Reconstrucción histórica detallada a partir de fuentes oficiales de la Iglesia, Joseph Smith Papers, testimonios contemporáneos y estudios especializados
Una precisión desde el título
La forma histórica que emplea actualmente Joseph Smith Papers para el lugar es Hawn’s Mill, por Jacob Hawn, el propietario del molino. En numerosas publicaciones antiguas aparece también Haun’s Mill. Ambas grafías se encuentran en la historiografía, pero en este artículo se utilizará Hawn’s Mill, salvo cuando el título de una fuente histórica conserve la forma “Haun”.
La segunda precisión es todavía más importante. La masacre ocurrió el 30 de octubre de 1838, tres días después de que el gobernador de Misuri, Lilburn W. Boggs, emitiera la célebre orden ejecutiva del 27 de octubre. Sin embargo, que ambos hechos estén tan próximos en el tiempo no demuestra por sí solo que los atacantes de Hawn’s Mill hubieran recibido la orden o que la masacre fuese ejecutada directamente en cumplimiento de ella. La propia historia oficial de la Iglesia advierte que existen evidencias de que los atacantes pudieron no conocer todavía el decreto. Por eso este artículo contará los dos acontecimientos juntos, pero no convertirá una relación temporal en una relación causal que las fuentes no permiten afirmar con certeza.
Misuri: una convivencia que se había vuelto explosiva
La violencia de Hawn’s Mill no apareció de la nada. Desde comienzos de la década de 1830, los Santos de los Últimos Días y muchos de sus vecinos de Misuri habían vivido una relación cada vez más hostil. Existían diferencias religiosas, culturales, económicas y políticas. El rápido crecimiento de las comunidades de santos despertaba entre algunos habitantes antiguos el temor de perder influencia electoral, tierras y control local.
Los santos, por su parte, habían sufrido expulsiones, destrucción de propiedades y ataques desde 1833. En 1836 el estado creó el condado de Caldwell, concebido en gran medida como un lugar donde los miembros de la Iglesia pudieran establecerse. Pero el crecimiento continuó y en 1838 surgieron nuevos asentamientos y disputas en condados vecinos.
La elección del 6 de agosto de 1838 en Gallatin, condado de Daviess, terminó en una pelea entre santos y otros ciudadanos. En los meses siguientes se multiplicaron rumores, amenazas, movilizaciones armadas, saqueos y represalias. Los acontecimientos dejaron de ser una serie de disputas civiles y se transformaron en un conflicto armado que la historiografía denomina la Guerra de Misuri de 1838.
La violencia no fue de un solo lado
Una reconstrucción seria tampoco debe ocultar que, en octubre de 1838, algunos Santos de los Últimos Días participaron en acciones ofensivas. A medida que llegaron noticias de que grupos antimormones quemaban casas y expulsaban familias, grupos de santos respondieron militarmente. En Daviess County hubo incursiones contra Gallatin y Millport, donde se saquearon y quemaron propiedades.
Este contexto importa porque algunos habitantes de Misuri interpretaron esas acciones como una rebelión general. Otros aprovecharon el conflicto para justificar una hostilidad que ya existía desde antes.
Explicar esas acciones no justifica lo ocurrido en Hawn’s Mill. Los hombres, mujeres y niños que estaban allí no podían convertirse colectivamente en objetivos legítimos por los actos cometidos por otras personas en otros lugares. Pero omitir las incursiones de los santos produciría una historia incompleta y dificultaría comprender cómo el gobernador Boggs recibió informes que describían la situación como una guerra abierta.
25 de Octubre: la batalla de Crooked River
La madrugada del 25 de octubre de 1838 ocurrió la batalla de Crooked River. Un grupo de milicianos de Misuri había capturado a tres hombres Santos de los Últimos Días. Una fuerza de santos dirigida por David W. Patten salió para rescatarlos y se enfrentó con la compañía del capitán Samuel Bogart.
