Una reconstrucción histórica detallada a partir de fuentes oficiales de la Iglesia, documentos históricos y estudios especializados
Una advertencia al lector
Mountain Meadows no admite una narración cómoda. El 11 de septiembre de 1857, en una pradera montañosa del sur del Territorio de Utah, aproximadamente 120 emigrantes —hombres, mujeres y niños— fueron asesinados después de varios días de asedio. Los autores materiales incluyeron entre cincuenta y sesenta milicianos locales, todos ellos Santos de los Últimos Días, auxiliados por indígenas que habían sido reclutados para participar. Diecisiete niños pequeños fueron preservados, aparentemente porque se consideró que eran demasiado pequeños para relatar lo ocurrido.
La propia Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días denomina hoy el acontecimiento “quizás el episodio más trágico de la historia de la Iglesia” y lo califica como una matanza deliberada. En 2007, el presidente Henry B. Eyring declaró en nombre de la Iglesia que lo ocurrido constituyó una “terrible e inexcusable” desviación de la enseñanza y la conducta cristianas.
Este artículo no pretende absolver a quienes participaron ni trasladar la responsabilidad a las víctimas. Tampoco pretende atribuir a Brigham Young una orden que las fuentes disponibles no demuestran que haya dado. La documentación examinada por historiadores de la Iglesia y por investigadores académicos conduce a una conclusión esencial: Brigham Young no ordenó la masacre; cuando se le pidió orientación, su respuesta escrita fue que no se interfiriera con las caravanas y que, si los emigrantes partían, se les dejara ir en paz. La tragedia es que aquella respuesta llegó a Cedar City el 13 de septiembre, dos días después de la matanza.
1857: Utah se preparaba para una guerra
Para comprender el clima en el que ocurrió la masacre hay que regresar al verano de 1857. Las relaciones entre el gobierno federal de los Estados Unidos y los dirigentes del Territorio de Utah se habían deteriorado. El presidente James Buchanan decidió enviar tropas federales hacia Utah y reemplazar a Brigham Young como gobernador territorial.
El 24 de julio de 1857, mientras los santos celebraban el décimo aniversario de su llegada al Valle del Lago Salado, Brigham Young recibió confirmación de que un ejército se dirigía al territorio. Los recuerdos de Misuri e Illinois —expulsiones, violencia, confiscación de propiedades y el asesinato de José y Hyrum Smith— seguían vivos. Muchos habitantes interpretaron la llegada de las tropas como la posibilidad de una nueva persecución.
Se adoptaron medidas de guerra. Se aconsejó conservar grano y provisiones. Se preparó la milicia territorial, conocida como la Legión de Nauvoo. Brigham Young y otros líderes pronunciaron discursos intensos sobre la defensa del territorio. La Iglesia reconoce actualmente que la retórica desmedida de algunos dirigentes, entre ellos Brigham Young y George A. Smith, contribuyó a un clima de hostilidad hacia los forasteros, aunque ese hecho no equivale a una orden para matar a la compañía de emigrantes.
Al mismo tiempo, Utah atravesaba el periodo conocido como la Reforma de los Santos de los Últimos Días, una campaña de arrepentimiento y renovación religiosa caracterizada en ocasiones por un lenguaje extremadamente severo. Guerra, memoria de persecuciones, fervor religioso y aislamiento fronterizo se combinaron de una manera peligrosa.
La caravana de Arkansas
Durante aquel verano, una numerosa compañía de emigrantes atravesó Utah camino de California. Las fuentes suelen llamarla compañía Baker-Fancher o Fancher-Baker. La mayoría de sus integrantes procedía de Arkansas. Alexander Fancher fue uno de sus principales capitanes y la compañía incluía familias enteras, ganado, caballos, carromatos y bienes acumulados para comenzar una nueva vida en el oeste.
Alrededor de 140 personas formaban el grupo cuando llegó al sur de Utah. Su viaje coincidió con el momento menos favorable posible: las comunidades del territorio estaban almacenando alimentos ante la posibilidad de una guerra y desconfiaban profundamente de los desconocidos.
