, trabajar, servir, arrepentirse, guardar los mandamientos y perseverar. Al mismo tiempo, las obras no sustituyen la gracia ni el poder de Jesucristo. El discípulo hace cuanto está a su alcance y confía en el Señor para recibir fortaleza, dirección y capacidad más allá de sus propios recursos.
Los poderes del cielo y los principios de rectitud
Doctrina y Convenios 121:36 enseña que «los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo» y que esos poderes solo pueden manejarse conforme a principios de rectitud. El élder David A. Bednar explicó que la autoridad del sacerdocio y el poder del sacerdocio no son idénticos: la autoridad puede conferirse, mientras que el poder espiritual está ligado a la rectitud, la fidelidad, la obediencia y el servicio. El Manual General añade que el poder del sacerdocio de Dios fluye a todos los miembros de la Iglesia —mujeres y hombres— conforme guardan los convenios que han hecho con Él.
Fe, revelación e inspiración
La fe en Jesucristo dispone el corazón para buscar revelación. Orar con fe significa acudir al Padre esperando dirección y estando dispuesto a actuar de acuerdo con ella. La respuesta puede llegar mediante pensamientos, sentimientos espirituales, las Escrituras, consejos inspirados o circunstancias providenciales. La fe no elimina la necesidad de estudiar un asunto y usar el juicio; más bien, une el esfuerzo diligente con la búsqueda humilde de dirección divina.
Fe en las bendiciones del sacerdocio
Las bendiciones del sacerdocio se administran por autoridad divina y con fe en Jesucristo. Sin embargo, su cumplimiento permanece sujeto a la voluntad y sabiduría de Dios. La fe de quien recibe y de quienes ministran puede ser significativa, pero no convierte una bendición en un mecanismo automático. El propósito último del sacerdocio es bendecir, fortalecer y llevar a los hijos de Dios a Cristo.
La prueba de la fe precede al testimonio
Éter 12:6 enseña que no recibimos un testimonio sino hasta después de la prueba de nuestra fe. Esto ayuda a comprender los ejemplos del documento: plantar antes de ver la cosecha, estudiar antes de dominar una materia, servir antes de conocer el resultado, orar antes de recibir respuesta. La fe mira hacia adelante y actúa confiando en promesas verdaderas.
El propósito de la fe no es controlar a Dios, sino llegar a confiar en Él
El poder más profundo de la fe no consiste únicamente en obtener lo que deseamos, sino en llegar a ser discípulos capaces de decir, como Moroni, «hágase tu justa voluntad». La fe poderosa pide, trabaja y espera milagros; pero también acepta la sabiduría del Señor. De ese modo, la fe se convierte simultáneamente en principio de acción, principio de poder y principio de confianza absoluta en Jesucristo.
Fuentes oficiales para la ampliación doctrinal
• Éter 12; Moroni 7:33; 1 Nefi 7:12; Doctrina y Convenios 8:10; 63:9–12; 121:34–46.
• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «Fe en Jesucristo», Temas y preguntas / Guía para el estudio del Evangelio.
• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «Milagros», Guía para el estudio del Evangelio.
• Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, capítulo 3, «Principios del sacerdocio».
• David A. Bednar, «Los poderes del cielo», Conferencia General, abril de 2012. • Doctrinas del Evangelio: Manual del alumno, capítulo 13, «La fe, un poder que se centra en Cristo».