El combate fue breve, pero tuvo consecuencias enormes. Murieron miembros de ambos bandos. Entre los santos murió el apóstol David W. Patten.
Los informes que llegaron a Jefferson City exageraron el tamaño de la batalla y presentaron a los santos como una fuerza que había entrado en abierta rebelión contra el estado. Dos días después, el gobernador Lilburn W. Boggs respondió con uno de los documentos más notorios de la historia religiosa estadounidense.
27 de Octubre de 1838: la orden de Lilburn W. Boggs
Lilburn Williams Boggs era gobernador de Misuri y, en virtud de ese cargo, comandante en jefe de la milicia estatal. El 27 de octubre escribió al general John B. Clark después de recibir información transmitida por Amos Rees, del condado de Ray, y Wiley C. Williams, uno de sus ayudantes.
Boggs declaró que la información recibida cambiaba completamente la situación y colocaba a los Santos de los Últimos Días, a quienes el documento llamaba “Mormons”, en actitud de desafío abierto a las leyes y de guerra contra la población del estado.
Entonces escribió las palabras que convertirían el documento en la llamada “Orden de Exterminio”: los santos debían ser tratados como enemigos y debían ser “exterminados o expulsados del estado” si ello era necesario para la paz pública.
La orden autorizó a Clark a aumentar sus fuerzas cuanto considerara necesario. Boggs también movilizó centenares de hombres adicionales y cambió la misión militar: en lugar de limitarse a restaurar a determinados ciudadanos en sus hogares, las fuerzas debían operar contra los santos.
El texto es inequívocamente extremo. La actual historia oficial de la Iglesia explica que su propósito era poner fin rápidamente al conflicto mediante la expulsión de los santos del estado o su exterminio si fuese considerado necesario.
¿Qué significaba «exterminar» en 1838?
La palabra “exterminate” ha producido una larga discusión historiográfica. Algunos han argumentado que en el lenguaje militar y político del siglo XIX podía utilizarse con el sentido de expulsar, erradicar una presencia o destruir una fuerza, y no necesariamente como una orden explícita de matar a cada hombre, mujer y niño.
Pero la propia construcción de la frase de Boggs —“exterminated or driven from the State”— distingue exterminar de expulsar. Por eso no es razonable suavizar el documento hasta convertirlo en una simple orden administrativa de desalojo.
Al mismo tiempo, tampoco debe transformarse automáticamente el decreto en una instrucción específica para asesinar a las personas reunidas en Hawn’s Mill. El documento estaba dirigido al general John B. Clark y formaba parte de operaciones militares de alcance estatal. La cuestión histórica es si quienes atacaron Hawn’s Mill habían recibido o conocían esa orden antes del 30 de octubre. Esa pregunta no puede responderse con la misma certeza que la existencia del decreto.
Hawn’s Mill: Un molino, un asentamiento y decenas de familias
Hawn’s Mill estaba situado en la ribera norte de Shoal Creek, en el este del condado de Caldwell, aproximadamente dieciséis millas al este de Far West. Jacob Hawn se había establecido en la zona en 1832 y construyó un molino en 1834. No era miembro de la Iglesia.
Para octubre de 1838, Joseph Smith Papers calcula que alrededor de veinte familias de Santos de los Últimos Días vivían en el molino y unas setenta familias se encontraban en la región circundante. Otras fuentes describen entre treinta y cuarenta familias reunidas en el lugar en los días inmediatamente anteriores al ataque.
El molino era un punto natural de reunión para viajeros y colonos. Cerca se encontraba una herrería de troncos. Aquella herrería, aparentemente una estructura ordinaria de frontera, se convertiría en el escenario principal de la matanza.
José Smith aconsejó reunirse en lugares más seguros
Después de Crooked River, José Smith aconsejó a los miembros que vivían en asentamientos periféricos que se concentraran en Far West o Adam-ondi-Ahman, donde la fuerza numérica podía ofrecer mayor protección. John Killian, capitán de la milicia del condado de Caldwell, también aconsejó a Jacob Hawn trasladar a la población hacia Far West.
