Nota editorial. El contenido del documento de origen se conserva sin reducir sus relatos, citas ni argumentos. Las conjeturas y narraciones históricas se presentan como tales. Al final se añade una ampliación doctrinal separada, basada únicamente en fuentes oficiales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
El relato de los Tres Nefitas es uno de los más enigmáticos del Libro de Mormón. Se encuentra en 3 Nefi 28, cuando Jesucristo resucitado ministra a los nefitas en las Américas. Entre los Doce Discípulos nefitas que Él llamó, tres recibieron un don especial: el de no probar la muerte hasta Su Segunda Venida. Esta promesa es similar a la del apóstol Juan en la Biblia (Juan 21:20-23).
Origen del Relato en el Libro de Mormón
Después de su resurrección, Jesucristo organizó Su iglesia entre los nefitas y llamó a doce discípulos, equivalentes a los apóstoles en la tierra de Jerusalén. Cuando llegó el momento de Su ascensión, preguntó a los Doce qué deseaban:
• Nueve pidieron ir con Él al reino después de una vida de ministerio.
• Tres desearon lo que Juan el Amado había pedido: seguir viviendo y ministrando hasta Su Segunda Venida. Cristo les concedió su deseo y fueron transfigurados para que no pudieran ser tocados por el mal ni sufrir dolor. Como se describe en 3 Nefi
Capítulo 28
Nueve de los doce discípulos desean, y se les promete una herencia en el reino de Cristo cuando mueran — Los Tres Nefitas desean, y se les concede, poder sobre la muerte para permanecer en la tierra hasta que Jesús venga de nuevo — Son trasladados y ven cosas que no es lícito declarar, y ahora se encuentran ministrando entre los hombres. Aproximadamente 34–35 d.C.
1 Y sucedió que cuando Jesús hubo dicho estas palabras, habló a sus discípulos, uno por uno, diciéndoles: ¿Qué es lo que deseáis de mí después que haya ido al Padre?
2 Y contestaron todos, salvo tres, diciendo: Deseamos que después que hayamos vivido hasta la edad del hombre, que nuestro ministerio al cual nos has llamado se termine, a fin de que vengamos presto a ti en tu reino.
3 Y él les dijo: Benditos sois porque deseasteis esto de mí; por tanto, después que hayáis llegado a los setenta y dos años de edad, vendréis a mí en mi reino; y conmigo hallaréis reposo.
4 Y cuando les hubo hablado, se volvió hacia los tres y les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros, cuando haya ido al Padre?
5 Y se contristó el corazón de ellos, porque no se atrevían a decirle lo que deseaban.
6 Y él les dijo: He aquí, conozco vuestros pensamientos, y habéis deseado lo que de mí deseó Juan, mi amado, quien me acompañó en mi ministerio, antes que yo fuese levantado por los judíos.
7 Por tanto, más benditos sois vosotros, porque nunca probaréis la muerte; sino que viviréis para ver todos los hechos del Padre para con los hijos de los hombres, aun hasta que se cumplan todas las cosas según la voluntad del Padre, cuando yo venga en mi gloria con los poderes del cielo.
8 Y nunca padeceréis los dolores de la muerte; sino que cuando yo venga en mi gloria, seréis cambiados de la mortalidad a la inmortalidad en un abrir y cerrar de ojos; y entonces seréis bendecidos en el reino de mi Padre.
9 Y además, no sentiréis dolor mientras viváis en la carne, ni pesar, sino por los pecados del mundo; y haré todo esto por motivo de lo que habéis deseado de mí, porque habéis deseado traer a mí las almas de los hombres, mientras exista el mundo.
10 Y por esta causa tendréis plenitud de gozo; y os sentaréis en el reino de mi Padre; sí, vuestro gozo será completo, así como el Padre me ha dado plenitud de gozo; y seréis tal como yo soy, y yo soy tal como el Padre; y el Padre y yo somos uno.
11 Y el Espíritu Santo da testimonio del Padre y de mí; y el Padre da el Espíritu Santo a los hijos de los hombres por mi causa.
12 Y sucedió que cuando Jesús hubo hablado estas palabras, tocó a cada uno de ellos con su dedo, menos a los tres que habían de quedar, y entonces partió.
¿Quiénes podrían ser los Tres Nefitas?