Las fuentes registran discusiones entre algunos emigrantes y habitantes locales, especialmente sobre el pastoreo del ganado y la imposibilidad de comprar grano y provisiones en las cantidades deseadas. También circularon historias según las cuales algunos emigrantes habían hecho amenazas, se habían jactado de participar en anteriores persecuciones contra los santos o habían amenazado con unirse al ejército federal. La investigación histórica moderna advierte que muchas de estas historias fueron transmitidas después de la masacre y no todas pueden comprobarse.
La conclusión moral, sin embargo, no depende de resolver cada una de esas acusaciones. La Iglesia ha declarado expresamente que nada de lo que supuestamente dijeron o hicieron los emigrantes, incluso suponiendo que todas las acusaciones fueran ciertas, se acercaba a justificar sus muertes.
3 de Septiembre: el conflicto en Cedar City
El jueves 3 de septiembre de 1857 la compañía pasó por Cedar City. Allí se produjeron enfrentamientos verbales con habitantes de la localidad. Algunos funcionarios quisieron detener a integrantes de la caravana, pero estos se negaron a someterse al arresto y continuaron hacia el sur.
Cedar City no era simplemente una congregación religiosa. En la frontera de Utah, las mismas personas podían desempeñar simultáneamente funciones eclesiásticas, civiles y militares. Isaac C. Haight era presidente de la Estaca de Cedar City y también mayor de la milicia. William H. Dame, establecido en Parowan, era presidente de estaca y coronel, comandante del distrito militar. John D. Lee era mayor de la milicia y figura prominente en los asentamientos del sur. Philip Klingensmith era obispo y también estaba relacionado con la milicia. John M. Higbee era otro oficial importante.
Esa superposición de autoridad sería decisiva. Una decisión tomada por un dirigente local podía ser percibida a la vez como consejo religioso, instrucción cívica y orden militar.
4 de Septiembre: William Dame dice que no
Después del enfrentamiento en Cedar City, los dirigentes locales solicitaron autorización a William H. Dame, comandante del distrito militar en Parowan, para movilizar a la milicia contra los emigrantes.
La respuesta inicial de Dame fue negativa. El 4 de septiembre indicó a los dirigentes de Cedar City que no actuaran contra la compañía.
Sin embargo, Isaac C. Haight y otros comenzaron a formular otro plan: conseguir que indígenas de la región atacaran la caravana de modo que la violencia pareciera exclusivamente una acción indígena. Haight recurrió a John D. Lee, quien tenía relaciones extensas con grupos indígenas debido a sus responsabilidades locales.
Aquí se produjo una de las decisiones que transformaron un conflicto local en una conspiración.
6 de Septiembre: el consejo que se opuso al ataque
El domingo 6 de septiembre, Haight presentó el plan ante un consejo de líderes locales en Cedar City. La propuesta encontró una oposición considerable. Algunos hombres quedaron sorprendidos y rechazaron la idea de atacar.
Laban Morrill, integrante del sumo consejo, se encuentra entre quienes aparecen en los relatos como opositores a una acción violenta. El debate terminó con una decisión prudente: no debía procederse sin consultar a Brigham Young.
Se acordó enviar un mensajero expreso a Salt Lake City.
El elegido fue James Haslam.
Ese acuerdo es fundamental para comprender la responsabilidad histórica. Los líderes de Cedar City sabían que existía una autoridad superior a la que podían consultar. Habían decidido consultarla. El problema fue que, antes de recibir la respuesta, otros hombres ya habían puesto en marcha el ataque.
7 de Septiembre: comienza el ataque
El lunes 7 de septiembre, en Mountain Meadows, John D. Lee y un grupo de indígenas atacaron el campamento de los emigrantes. Las fuentes oficiales de la Iglesia señalan que Lee y otros dirigentes locales habían prometido recompensar con botín a indígenas que participaran.