Aquí existe una tradición histórica muy repetida: que Jacob Hawn no transmitió correctamente el consejo de José Smith. Joseph Smith Papers trata este punto con cautela y señala que los relatos que describen el consejo proceden de recuerdos posteriores.
Según uno de esos relatos, Hawn transmitió a los habitantes una versión según la cual, si creían poder conservar el molino y consideraban innecesario trasladarse a Far West, podían quedarse, especialmente porque se había alcanzado un acuerdo local de paz.
Lo históricamente seguro es que los habitantes permanecieron. No debe utilizarse ese hecho para culpar a las víctimas. Haber permanecido en sus hogares no convirtió a ninguna de ellas en responsable de la decisión de centenares de hombres de atacarlas.
28 de Octubre: un acuerdo de paz
El 28 de octubre, habitantes de Hawn’s Mill y miembros de una milicia local llegaron a un acuerdo destinado a mantener la paz. Para las familias reunidas allí, ese acuerdo pudo parecer una razón poderosa para creer que el peligro inmediato había disminuido.
El contraste con lo que ocurrió cuarenta y ocho horas después es estremecedor.
La existencia de un acuerdo previo también ayuda a explicar por qué el ataque del día 30 tomó por sorpresa a muchas personas. Los colonos no estaban viviendo simplemente dentro de una fortaleza preparada para una batalla abierta. Había familias, viajeros y niños alrededor de un molino que creían haber alcanzado algún tipo de entendimiento con sus vecinos armados.
29 de Octubre: la decisión de atacar
La investigación histórica sitúa una reunión decisiva el 29 de octubre en la granja de Woolsey, aproximadamente diez millas al noreste de Hawn’s Mill.
Bajo el mando general del coronel Thomas Jennings se organizó una fuerza formada por hombres de varios condados. William O. Jennings, hijo de Thomas Jennings y sheriff del condado de Livingston, estuvo entre los oficiales. También aparecen en las fuentes Nehemiah Comstock y William Gee como comandantes de compañías.
Las estimaciones varían ligeramente, pero la fuerza atacante suele situarse en torno a doscientos hombres y algunas reconstrucciones elevan la cifra a unos 240.
La decisión de atacar se tomó antes de que la pequeña comunidad de Hawn’s Mill pudiera comprender plenamente lo que se aproximaba.
30 de Octubre: los hombres de Jennings avanzan hacia el molino
El martes 30 de octubre de 1838, los hombres de Thomas Jennings salieron después del mediodía. Se aproximaron al asentamiento, desmontaron a cierta distancia y avanzaron por la pradera hacia los bosques situados al norte del molino.
Alrededor de las cuatro de la tarde aparecieron ante la comunidad.
David Evans, que ejercía funciones de liderazgo entre los santos del lugar, intentó pedir paz. Los testimonios describen que agitó su sombrero y clamó para que se detuviera la violencia.
La respuesta fueron disparos.
La herraría se convierte en una trampa
La mayoría de las mujeres y los niños corrieron hacia el bosque. Algunos hombres intentaron huir. Otros hombres y muchachos buscaron refugio en la herrería.
Fue una decisión comprensible y fatal.
La construcción era de troncos, pero no estaba adecuadamente sellada entre ellos. Los espacios dejaban a los hombres expuestos. Los atacantes rodearon el edificio y dispararon a través de las aberturas.
Joseph Young, hermano de Brigham Young y testigo presencial, escapó de la matanza y el 4 de junio de 1839 presentó una declaración jurada. Su testimonio constituye una de las fuentes primarias más importantes. David Lewis, otro sobreviviente, dejó también una narración temprana.
La herrería, concebida como refugio, se convirtió en un lugar donde los atacantes podían disparar desde el exterior contra hombres prácticamente atrapados.