El Libro de Mormón no menciona los nombres de los Doce Discípulos en el momento en que se les da este don. Sin embargo, en 3 Nefi 19:4 se enumeran los nombres de los Doce:
1. Nefi
2. Timoteo
3. Jonás
4. Matanías
5. Matanaí
6. Cumení
7. Cumenón
8. Jeremías
9. Semaní
10. Madi
11. Isaías
12. Zedecías Dado que el Libro de Mormón no especifica cuáles de estos doce recibieron el don de la inmortalidad, es imposible determinar con certeza sus identidades. Sin embargo, podemos hacer algunas conjeturas:
Posibilidades basadas en su liderazgo y conexiones
1. Nefi, el hijo de Nefi (posible candidato) o Nefi, hijo del Nefi que registró la señal del nacimiento de Cristo, fue el líder espiritual en el momento de la venida de Cristo a las Américas. o Es probable que su fe y liderazgo lo hayan llevado a ser uno de los Tres Nefitas.
2. Timoteo (hermano de Nefi, posible candidato) o Según el Libro de Mormón, Timoteo fue levantado de entre los muertos (3 Nefi 19:4). o Esto podría indicar una conexión especial con el poder de Dios, lo que lo hace un candidato lógico.
3. Jonás (hijo de Nefi / Timoteo, posible candidato) o Es posible que su devoción al evangelio de Cristo y al tener familiaridad lo haya hecho idóneo para recibir esta bendición especial.
Analizando el libro los Secretos Precolombinos
Leyendo un extracto del libro Los Secretos Precolombinos, escrito bajo arduas investigaciones por el historiador colombiano Harold Santacruz Moncayo, quien ha hecho investigaciones sobre todo el contexto precolombino y algunos de la conquista, se puede retomar un par de párrafos que citan así: “Un día alrededor del 3 de junio de 1494, durante su segundo viaje al Nuevo mundo, Cristóbal Colón ancló fuera de las orillas de Cuba; Envió una expedición a la orilla para obtener un poco de agua fresca y madera. Entre aquellos enviados a tierra bajó un arquero, que se separó de la comitiva y entró en los bosques con su ballesta a cazar. Él no había caminado mucho tiempo cuando se devolvió apresuradamente y fue donde los del grupo con este informe: “Declaró que él no había avanzado muy lejos, cuando observó de repente que era espiado a través de un claro del bosque, era un hombre vestido de blanco hasta los tobillos, tan blancos y largos como un fraile del orden de Santo María de la Misericordia, que al principio él lo tomó como si se tratase del capellán del Almirante, pero otros dos le seguían, con túnicas blancas que alcanzan a sus tobillos; los tres eran de cutis como los europeos. Detrás de éstos aparecieron muchos más al número de treinta, armados con flechas y lanzas. Ellos no hicieron ninguna señal de hostilidad, pero permanecían callados, el hombre de traje blanco largo tomó la delantera para hablarme a mí; pero Yo estaba tan asustado de ver el número de acompañantes que huí para buscar la ayuda de mis compañeros al instante. Más tarde reconoció que se acobardo de ver a los nativos armados y que con sus compañeros no tuvieron el coraje de enfrentarlos y salieron despavoridos hacia las naves ancladas en el mar. Hay dos alternativas: O el hombre puede haber estado engañando a Colón; o que él había visto una bandada de grullas en lugar de lo que imaginó. Colón tenía razón para dudar de la exactitud de la información del arquero; por lo tanto, sugería espiarlos desde las naves, pero los catalejos no permitían identificarlos desde a bordo “Por eso al día siguiente se programó que todos fueran a tierra, con Órdenes para penetrar al interior si es necesario hasta cuarenta millas” para verificar esta historia. Incluso una tercera expedición se envió al tercer día a tierra, en la demanda de estos nativos y sus tres líderes blancos vestidos de blanco. Este acontecimiento se convirtió en un problema, todos opinaban sobre la credibilidad del arquero y despertó la curiosidad del Almirante. Aunque las comitivas volvieron sin una evidencia, no se menciona nada al hombre de la ballesta que más tarde retracta su historia. Tanto así, que crea dudas en el Almirante y de ahí en adelante se pide que ninguna acción sea comunicada sin un segundo testimonio. En dos semanas, Colón ya sabía comunicarse con un nativo, de quien supo: que a diez leguas al oeste había algunos nativos entre ciertas montañas que él vio de lejos, que había un rey, tan poderoso que su reinado abarcaba muchos pueblos; Que él llevaba un vestido blanco que llegaba a tierra; que se le llamó un santo; que sus enseñanzas fueron obedecidas siempre, aunque comunicaba sus órdenes y sus asuntos mediante símbolos visuales.