Los emigrantes reaccionaron con rapidez. Cerraron sus carromatos formando una defensa circular, cavaron posiciones y respondieron con armas de fuego. El ataque inicial no destruyó a la compañía. Hubo muertos y heridos entre los emigrantes y al menos un indígena murió.
Aquello creó un problema para los conspiradores. El ataque debía parecer obra exclusiva de indígenas. Sin embargo, dos emigrantes que se encontraban fuera del corral de carromatos fueron atacados por milicianos blancos. Uno murió y otro logró escapar y regresar al campamento.
Ahora los emigrantes sabían que hombres blancos de los asentamientos estaban implicados.
Ese conocimiento modificó de manera siniestra los cálculos de algunos dirigentes locales. Si los sobrevivientes llegaban a California, podían denunciar que colonos Santos de los Últimos Días habían participado en el ataque.
James Haslam cabalga hacia Salt Lake City
Ese mismo 7 de septiembre, James Haslam salió de Cedar City con una carta de Isaac Haight para Brigham Young. La distancia hasta Salt Lake City era de aproximadamente 250 millas, unos 400 kilómetros. Haslam debía recorrerla a caballo con enorme rapidez.
La carta de Haight no revelaba completamente la participación de los colonos en el ataque. Presentaba la situación principalmente como un conflicto entre indígenas y emigrantes y solicitaba orientación.
Mientras Haslam cabalgaba hacia el norte, en Mountain Meadows el asedio continuaba. Los emigrantes tenían muertos y heridos, sufrían escasez de agua y no sabían con certeza quiénes eran sus enemigos. Intentos de algunos hombres por escapar y buscar ayuda terminaron con nuevas muertes.
8 y 9 de Septiembre: la decisión se oscurece
El martes 8 de septiembre hubo nuevos ataques. Los emigrantes continuaron resistiendo.
El miércoles 9, Isaac Haight viajó a Parowan para hablar personalmente con William Dame. El consejo de Parowan determinó que la compañía debía ser dejada en paz. Sin embargo, según la cronología utilizada por la Iglesia, Haight presionó después a Dame en privado y obtuvo autorización para movilizar la milicia contra los emigrantes sitiados.
La documentación posterior es compleja y, en algunos puntos, contradictoria acerca de quién tomó exactamente cada decisión y cuándo. Esto exige prudencia. Los historiadores han advertido que testimonios tardíos, declaraciones judiciales, memorias interesadas y esfuerzos de encubrimiento dificultan reconstruir cada conversación.
Lo que sí puede establecerse es que, para el 10 de septiembre, líderes locales habían decidido que los emigrantes que pudieran identificar la participación de colonos no debían salir vivos de Mountain Meadows.
10 de Septiembre: Brigham Young recibe el mensaje
James Haslam llegó a Salt Lake City el jueves 10 de septiembre después de recorrer unas 250 millas en aproximadamente tres días y casi sin dormir.
Brigham Young recibió el mensaje de Haight. Comprendió que la respuesta debía regresar con urgencia y preguntó a Haslam si era capaz de volver a Cedar City. Haslam respondió que sí.
Brigham le permitió descansar brevemente y escribió su respuesta. El contenido de esa carta es uno de los documentos más importantes de toda la controversia de Mountain Meadows.
Young indicó que las caravanas de emigrantes no debían ser interferidas. Escribió que los dirigentes locales no debían “entrometerse” con ellas y que, si los emigrantes que se encontraban en el sur se marchaban, debían dejarlos “ir en paz”. También pidió paciencia y recordó que Dios gobernaba.
Después entregó la carta a Haslam. Según el testimonio posterior del mensajero, Brigham lo acompañó hasta donde estaba su caballo y le pidió que cabalgara con toda la rapidez posible.
La orden de Brigham Young, por tanto, no fue exterminar a la compañía. Fue no interferir con ella y permitir que se marchara en paz.
Pero en Cedar City ya se había tomado otra decisión
Mientras Brigham escribía su respuesta en Salt Lake City, aproximadamente una quinta parte de la milicia de Cedar City se dirigía hacia Mountain Meadows.