Thomas McBride: un anciano desarmado
Entre los episodios más atroces se encuentra la muerte de Thomas McBride, de unos sesenta años.
Joseph Young declaró que, cuando regresó después del ataque, encontró el cuerpo de McBride frente a la casa de Hawn, mutilado de la cabeza a los pies. Según información que Young atribuyó a Rebecca Judd, testigo presencial, McBride había entregado su arma y después fue baleado con ella y atacado con un instrumento agrícola por Jacob Rogers, del condado de Daviess.
David Lewis dio una versión todavía más gráfica, según la cual Rogers disparó contra McBride después de recibir su arma y posteriormente lo mutiló con una cuchilla utilizada para cortar maíz.
Una tradición posterior describió a McBride como veterano de la Revolución Americana. Esa afirmación se volvió popular en la memoria de los santos, pero no aparece en el testimonio temprano de Joseph Young y ha sido cuestionada por investigadores. Por eso no es necesario adornar su historia con un dato incierto: lo documentado ya es suficientemente terrible. Era un hombre mayor que había entregado su arma y fue asesinado brutalmente.
Sardius Smith: diez años
Sardius Smith era hijo de Warren y Amanda Barnes Smith y tenía diez años.
Durante la matanza se escondió debajo o cerca de los fuelles de la herrería. Joseph Young declaró que, después de que el tiroteo principal había terminado, un hombre identificado en su declaración como Glaze, del condado de Carroll, descubrió al niño y le disparó a muy corta distancia en la cabeza.
En otras tradiciones aparece William Reynolds asociado con el asesinato o con la justificación del asesinato de niños mediante la infame expresión de que las “liendres” se convertirían en “piojos”. La atribución exacta de determinadas palabras y acciones varía entre fuentes, por lo que es más responsable mantener separadas las versiones.
Lo que no está en disputa es que Sardius, un niño de diez años escondido después del ataque, fue asesinado deliberadamente.
Alma Smith y Charles Merrick
Junto con Sardius había otros niños.
Alma Smith, hermano menor de Sardius, tenía seis o siete años según la fuente y recibió un disparo que destruyó gravemente la articulación de su cadera. Sobrevivió.
Charles Merrick, de aproximadamente nueve años, fue también baleado y murió posteriormente a causa de sus heridas.
La presencia de niños heridos y asesinados elimina cualquier posibilidad de describir Hawn’s Mill simplemente como una batalla entre dos fuerzas militares equivalentes. Hubo resistencia armada por parte de algunos hombres Santos de los Últimos Días, y algunos atacantes resultaron heridos, pero después de quebrarse la defensa se produjeron asesinatos de personas que ya no representaban una amenaza.
Amanda Barnes Smith entra en la herrería
Amanda Barnes Smith había llegado recientemente a Misuri con su familia desde Ohio. Después del ataque entró en la herrería y encontró una escena devastadora.
Su esposo, Warren Smith, había recibido heridas mortales. Sardius estaba muerto. Alma permanecía con vida, pero su cadera había quedado destrozada.
Amanda dejó posteriormente uno de los relatos más conocidos de la tragedia. Explicó que, sin médico y rodeada por la destrucción, oró para saber cómo tratar a Alma. Según su testimonio, sintió que recibió instrucciones específicas: limpiar la herida, preparar una solución y aplicar cataplasmas de raíces de olmo resbaladizo, además de mantener las partes de la articulación en posición.
Para la tradición de los Santos de los Últimos Días, la recuperación de Alma se convirtió en un relato de fe y revelación personal en medio de una tragedia que no había sido evitada.
Joseph Young escapa y regresa
Joseph Young se encontraba en Hawn’s Mill y logró escapar atravesando Shoal Creek y ocultándose hasta que disminuyó el peligro.
A la mañana siguiente regresó con otros sobrevivientes.
