DIOS FUE HOMBRE UNA VEZ

La enseñanza de la exaltación, el axioma de Lorenzo Snow y su relación con el cristianismo primitivo
La enseñanza de la exaltación, el axioma de Lorenzo Snow y su relación con el cristianismo primitivo

La declaración de José Smith

Una de las enseñanzas más conocidas y, al mismo tiempo, más profundas atribuidas a José Smith acerca de la naturaleza de Dios fue expresada en el discurso de King Follett de 1844. La presentación de origen introduce el tema mediante varias declaraciones que sitúan en el centro la idea de que Dios es un ser exaltado y que el ser humano posee un potencial divino.

“Dios mismo fue una vez como nosotros ahora; es un hombre exaltado y se sienta entronizado en los cielos allá arriba. Ese es el gran secreto.”
Discurso de King Follett, 1844

“Si el velo se rasgara hoy, y si ustedes vieran al Padre, se darían cuenta de que él es un hombre a la manera del hombre.”

“Me voy a esforzar por demostrar la idea de que Dios, quien se sienta en los cielos, fue una vez como uno de nosotros, sí, que ese Dios eterno, que creó los cielos y la tierra, fue una vez un hombre y habitó en la tierra como lo hace Jesús.”

“Aquí, pues, está la vida eterna: conocer al único sabio y verdadero Dios; y ustedes tienen que aprender a ser dioses ustedes mismos, y a ser reyes y sacerdotes de Dios, lo mismo que lo han hecho todos los dioses antes que ustedes.”

La presentación vincula estas enseñanzas con el conocido axioma de Lorenzo Snow, fechado allí en 1840, durante su estancia en Inglaterra:

“Subiendo grado por grado, de una pequeña capacidad a una mayor, de gracia en gracia, de exaltación en exaltación, hasta que lleguen a la resurrección de los muertos, y sean capaces de morar en gloria eterna, como lo hace Dios.”

El axioma de Lorenzo Snow

“Así como el hombre es, Dios una vez fue; así como Dios es, el hombre puede llegar a ser.”
Axioma de Lorenzo Snow

¿Qué significa este axioma? La primera parte —“Así como el hombre es, Dios una vez fue”— se presenta como la enseñanza de que Dios Padre vivió una vez una experiencia mortal como la nuestra. Según la explicación contenida en el material, Él no habría sido siempre Dios en el sentido descrito allí, sino que habría pasado por un proceso de progreso y exaltación.

La segunda parte —“Así como Dios es, el hombre puede llegar a ser”— declara que nosotros, como hijos de Dios, tenemos el potencial de llegar a ser como Él si seguimos el plan de salvación, aceptamos a Jesucristo y perseveramos fielmente.

Voces del cristianismo primitivo

El material relaciona la doctrina del potencial divino del ser humano con expresiones atribuidas a diversos autores del cristianismo antiguo. Estas referencias se presentan como antecedentes de la idea de divinización o deificación.

Ireneo de Lyon (130–202 d. C.)

Obra citada: Contra las Herejías (Adversus Haereses), Libro V.

“Si el Verbo se hizo hombre, fue para que los hombres pudieran llegar a ser dioses.”

Clemente de Alejandría (c. 150–215 d. C.)

Obra citada: Stromata (Misceláneas), Libro 7, capítulo 10.

“El que obedece los mandamientos del Señor y vive según el Evangelio, llega a ser un Dios.”

La presentación añade que Clemente enseñaba que el proceso de perfección cristiana llevaba a la divinización del alma.

Justino Mártir (c. 100–165 d. C.)

Obra citada: Diálogo con Trifón, capítulo 124.

“Todos los que son obedientes a su voluntad, son contados dignos de llegar a ser Dioses, y recibir la herencia incorruptible y eterna.”

El material señala que Justino fue uno de los primeros apologistas cristianos y conecta esta doctrina con la resurrección y la exaltación.

Orígenes de Alejandría (c. 185–253 d. C.)

Obra citada: Sobre los Principios, Libro 3, capítulo 6.

“El alma, al seguir a Cristo, es elevada y perfeccionada hasta llegar a ser Dios.”

Se añade que, aunque algunas de sus ideas fueron posteriormente condenadas por ciertos concilios, Orígenes fue uno de los teólogos más influyentes del cristianismo primitivo.

Hermas (siglos I y II)

Obra citada: El Pastor de Hermas.

“Los que sufren por el nombre del Hijo de Dios, se volverán como ángeles y como dioses.”

La presentación afirma que esta obra era tan respetada en el cristianismo temprano que, en ocasiones, se leía en las iglesias como si fuera Escritura.

Muchas verdades se perdieron

A partir de estas referencias, la presentación introduce la afirmación de que muchas verdades se perdieron y dirige la atención al Concilio de Nicea y a los debates doctrinales que se desarrollaron en el cristianismo de los primeros siglos.

¿Qué fue el Concilio de Nicea?

El Concilio de Nicea fue una asamblea de obispos cristianos convocada por el emperador romano Constantino en el año 325 d. C., en la ciudad de Nicea, actual İznik, Turquía. El material lo describe como el primer concilio de la Iglesia cristiana organizado por el Imperio y señala que su objetivo era resolver disputas doctrinales que estaban dividiendo al cristianismo primitivo, especialmente en cuanto a la naturaleza de Jesucristo y su relación con Dios el Padre.

¿Qué pasó en ese concilio?