Si ahondamos en la historia de diferentes escritores contemporáneos se pueden encontrar varios relatos sobre estos 3 personajes que esta expedición vio. El libro no hace mención sobre quienes eran estos 3 hombres blancos con vestidos blancos, ni tampoco hace referencia a sobre si les volvieron a ver, sin embargo los Santos de los Últimos Días conocemos que se dio un poder especial y una misión específica a 3 hombres durante la visita de Jesucristo a América, y que hoy en día esa misión se sigue cumpliendo y así como aquel que pidió en Jerusalén vivir hasta la Segunda Venida del Redentor, dicha fue la petición y misión de estos hombres que han de encargarse de preparar la senda para el día en que del cielo baje Jesucristo totalmente recubierto de gloria y bajo un coro celestial de ángeles con trompetas anunciando su Segunda Venida.
Los Tres Visitantes Misteriosos en la granja de David Whitmer
Era el año 1829. En un pequeño pueblo de Nueva York, una obra sagrada estaba en marcha. José Smith, el joven vidente, junto con su escriba Oliver Cowdery, se encontraban en medio de la traducción del antiguo registro conocido como el Libro de Mormón. Pero la situación en Harmony, Pensilvania, donde se hallaban trabajando, se volvía cada vez más difícil. El hostigamiento de vecinos y opositores aumentaba. Oliver y José sabían que el enemigo intentaría frustrar la obra, y en esos momentos de incertidumbre, se presentó una solución inesperada: David Whitmer, un joven granjero y futuro testigo del Libro de Mormón, había ofrecido su hogar en Fayette, Nueva York, como refugio para que la traducción pudiera continuar sin interrupciones. Sin embargo, había un problema. David tenía compromisos ineludibles en su granja. Debía arar el campo y dejar todo en orden antes de poder viajar a Harmony y llevar a José y Oliver a su hogar. Era una tarea que le tomaría varios días de arduo trabajo, y la obra de la traducción no podía esperar tanto tiempo. Con esta preocupación en mente, David partió hacia el pueblo en busca de herramientas y provisiones. Al regresar al día siguiente, encontró algo completamente inesperado. Las tareas que debían tomarle días habían sido realizadas en su ausencia. El campo estaba arado, el suelo preparado, y todo indicaba que manos trabajadoras habían hecho lo que él aún no había tenido tiempo de comenzar. Perplejo, David corrió a casa y preguntó a su familia: —¿Quién ha hecho todo este trabajo?
Su hermana y otros miembros de la familia respondieron que tres hombres desconocidos habían llegado a la granja que incluso trabajaron toda la noche, sin pronunciar muchas palabras, se pusieron a la obra con dedicación y velocidad inusitada. Araron la tierra, prepararon el terreno y, cuando terminaron, se alejaron sin decir quiénes eran ni a qué habían venido. Nadie en la familia los conocía ni los había visto antes. David quedó asombrado. ¿Quiénes eran estos tres hombres? ¿De dónde habían venido? Y más aún… ¿cómo supieron que su trabajo debía ser hecho con urgencia? Un sentimiento profundo lo invadió. Sabía que la mano del Señor estaba en ello. Esos misteriosos obreros habían sido enviados desde los cielos para asegurar que el Libro de Mormón pudiera completarse. Sin más dudas, David partió de inmediato a buscar a José y Oliver. Sabía que la obra debía continuar sin demora, y que Dios mismo había preparado el camino. A lo largo de su vida, David Whitmer relataría este evento en varias ocasiones, testificando que los tres hombres fueron enviados por el cielo. Algunos creen que podrían haber sido ángeles. Otros sugieren que tal vez fueron los Tres Nefitas, aquellos discípulos del Salvador que fueron transformados para ministrar en la tierra hasta Su Segunda Venida. Lo cierto es que este milagro marcó el destino de la Restauración. Gracias a la intervención divina, la obra no se detuvo, y el Libro de Mormón se completó como el Señor lo había dispuesto.
¿Quiénes eran estos hombres? ¿Quizá los Tres Nefitas? nunca lo sepamos con certeza en esta vida. Pero su visita es un testimonio de que cuando Dios obra, ningún obstáculo puede detener Su voluntad.
Historias de los Tres Nefitas registradas en publicaciones
1. En una publicación de “The Latter-day Saints Millennial Star”, se encuentra la historia de Benjamin Brown: “Como que encontré que se decía que los Tres Nefitas tenían el poder de mostrarse a cualquier persona que quisieran, judíos o gentiles, le pedí al Señor que me permitiera verlos como testigos de la veracidad del Libro de Mormón. Hice un convenio con Él, que si cumplía mi petición, predicaría [el evangelio] incluso a costa de mi vida si fuera necesario.