Los líderes implicados enfrentaban ahora el resultado de su propia conspiración. Los emigrantes sabían que había hombres blancos entre sus atacantes. Si sobrevivían, podían denunciar a los responsables.
En vez de detener el crimen inicial y asumir sus consecuencias, algunos dirigentes decidieron ocultarlo mediante un crimen mucho mayor.
La orden fue matar a los emigrantes, preservando únicamente a los niños pequeños considerados demasiado jóvenes para poder contar lo sucedido.
El plan requería engaño. Después de días de asedio, los emigrantes difícilmente abandonarían voluntariamente sus defensas ante quienes los habían atacado. Era necesario convencerlos de que la milicia había llegado para salvarlos.
11 de Septiembre: la falsa bandera de tregua
El viernes 11 de septiembre, John D. Lee se acercó al campamento bajo una bandera blanca. Se presentó como intermediario capaz de rescatar a los emigrantes de los indígenas que supuestamente los rodeaban.
La propuesta era desesperada: los emigrantes debían entregar sus armas y abandonar buena parte de sus posesiones. A cambio, la milicia los escoltaría de regreso hacia Cedar City y los protegería.
Después de varios días de asedio, con heridos, escasez de agua y municiones menguantes, la compañía aceptó.
Los niños más pequeños y algunos heridos fueron colocados en carromatos. Las mujeres y los niños mayores caminaron detrás. Más atrás avanzaron los hombres y muchachos mayores, cada uno acompañado por un miliciano armado.
La formación no era accidental. Separaba a las familias y colocaba a los hombres en una posición en la que podían ser asesinados casi simultáneamente.
La señal
La columna avanzó aproximadamente una milla o algo más desde el campamento. El terreno y la vegetación permitieron que los distintos grupos quedaran parcialmente separados.
Entonces llegó la señal acordada.
En los relatos históricos aparece la orden “Do your duty” —“cumplan con su deber”— asociada con el comienzo del ataque final. John M. Higbee ha sido identificado en varias reconstrucciones como el oficial que transmitió la señal.
Los milicianos se volvieron contra los hombres que caminaban a su lado y dispararon a corta distancia. Al mismo tiempo, otros atacantes se abalanzaron sobre las mujeres y los niños mayores.
La matanza fue rápida.
Nephi Johnson, participante que habló décadas después, sostuvo que los milicianos blancos realizaron la mayor parte de los asesinatos. Las fuentes también registran participación indígena, pero la magnitud exacta y la identidad de todos los indígenas involucrados son asuntos históricamente difíciles y han sido distorsionados durante mucho tiempo por los esfuerzos iniciales de culpar exclusivamente a los paiutes.
Las víctimas y los diecisiete niños
Aproximadamente 120 personas murieron entre el ataque inicial y la matanza final. Eran hombres, mujeres y niños que viajaban hacia California.
Diecisiete niños pequeños sobrevivieron. La explicación repetida en las fuentes es escalofriante: se consideró que eran demasiado pequeños para relatar lo ocurrido.
Los niños fueron distribuidos temporalmente entre familias locales. En 1859, funcionarios federales los recuperaron y los devolvieron a familiares en Arkansas.
No debe olvidarse que detrás de la cifra de 120 existían familias concretas. Mountain Meadows no fue únicamente una crisis institucional en la historia de Utah. Fue la destrucción de una comunidad de viajeros y una tragedia que continuó en la vida de sus descendientes.
13 de Septiembre: «demasiado tarde»
James Haslam cabalgó hacia el sur llevando la respuesta de Brigham Young.
Llegó a Cedar City el domingo 13 de septiembre.
La masacre había ocurrido dos días antes.
Cuando Isaac Haight leyó la carta de Brigham, según el testimonio conservado, comenzó a llorar y solo pudo decir: “Demasiado tarde, demasiado tarde”.
La frase resume una de las dimensiones más terribles del episodio. Los líderes locales habían tenido la oportunidad de esperar. Su propio consejo había decidido consultar a Brigham Young. Un mensajero había cabalgado cientos de kilómetros para obtener instrucciones.