Lo que encontró quedó registrado bajo juramento meses después: cuerpos alrededor del molino, amigos muertos y familias destrozadas.
Su declaración jurada del 4 de junio de 1839, conservada actualmente en las colecciones especiales de Brigham Young University y publicada con anotaciones por Alexander L. Baugh, es especialmente valiosa porque fue preparada pocos meses después de los acontecimientos, no décadas más tarde.
Young ayudó a sepultar a los muertos.
El pozo que se convirtió en tumba
Los sobrevivientes temían que los atacantes regresaran. No había tiempo ni seguridad para organizar funerales individuales.
Joseph Young explicó que utilizaron una excavación en el terreno que había sido preparada originalmente como pozo. Los cuerpos fueron colocados allí juntos y cubiertos apresuradamente.
La escena se convirtió en uno de los símbolos de la persecución en Misuri: hombres y muchachos enterrados sin las ceremonias normales porque los sobrevivientes temían ser asesinados mientras cumplían esa última tarea.
No todos los muertos terminaron definitivamente en aquel lugar. Algunas víctimas murieron posteriormente de sus heridas o fueron enterradas en otros sitios. Pero el pozo de Hawn’s Mill quedó grabado en la memoria colectiva como la tumba de la masacre.
Los muertos
La cifra aceptada por la historia oficial de la Iglesia es de diecisiete Santos de los Últimos Días muertos o que fallecieron posteriormente por sus heridas. Entre las listas reconstruidas por historiadores aparecen Hiram Abbott, Elias Benner, John Byers, Alexander Campbell, Simon Cox, Josiah Fuller, Austin Hammer, John Lee, Benjamin Lewis, Thomas McBride, Charles Merrick, Levi Merrick, William Napier, George S. Richards, Sardius Smith, Warren Smith y John York.
Las edades y grafías presentan pequeñas variaciones entre registros. Joseph Young, escribiendo de memoria en 1839, calculó inicialmente dieciocho o diecinueve muertos o mortalmente heridos y no recordaba todos los nombres. La investigación posterior ha permitido establecer con mayor precisión la cifra de diecisiete utilizada actualmente por la Iglesia.
Entre doce y quince personas resultaron heridas, dependiendo del criterio utilizado por cada fuente.
No fue una matanza sin resistencia
También es importante evitar otro extremo historiográfico. Algunos hombres de Hawn’s Mill dispararon contra sus atacantes. Varias fuentes indican que cuatro hombres del bando atacante fueron heridos, ninguno fatalmente.
Eso confirma que existió un enfrentamiento armado durante la primera fase.
Pero reconocerlo no convierte el resultado en una batalla ordinaria. La fuerza atacante era muy superior, llegó con intención ofensiva y, una vez quebrada la resistencia, se documentan actos de violencia contra hombres desarmados, heridos y niños escondidos.
La palabra “masacre” no procede simplemente de una memoria religiosa posterior. Describe adecuadamente la naturaleza del desenlace.
¿La orden de Boggs causó la masacre?
Esta es una de las preguntas centrales.
La cronología parece irresistible: Boggs firma la orden el 27 de octubre; Hawn’s Mill es atacado el 30. Durante generaciones, muchos relatos asumieron que la segunda cosa ocurrió porque los atacantes estaban ejecutando la primera.
La investigación moderna es más cuidadosa.
La actual página histórica de la Iglesia afirma que algunas evidencias sugieren que los atacantes desconocían la orden y que la masacre pudo haber sido un acto de violencia vigilante, posiblemente motivado también por represalias relacionadas con las incursiones de Santos de los Últimos Días en Daviess County.
William G. Hartley y otros historiadores han cuestionado que la orden hubiera llegado formalmente a los atacantes antes de la masacre. Ninguno de los participantes conocidos dejó una justificación contemporánea inequívoca diciendo que actuaba en cumplimiento de la Orden 44.