La presentación denomina a la principal controversia «la gran disputa: Cristo y el Padre» y la resume mediante dos posiciones. Arrio, presbítero de Alejandría, sostenía que Jesucristo era un ser creado, distinto del Padre y subordinado a Él. Atanasio, por su parte, defendía que Cristo era coeterno y consustancial con el Padre, es decir, de la misma «sustancia».

¿Cuál fue el resultado del concilio?

Según el material de origen, bajo la presión del emperador romano Constantino, quien buscaba unidad política y religiosa, se adoptó oficialmente la doctrina de la Trinidad conforme a la fórmula atribuida allí a Atanasio: Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo son tres personas distintas, pero de una misma esencia, consustanciales, inseparables e iguales.

¿Se perdieron verdades en el Concilio de Nicea?

La presentación atribuye al élder James E. Talmage, en su libro Jesús el Cristo, una explicación según la cual el Concilio de Nicea y otros concilios posteriores evidenciaban la apostasía. El argumento se desarrolla en cuatro puntos:

1. La Iglesia primitiva ya no estaba guiada por profetas ni apóstoles.

2. La autoridad del sacerdocio se había perdido, y los líderes debatían por votación y filosofía, no por revelación.

3. Se utilizó lenguaje filosófico griego y no revelado para describir a Dios.

4. Se distorsionó la naturaleza real de Dios y de Jesucristo, ocultando que son dos seres distintos y que el hombre puede llegar a ser como Dios.

“Las decisiones del Concilio de Nicea y otros concilios no fueron manifestaciones de revelación divina, sino decretos de hombres sin autoridad.”
Atribuido en la presentación a James E. Talmage, Jesús el Cristo, capítulo 4

¿Qué verdades se distorsionaron?

La presentación enumera cuatro doctrinas que, según su planteamiento, fueron distorsionadas:

La verdadera naturaleza de Dios. Se reemplazó la doctrina de un Dios con cuerpo y forma —como el material afirma que enseñaron Jesús y los apóstoles— por una deidad abstracta, incorpórea, sin partes ni pasiones.

La distinción entre el Padre y el Hijo. Según el texto, ambos fueron fundidos en una trinidad filosófica que niega su individualidad corporal.

La doctrina del potencial divino del hombre. El material sostiene que fue eliminada y que la idea de que los seres humanos pueden llegar a ser como Dios fue condenada como herejía.

La necesidad de profetas vivos y revelación continua. Según la presentación, se abandonó la expectativa de guía divina continua y la Iglesia pasó a ser gobernada por concilios políticos y eclesiásticos.

La presentación original repite íntegramente estos mismos cuatro puntos en una segunda diapositiva consecutiva, reforzando la misma idea: naturaleza de Dios, distinción entre el Padre y el Hijo, potencial divino del hombre y necesidad de profetas vivos y revelación continua.

Enseñanzas posteriores de líderes Santos de los Últimos Días

Brigham Young

La presentación cita un discurso publicado en Journal of Discourses en 1859:

“Él [Dios] es nuestro Padre, el Padre de nuestros espíritus, y fue una vez un hombre en carne mortal como nosotros, y ahora es un ser exaltado.”
Journal of Discourses, 1859

Orson Pratt

Se cita un artículo publicado en The Seer en 1853:

“Los Dioses que habitan en los cielos fueron redimidos de la tumba en un mundo que existió antes de que se establecieran los cimientos de esta tierra. Ellos y el cuerpo celestial que ahora habitan estuvieron una vez en un estado caído, fueron exaltados también, de hombres caídos a Dioses Celestiales para habitar en su cielo por los siglos de los siglos.”
The Seer, 1853

Melvin J. Ballard

La presentación recoge la siguiente declaración de un discurso de la Conferencia General de 1921:

“Es una verdad mormona que está vigente entre nosotros y todos la aceptamos, que como el hombre es, Dios una vez fue; y como Dios es, el hombre puede llegar a ser.”
Conferencia General, 1921

Milton R. Hunter

Del libro The Gospel Through the Ages, publicado en 1945, se incluye esta declaración:

“Los profetas mormones han enseñado continuamente la sublime verdad de que Dios el Padre Eterno fue una vez un hombre mortal que pasó por una escuela de vida terrenal similar a la que estamos pasando ahora.”
The Gospel Through the Ages, 1945

Spencer W. Kimball

Finalmente, la presentación cita el discurso «Nuestro Gran Potencial», de 1977:

“Recordamos las numerosas escrituras que, concentradas en una sola línea, fueron expresadas por un antiguo profeta, Lorenzo Snow: Como el hombre es, Dios una vez fue; como Dios es, el hombre puede llegar a ser.”
«Nuestro Gran Potencial», 1977

Conclusión

El conjunto del material presenta una línea doctrinal que parte de las enseñanzas atribuidas a José Smith en el discurso de King Follett, pasa por el axioma de Lorenzo Snow, busca antecedentes en autores del cristianismo primitivo, interpreta el Concilio de Nicea desde la perspectiva de la apostasía y concluye mostrando declaraciones de líderes Santos de los Últimos Días que reiteraron la idea de que Dios es un ser exaltado y que el ser humano posee un potencial de exaltación. La tesis central de la presentación puede resumirse sin reducir su contenido: conocer la naturaleza de Dios está íntimamente relacionado con comprender el destino eterno del ser humano. En este marco doctrinal, la exaltación no se presenta como una afirmación aislada, sino como un proceso de progreso «grado por grado», de gracia en gracia y de exaltación en exaltación, centrado en Jesucristo y en la posibilidad de llegar a ser como Dios.

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