La respuesta llegó.
Decía que no se interfiriera con los emigrantes.
Decía que se les dejara ir en paz.
Pero quienes habían puesto en marcha la violencia no esperaron.
William Dame contempla el lugar
Después de la masacre, William H. Dame visitó Mountain Meadows acompañado por Isaac Haight y John D. Lee. Los signos de la matanza todavía estaban allí y algunos hombres trabajaban en entierros superficiales.
El relato preservado en Santos muestra a Dame conmocionado por la cantidad de mujeres y niños muertos. Dijo que no había pensado que fueran tantos.
Haight reaccionó recordándole que las acciones se habían realizado bajo órdenes y que Dame no podía simplemente apartarse de la responsabilidad.
El intercambio ilustra el caos moral y administrativo posterior: hombres que habían participado en una cadena de decisiones comenzaron inmediatamente a discutir quién había autorizado qué y hasta dónde llegaba la responsabilidad de cada uno.
El encubrimiento
Después del crimen vino el encubrimiento.
Philip Klingensmith e Isaac Haight instruyeron a los milicianos para que guardaran secreto. La explicación pública inicial culpó a los indígenas. John D. Lee presentó posteriormente a Brigham Young una versión que minimizaba o escondía la participación de los colonos.
Durante años, la atribución exclusiva a los paiutes contaminó la memoria histórica y causó una injusticia adicional. La investigación moderna reconoce claramente que milicianos Santos de los Últimos Días planearon y ejecutaron la masacre y que reclutaron a indígenas para participar.
Esto no elimina la participación de algunos indígenas, pero impide utilizar a todo un pueblo como chivo expiatorio de un crimen dirigido en gran medida por autoridades locales blancas.
¿Brigham Young ordenó la masacre?
Esta es la pregunta que ha dominado buena parte de la controversia histórica.
La investigación realizada por Ronald W. Walker, Richard E. Turley Jr. y Glen M. Leonard para Massacre at Mountain Meadows tuvo acceso a los materiales relevantes conservados por la Iglesia y a extensos archivos de todo Estados Unidos. Su conclusión, recogida actualmente por la Iglesia, es que Brigham Young no ordenó la masacre.
Esto no significa que su liderazgo quede fuera de todo análisis. La Iglesia reconoce que la retórica hostil de Brigham Young, George A. Smith y otros dirigentes durante el periodo de guerra contribuyó a un ambiente de miedo y sospecha. Los historiadores también estudian sus políticas hacia los indígenas, la movilización militar y la manera en que el sur de Utah interpretó el peligro federal.
Pero existe una diferencia fundamental entre contribuir a un clima y ordenar un asesinato específico.
Cuando Haight finalmente pidió instrucciones, la respuesta escrita de Brigham fue explícita: no interferir con las caravanas y dejar que los emigrantes se fueran en paz.
La respuesta llegó tarde porque los líderes locales decidieron actuar antes de recibirla.
Lo que Brigham sabía después
Brigham Young y otros dirigentes de Salt Lake City supieron pronto que había ocurrido una matanza, pero las fuentes oficiales señalan que conocieron gradualmente la verdadera magnitud de la participación de los colonos y los detalles del crimen.
John D. Lee habló con Brigham el 29 de septiembre de 1857 y presentó una versión que atribuía la responsabilidad principalmente a los indígenas. Los esfuerzos de encubrimiento dificultaron la comprensión inmediata.
En 1859, Isaac Haight y otros dirigentes implicados fueron relevados de cargos eclesiásticos. En 1870, Haight y John D. Lee fueron excomulgados.
El retraso en la rendición de cuentas sigue siendo parte legítima del análisis histórico. Durante casi dos décadas ningún participante fue condenado penalmente por la matanza.
Investigaciones, acusaciones y juicios
Las primeras investigaciones federales comenzaron poco después, pero el aislamiento geográfico, las tensiones entre autoridades federales y territoriales y la Guerra de Utah dificultaron el proceso.