Por otra parte, fuentes posteriores atribuidas a Hyrum Smith afirmaron que Nehemiah Comstock, quien previamente había participado en acuerdos de seguridad con los santos, regresó diciendo que había recibido órdenes relacionadas con el gobernador a través de superiores militares. La evidencia, por tanto, no permite simplemente borrar toda posible influencia.
La conclusión más rigurosa es esta: la orden de Boggs creó y legitimó a nivel estatal una política de expulsión mediante fuerza militar y utilizó explícitamente el lenguaje de exterminio; la masacre ocurrió tres días después dentro de ese mismo clima de guerra. Pero no está demostrado que Thomas Jennings y sus hombres atacaran Hawn’s Mill porque hubieran recibido y estuvieran ejecutando directamente la Orden 44.
Lo que sí hizo la orden de exterminio
Aunque no pueda demostrarse que la Orden 44 fuese la instrucción operativa del ataque de Hawn’s Mill, su efecto sobre el conjunto de la crisis fue real.
El general Samuel D. Lucas recibió la orden el 30 de octubre y avanzó hacia Far West. Miles de milicianos rodearon la ciudad. José Smith y otros líderes fueron entregados y arrestados. Los santos fueron obligados a entregar armas. Lucas convocó una corte marcial apresurada que ordenó la ejecución de José Smith y otros líderes.
El general Alexander W. Doniphan recibió instrucciones de ejecutar a los prisioneros al amanecer del 2 de noviembre. Doniphan se negó, calificó el procedimiento de asesinato a sangre fría y advirtió que responsabilizaría a Lucas ante un tribunal si llevaba a cabo la ejecución.
La negativa de Doniphan impidió aquellas muertes.
La Orden 44, sin embargo, permaneció como fundamento de la presión militar que culminó con la expulsión masiva de los Santos de los Últimos Días de Misuri.
Después de la masacre
La tragedia no terminó el 30 de octubre.
Grupos armados continuaron ejerciendo presión sobre la zona. Los sobrevivientes tuvieron que atender a heridos, buscar alimentos, proteger a niños y preparar su salida.
El asentamiento fue abandonándose gradualmente y, para febrero de 1839, la presencia de Santos de los Últimos Días en Hawn’s Mill prácticamente había desaparecido. Joseph Smith Papers señala que el molino fue demolido en 1845.
Las familias desplazadas se unieron al éxodo general desde Misuri hacia Illinois.
¿Hubo justicia?
Ningún participante fue condenado penalmente por la Masacre de Hawn’s Mill.
Los santos presentaron declaraciones juradas y peticiones de reparación. Joseph Young, Amanda Smith, Alma Smith y muchos otros dejaron testimonios sobre las pérdidas sufridas en Misuri.
Esos documentos no solo tenían una finalidad religiosa. Formaban parte de los esfuerzos por obtener reparación del gobierno estatal y posteriormente del gobierno federal.
Pero la justicia penal por Hawn’s Mill nunca llegó.
La orden permaneció formalmente durante 138 años
La llamada Orden de Exterminio no fue formalmente rescindida en el siglo XIX.
El 25 de junio de 1976, el gobernador de Misuri Christopher S. Bond emitió una nueva orden ejecutiva que rescindió la de Boggs. Bond expresó pesar por la injusticia y reconoció que la orden de 1838 había violado principios jurídicos y derechos fundamentales.
Habían transcurrido aproximadamente 138 años.
La rescisión no podía cambiar lo ocurrido, pero cerró formalmente uno de los documentos gubernamentales más controvertidos de la historia de Misuri.
Lo que no debemos hacer con esta historia
Hawn’s Mill puede utilizarse fácilmente como arma apologética o como arma contra la religión. Ambas opciones empobrecen la historia.
No es necesario exagerar para mostrar la brutalidad de la masacre. Tampoco es necesario presentar a todos los habitantes de Misuri como asesinos. Hubo vecinos que ayudaron a santos, funcionarios que intentaron mantener la paz y, pocos días después, Alexander Doniphan arriesgó su posición al negarse a ejecutar a José Smith.