El Señor escuchó mi súplica y, aproximadamente cinco días después, dos de los Tres [Nefitas] me visitaron en mi habitación. No los vi venir, pero los encontré allí. Quedé mudo ante el hombre que me reprendía. Uno me habló por un momento y me reprendió por mi comportamiento cuando asistí por primera vez a la reunión de los Santos porque había tratado con ligereza el don de lenguas. Me dijo que nunca, mientras viviera, lo hiciera de nuevo, porque había entristecido al Espíritu del Señor, por cuyo poder se había dado ese don. Este personaje habló en el idioma Nefita, sin embargo, pude entender, por el Espíritu que lo acompañaba, cada palabra tan claramente como si las hubiera dicho en [mi idioma]… Quedé mudo ante el hombre que me reprendía, porque sabía que tenía razón y me sentía merecedor de ello. Cómo se fueron estos hombres, no lo sé, pero inmediatamente después de que se retiraron, el Espíritu del Señor me dijo: “¡Ahora lo sabes por ti mismo! ¡Has visto y escuchado! Si ahora te apartas, no habrá perdón para ti”.
2. La experiencia de Joseph Wood fue muy especial, aunque no se le permitió revelar todo lo que escuchó: “Oré durante seis años para tener el privilegio de recibir la visita de uno de [de los Tres Nefitas], si no más. Eso es mucho tiempo, ¿verdad? Normalmente nos cansamos y nos rendimos antes de que suceda, pero mi fe era así de fuerte… En una tarde de invierno, hace 49 años de ese invierno [de 1890], estaba cortando leña en la nieve… cuando vi a un hombre acercarse por la calle. Me dio la impresión de que era uno de los Tres Nefitas, así que lo observé mientras seguía cortando leña… Se acercó a mí y me dijo: ‘Joven, he venido a hablar con usted. Entremos a su casa, tengo algo que mostrarle y que hablar con usted’. No lo había invitado a mi casa, él se dirigió a mi casa y me abrió la puerta… No puedo relatar todo lo que me dijo; los afectaría demasiado. Estuve alrededor de media hora conversando con ese hombre. Habló de nuestros templos. Habló de las perturbaciones que habían surgido en la Iglesia y me hizo entender el hecho de que el Dios Todopoderoso, el Padre Eterno, nunca nos daría nada que superara o excediera el Libro de Mormón. Aquello fue lo más grande que jamás llegó al pueblo de esta dispensación como guía.
Le pregunté con insistencia cuál era su nombre. En ese entonces no sabía que la profecía en el Libro de Mormón decía que nunca se conocerían sus nombres (3 Nefi 28:25). Así que cuando le pregunté cuál era su nombre para saber quién era, no me respondió”.
3. La siguiente historia es bastante asombrosa, porque muestra a uno de los Nefitas haciendo exactamente lo que Moroni había hecho. “En la época del primer establecimiento de Payson, Utah, un hombre… fue enviado a la misión a Alemania, mientras su esposa se quedó en Payson para administrar las tierras bastante aisladas que tenían. Una mañana de invierno… un hombre mayor y alto llamó a su puerta. La señora se sorprendió al ver a un desconocido en esta región escasamente poblada y lo invitó a pasar. Él le dijo que había viajado mucho y tenía mucha hambre. La comida nunca era abundante en esa casa y el hecho de que fuera pleno invierno causaba aún más escasez. Sin embargo, la buena mujer envolvió algo de pan en un viejo paño con un patrón peculiar y se lo ofreció al desconocido. El anciano le agradeció y se fue. La mujer lo siguió hasta la puerta y descubrió que había desaparecido sin dejar ninguna huella en la nieve. Este incidente ocurrió un día antes de Navidad, y ese hecho, junto con lo extraño de toda la situación, hizo que la joven mujer recordara la fecha. Varios años después, un día después de que su esposo retornó, aquella mujer lo ayudó a desempacar sus pertenencias cuando encontró, cuidadosamente doblado en un rincón de su baúl, el mismo pedazo de tela peculiar en el que había envuelto el pan para aquel hombre desconocido. Su esposo le relató lo siguiente: ‘Sucedió un día antes de Navidad… El dinero que se suponía que pagaría mis gastos se había retrasado varios días, estaba solo y sin un centavo en una ciudad desconocida. No había comido en dos días… Al levantar la mirada, vi a un hombre mayor y alto caminando hacia mí. Me aparté para dejarlo pasar, pero me tomó del brazo y sacó un paquete envuelto en este trozo de tela de su bolsillo para luego colocarlo en mi mano. Luego me dijo: ‘Ve a la oficina postal. Ahora mismo tu dinero te espera’. Sin decir otra palabra, se dio la vuelta y desapareció en una esquina cercana… Abrí el paquete y encontré en su interior la mitad de un pan fresco. Más tarde fui a la oficina postal y recibí el dinero, tal como él había dicho”.