En 1859, Jacob Forney, superintendente de asuntos indígenas, participó en la recuperación de los niños sobrevivientes. El mayor James Henry Carleton investigó el lugar y produjo un informe influyente, aunque los historiadores modernos advierten que ese y otros documentos tempranos contienen problemas de fiabilidad.
En 1874, un gran jurado territorial acusó a nueve hombres: John D. Lee, Samuel Jewkes, William H. Dame, Elliott Willden, Isaac C. Haight, George Adair, Philip Klingensmith, John M. Higbee y William C. Stewart.
Cinco fueron arrestados en algún momento, pero solo John D. Lee fue llevado finalmente a juicio por el crimen. Su primer juicio, en 1875, terminó sin veredicto. Fue juzgado nuevamente en 1876, declarado culpable de asesinato y condenado a muerte.
El 23 de marzo de 1877, John D. Lee fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en Mountain Meadows, cerca del escenario de la masacre.
John D. Lee: responsable, pero no el único
La ejecución de Lee produjo durante mucho tiempo una simplificación peligrosa: la idea de que Mountain Meadows fue esencialmente el crimen de un solo hombre.
No lo fue.
Lee desempeñó un papel central. Participó en el ataque inicial, actuó como negociador bajo la falsa bandera de tregua y estuvo presente en la matanza. Pero las fuentes demuestran una red de decisiones en la que participaron diversos dirigentes y milicianos.
Isaac C. Haight fue una figura central en Cedar City. William H. Dame ocupaba el mando militar superior del distrito. John M. Higbee estuvo relacionado con las órdenes del ataque final. Philip Klingensmith participó y posteriormente declaró para la fiscalía. Nephi Johnson dejó recuerdos importantes sobre la matanza. Muchos otros milicianos ejecutaron físicamente el plan.
La responsabilidad histórica no puede concentrarse artificialmente en Lee para proteger a los demás.
Las fuentes: por qué hay que leerlas con cuidado
Mountain Meadows produjo una enorme cantidad de testimonios, memorias, confesiones, declaraciones judiciales, informes militares, artículos periodísticos y relatos familiares. Pero cantidad no significa uniformidad.
Los historiadores Richard E. Turley Jr. y otros han advertido sobre graves problemas en fuentes fundamentales: recuerdos escritos décadas después, declaraciones de acusados que intentaban reducir su propia responsabilidad, testimonios jurídicos con objetivos procesales, versiones sensacionalistas y relatos construidos durante el encubrimiento.
Por eso este artículo no trata cada frase tardía como si fuera un acta contemporánea. Cuando las fuentes discrepan sobre quién dio una orden específica o sobre qué participante mató a determinada persona, es preferible reconocer la incertidumbre.
Hay, sin embargo, hechos centrales sólidamente establecidos: la compañía fue atacada; milicianos locales estuvieron implicados desde el comienzo; los emigrantes descubrieron la participación blanca; líderes locales decidieron eliminar a los testigos; se utilizó una falsa tregua; aproximadamente 120 personas fueron asesinadas; diecisiete niños pequeños sobrevivieron; se intentó culpar a los paiutes; y la respuesta escrita de Brigham Young ordenando no interferir y dejar partir a los emigrantes llegó después de la masacre.
La posición actual de la iglesia
En el 150.º aniversario de la masacre, el 11 de septiembre de 2007, el presidente Henry B. Eyring, entonces miembro de la Primera Presidencia, expresó profundo pesar por lo ocurrido y por el sufrimiento causado a las víctimas y sus descendientes.
Declaró que la responsabilidad correspondía a líderes locales de la Iglesia en la región de Mountain Meadows que también ocupaban cargos civiles y militares, así como a miembros que actuaron bajo su dirección.
También expresó pesar por la injusticia cometida contra el pueblo paiute, que durante demasiado tiempo cargó con la responsabilidad principal en narraciones que buscaban ocultar la participación de los colonos.
La declaración no presenta la masacre como una acción justificable en el contexto de la guerra. La condena es inequívoca: el asesinato a sangre fría de hombres, mujeres y niños contradice el evangelio de Jesucristo.