Tampoco debemos convertir la decisión de las familias de permanecer en Hawn’s Mill en una explicación moral de sus muertes. Incluso si hubieran desobedecido un consejo de trasladarse, la responsabilidad del asesinato pertenece a quienes decidieron atacar y matar.
Y no debemos afirmar como certeza que la Orden de Boggs fue la orden directa de matar en Hawn’s Mill. Es históricamente más poderoso decir exactamente lo que sabemos: el gobernador había autorizado tratar a los santos como enemigos y empleó el lenguaje de exterminarlos o expulsarlos; tres días después ocurrió una masacre; pero la evidencia disponible no demuestra que los atacantes hubieran recibido formalmente esa orden antes de actuar.
Dos documentos que nos permiten escuchar 1838 y 1839
Entre la enorme literatura posterior, dos clases de documentos merecen especial atención.
La primera es la orden de Lilburn W. Boggs del 27 de octubre de 1838. Es un documento oficial contemporáneo. No necesitamos imaginar qué dijo el gobernador: el texto existe.
La segunda es la declaración jurada de Joseph Young del 4 de junio de 1839. Fue preparada apenas siete meses después de la masacre y describe lo que Young vio, cómo escapó, lo que encontró al regresar y cómo ayudó a enterrar a los muertos.
A ellos se añaden las declaraciones de Amanda Barnes Smith y Alma Smith, las peticiones de reparación, los relatos de David Lewis y otros testigos, además de documentos militares y civiles de Misuri.
Cuando las memorias posteriores contradicen a los documentos tempranos, el historiador debe decirlo. La fidelidad a las víctimas exige precisión, no adornos.
Conclusión: Hawn’s Mill y el peligro de convertir a una comunidad en «el enemigo»
La Masacre de Hawn’s Mill fue el episodio más sangriento de la Guerra de Misuri de 1838.
El 27 de octubre, Lilburn W. Boggs había firmado una orden que declaraba que los Santos de los Últimos Días debían ser tratados como enemigos y exterminados o expulsados del estado si era necesario para la paz pública.
El 30 de octubre, alrededor de doscientos hombres bajo el mando general de Thomas Jennings avanzaron hacia Hawn’s Mill. Mujeres y niños corrieron al bosque. Hombres y muchachos buscaron refugio en una herrería que no podía protegerlos. Los atacantes dispararon a través de sus paredes abiertas. Thomas McBride fue asesinado después de entregar su arma. Sardius Smith, de diez años, fue encontrado escondido y ejecutado. Alma Smith quedó gravemente herido. Warren Smith murió. Amanda Barnes Smith perdió en una sola tarde a su esposo y a uno de sus hijos.
Diecisiete santos murieron o sucumbieron a sus heridas. Entre doce y quince resultaron heridos. Los sobrevivientes depositaron apresuradamente muchos de los cuerpos en un pozo sin terminar porque temían un nuevo ataque.
No podemos demostrar que los atacantes estuvieran obedeciendo directamente la orden de Boggs. Sí podemos demostrar que el gobernador de un estado había convertido oficialmente a toda una comunidad religiosa en enemiga y había autorizado su expulsión mediante la fuerza, empleando además la palabra “exterminados”.
Ese es quizá el aspecto más inquietante de Hawn’s Mill.
Antes de que una multitud dispare contra una comunidad, suele ocurrir algo previo: las personas dejan de ser vecinos y comienzan a ser descritas colectivamente como una amenaza.
Hawn’s Mill recuerda el resultado extremo de esa transformación.
Los muertos no fueron una abstracción llamada “los mormones”. Fueron Warren Smith, Sardius Smith, Thomas McBride, Elias Benner, Josiah Fuller, Austin Hammer y otros hombres y muchachos con familias, historias y nombres.