Ampliación doctrinal: lo que sabemos con certeza
Tres discípulos escogieron permanecer para llevar almas a Cristo
La afirmación central no depende de tradición posterior: 3 Nefi 28 enseña que tres de los discípulos nefitas desearon permanecer sobre la tierra para llevar almas a Jesucristo hasta Su venida. El Salvador concedió su deseo y prometió que no probarían los dolores de la muerte durante ese ministerio.
Trasfiguración y traslación no son exactamente lo mismo
El relato indica primero una transfiguración temporal, que les permitió contemplar cosas de Dios, y posteriormente describe el cambio asociado con su condición de seres trasladados. Los manuales oficiales distinguen ambos conceptos: la transfiguración es un cambio temporal que permite soportar gloria celestial; la traslación es una condición en la que una persona es cambiada para no experimentar dolor ni muerte hasta su futura resurrección.
No son seres resucitados todavía
3 Nefi 28:38–40 enseña que permanecen en una condición cambiada hasta el día del juicio, cuando recibirán un cambio mayor y serán recibidos en el reino del Padre. Por ello, su estado actual no debe confundirse con la resurrección final e inmortal.
Sus nombres permanecen ocultos
El documento original propone posibles identidades entre Nefi, Timoteo y Jonás. Sin embargo, 3 Nefi 28:25 declara expresamente que Mormón iba a escribir los nombres, pero el Señor se lo prohibió y quedaron ocultos del mundo. Por tanto, ninguna identificación individual puede presentarse doctrinalmente como cierta.
Su ministerio tiene alcance mundial
El texto canónico afirma que ministrarán entre gentiles y judíos, entre las tribus esparcidas de Israel y entre todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. También declara que pueden mostrarse a quienes les parezca conveniente y que efectuarán obras grandes y maravillosas antes del día del juicio.
Satanás no tiene poder sobre ellos
Mormón explica que, después del cambio obrado en sus cuerpos, fueron santificados y que Satanás no puede tentarlos ni ejercer poder sobre ellos. Esto los diferencia de la condición mortal ordinaria y explica por qué pueden continuar su ministerio durante un periodo extraordinariamente largo.
Ministraron a Mormón y a Moroni
El Libro de Mormón no limita su actividad a la generación inmediatamente posterior a Cristo. Mormón declara haberlos visto y haber recibido su ministerio, y Moroni también señala que ellos le ministraron. Es una de las pocas referencias canónicas posteriores que permiten seguir su ministerio más allá de 3 Nefi.
Los relatos posteriores deben distinguirse de la revelación canonizada
Las historias sobre hombres misteriosos vestidos de blanco, ayudas providenciales, visitas a miembros de la Iglesia o posibles apariciones de los Tres Nefitas pueden ser valiosas como historia religiosa o tradición de fe, pero no identifican automáticamente a los protagonistas como los Tres Nefitas. Cuando la fuente no permite establecer esa identidad, lo doctrinalmente responsable es conservar el relato y, al mismo tiempo, mantener abierta la identificación.
La gran enseñanza no es el misterio de sus nombres
El énfasis de 3 Nefi 28 está en el deseo que motivó su petición: traer almas a Cristo. El misterio de quiénes son o dónde se encuentran puede despertar curiosidad, pero el texto inspirado dirige la atención hacia una consagración extraordinaria al ministerio y hacia el gozo prometido a quienes participan en la salvación de los hijos de Dios.
Fuentes oficiales para la ampliación doctrinal
• 3 Nefi 28:1–40; 4 Nefi 1:14; Mormón 8:10–11.
• Doctrina y Convenios 7:1–3 (Juan el Amado).
• Guía para el Estudio de las Escrituras, «Discípulos nefitas, los tres».
• Guía para el Estudio de las Escrituras, «Seres trasladados» y «Transfiguración».
• Manual de Seminario del Libro de Mormón, lección sobre 3 Nefi 28: transfiguración y traslación.