Memoria, reconciliación y monumentos
Con el paso del tiempo, descendientes de víctimas, descendientes de participantes, representantes paiutes, residentes locales y líderes de la Iglesia han trabajado en proyectos de memoria y reconciliación.
En 1990 se dedicó un monumento en Mountain Meadows. En 1999, el presidente Gordon B. Hinckley participó en la dedicación de otro monumento y trabajó con descendientes de las víctimas. La Iglesia ha cooperado en la conservación del sitio y en investigaciones históricas.
Uno de los cambios más importantes ha sido historiográfico: dejar atrás versiones defensivas que reducían el crimen a un ataque indígena y reconocer de manera abierta la responsabilidad de milicianos y dirigentes locales Santos de los Últimos Días.
La memoria honesta no exige negar la fe. Exige reconocer lo ocurrido.
La carta que debe estar en el centro de la historia
En cualquier reconstrucción responsable de Mountain Meadows hay un documento que no puede omitirse: la carta de Brigham Young del 10 de septiembre de 1857.
No porque elimine todas las preguntas sobre el ambiente político y religioso de Utah, sino porque responde directamente a la acusación específica de que Brigham ordenó matar a la compañía.
Su instrucción fue lo contrario.
No interferir.
No entrometerse.
Preservar la paciencia.
Y si los emigrantes partían, dejarlos ir en paz.
James Haslam salió de Salt Lake City llevando esas palabras hacia Cedar City.
Mientras cabalgaba, hombres del sur de Utah ya preparaban el engaño final.
Cuando la carta llegó, los adultos y niños mayores de la compañía Baker-Fancher llevaban dos días muertos.
Isaac Haight la leyó y lloró.
“Demasiado tarde”.
La tragedia de Mountain Meadows no fue que desde Salt Lake City llegara una orden de matar. Fue que, cuando llegó una orden de paz, quienes habían iniciado la violencia ya habían decidido no esperar.
Conclusión: contarlo todo
La Masacre de Mountain Meadows debe contarse sin propaganda en ninguna dirección.
Debe decirse que milicianos Santos de los Últimos Días participaron directamente y que dirigentes locales organizaron una matanza deliberada. Debe decirse que se reclutó a indígenas, que luego se intentó culparlos, que se utilizó una falsa bandera de tregua y que aproximadamente 120 personas fueron asesinadas. Debe decirse que diecisiete niños fueron preservados porque eran demasiado pequeños para contar lo ocurrido. Debe decirse que hubo encubrimiento y que la justicia tardó años.
También debe decirse que las fuentes históricas disponibles no sostienen que Brigham Young ordenara la masacre. Su respuesta escrita a Isaac Haight fue permitir que la compañía se marchara en paz. La carta llegó el 13 de septiembre. La matanza había ocurrido el 11.
Y debe decirse algo todavía más importante: explicar el miedo, la Guerra de Utah, la Reforma, los discursos incendiarios y las amenazas reales o imaginadas no equivale a justificar el asesinato.
La historia puede explicar cómo hombres que antes habían llevado vidas ordinarias llegaron a cometer un crimen extraordinario. Pero comprender las circunstancias no convierte el crimen en algo aceptable.
Mountain Meadows sigue siendo una advertencia sobre lo que puede ocurrir cuando el miedo se convierte en odio, cuando la autoridad local deja de aceptar límites, cuando un primer crimen conduce a otro para ocultarlo y cuando seres humanos comienzan a considerar que proteger a su comunidad justifica destruir a otra.
La orden que llegó tarde decía: déjenlos ir en paz.
Ellos no lo hicieron.
Y por eso Mountain Meadows permanece como una de las páginas más dolorosas de la historia de los Santos de los Últimos Días.
Cronología esencial
24 de julio de 1857: Brigham Young recibe confirmación de que tropas federales marchan hacia Utah.
3 de septiembre: La compañía de Arkansas pasa por Cedar City; ocurren enfrentamientos con residentes.
4 de septiembre: William H. Dame instruye inicialmente que no se actúe contra los emigrantes.
6 de septiembre: El consejo de Cedar City se opone al ataque y acuerda consultar a Brigham Young.
7 de septiembre: Comienza el ataque en Mountain Meadows; James Haslam sale hacia Salt Lake City.
8 de septiembre: Continúan los ataques y el asedio.
9 de septiembre: Haight se reúne con Dame en Parowan; la situación militar se agrava.
10 de septiembre: Haslam llega a Salt Lake City. Brigham Young escribe que no se interfiera y que se deje ir a los emigrantes en paz.
11 de septiembre: Bajo una falsa tregua, los emigrantes abandonan sus defensas y aproximadamente 120 son asesinados; sobreviven 17 niños pequeños.
13 de septiembre: Haslam llega a Cedar City con la carta de Brigham Young. Haight lamenta: “Demasiado tarde”.
1859: Funcionarios federales recuperan a los niños sobrevivientes y los devuelven a familiares.
1870: Isaac C. Haight y John D. Lee son excomulgados.
1874: Un gran jurado acusa a nueve hombres relacionados con la masacre.
1875: Primer juicio de John D. Lee; el jurado no alcanza veredicto.
1876: Lee es juzgado nuevamente y condenado.
23 de marzo de 1877: John D. Lee es ejecutado por fusilamiento en Mountain Meadows.
11 de septiembre de 2007: La Iglesia expresa profundo pesar y reconoce la responsabilidad de dirigentes y miembros locales implicados.
Fuentes principales consultadas
• Church History Topics, “Mountain Meadows Massacre”, The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints.
• Richard E. Turley Jr., “The Mountain Meadows Massacre”, Ensign, septiembre de 2007.
• Santos, tomo II, capítulo 18, “Too Late, Too Late”, Historia oficial de la Iglesia.
• Gospel Topics Essays, “Peace and Violence among 19th-Century Latter-day Saints”.
• Seminary Teacher Manual, Lección 151: “The Utah War and the Mountain Meadows Massacre”, con cronología diaria de septiembre de 1857.
• Ronald W. Walker, Richard E. Turley Jr. y Glen M. Leonard, Massacre at Mountain Meadows, Oxford University Press, 2008.
• Richard E. Turley Jr., “Problems with Mountain Meadows Massacre Sources”, BYU Studies.
• Church Historian’s Press, Cedar City Ward Relief Society Minutes, 10 de septiembre de 1857, en The First Fifty Years of Relief Society.
• Utah Division of Archives and Records Service, Mountain Meadows Massacre / John D. Lee legal records.
• Mountain Meadows Massacre: Collected Legal Papers, estudios y reseñas documentales publicados por BYU Studies.
• Fuentes de los juicios de John D. Lee y testimonios de James Haslam, utilizados con cautela por la historiografía moderna.
Nota sobre las fuentes
La historiografía de Mountain Meadows contiene contradicciones, memorias tardías y testimonios interesados. Por esa razón, este artículo privilegia la síntesis histórica oficial actual de la Iglesia, documentos contemporáneos o cercanos a los hechos y estudios que explicitan los problemas documentales. Cuando la identidad exacta de quien emitió una orden, ejecutó un acto concreto o participó en determinada conversación sigue siendo discutida, el texto evita presentar una reconstrucción incierta como un hecho demostrado.



2 respuestas
Hola familia Tello ,soy la hermana Lizeth Urbina ,me gustó mucho está nueva página,los felicitó ,yo no sabía la masacre de mountai fué muy triste cómo mujeres y Niños perdieron la vida por un sentimiento de odio hacia los santos emigrantes , lamentablemente la carta de brigan joun llegó tarde .mi correo electrónico lizeturbina12@gmail.com
Hola familia Tello ,visite la página , excelente,todo me gusta , estube leyendo la masacre de mountai meadows y de verdad fué espantosa , gracias al señor se hizo justicia ,creeanme yo no sabía sobre está masacre .