Por eso esta historia debe contarse completa: sin borrar las acciones violentas cometidas por algunos santos durante la Guerra de Misuri, sin suavizar la Orden de Exterminio, sin inventar una conexión causal que las fuentes no demuestran y, sobre todo, sin perder de vista a las víctimas.
El 30 de octubre de 1838, Hawn’s Mill dejó de ser simplemente un molino junto a Shoal Creek.
Se convirtió en una tumba, en un símbolo y en una advertencia histórica.
Cronología esencial
6 de agosto de 1838: La elección de Gallatin termina en violencia y acelera la crisis en el norte de Misuri.
Octubre de 1838: Se multiplican expulsiones, saqueos, incendios y represalias entre grupos de Misuri y Santos de los Últimos Días.
25 de octubre: Batalla de Crooked River; mueren combatientes de ambos bandos, entre ellos el apóstol David W. Patten.
27 de octubre: El gobernador Lilburn W. Boggs emite su orden a John B. Clark: los santos deben ser tratados como enemigos y “exterminados o expulsados del estado” si es necesario.
28 de octubre: Habitantes de Hawn’s Mill alcanzan un acuerdo local de paz con fuerzas de la zona.
29 de octubre: En la granja de Woolsey se decide atacar Hawn’s Mill; Thomas Jennings encabeza la fuerza.
30 de octubre, tarde: Unos doscientos hombres avanzan hacia Hawn’s Mill y comienza la masacre alrededor de las cuatro de la tarde.
31 de octubre: Sobrevivientes regresan, atienden heridos y entierran apresuradamente a muchos muertos en un pozo sin terminar.
30–31 de octubre: La milicia estatal se concentra alrededor de Far West.
31 de octubre: José Smith y otros dirigentes son entregados a la milicia.
1 de noviembre: Una corte marcial improvisada dispone la ejecución de José Smith y otros prisioneros.
2 de noviembre: Alexander W. Doniphan se niega a ejecutar la orden de fusilamiento.
Invierno de 1838–1839: Los Santos de los Últimos Días son expulsados progresivamente de Misuri hacia Illinois.
4 de junio de 1839: Joseph Young presta declaración jurada sobre la Masacre de Hawn’s Mill.
25 de junio de 1976: El gobernador Christopher S. Bond rescinde formalmente la orden de Boggs.
Fuentes principales consultadas
• The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Church History Topics: “Hawn’s Mill Massacre”.
• The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Church History Topics: “Extermination Order”.
• The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, Church History Topics: “Mormon-Missouri War of 1838”.
• Joseph Smith Papers, place entry: “Hawn’s Mill, Missouri”.
• Joseph Smith Papers, “A History, of the Persecution, of the Church of Jesus Christ, of Latter Day Saints in Missouri,” 1839–1840.
• Joseph Smith Papers, Discourse, 29 August 1842, notas editoriales sobre Jacob Hawn y el consejo de reunirse en Far West.
• Alexander L. Baugh, “Joseph Young’s Affidavit of the Massacre at Haun’s Mill,” BYU Studies 38, no. 1 (1999).
• Joseph Young affidavit, 4 June 1839, L. Tom Perry Special Collections, Brigham Young University.
• Alexander L. Baugh, estudios sobre Hawn’s Mill y la Guerra de Misuri de 1838.
• Missouri State Archives, Executive Order of Governor Lilburn W. Boggs to General John B. Clark, 27 October 1838.
• The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, “Blessings amidst Tragedy,” Church History Museum.
• Historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos, capítulo sobre las persecuciones y expulsión de Misuri.
• Material oficial de Historia de los Santos de los Últimos Días, lección 17: “Los conflictos aumentan en Misuri”.
Nota de método histórico
Los testimonios sobre Hawn’s Mill incluyen declaraciones contemporáneas, peticiones juradas, informes militares y recuerdos escritos décadas después. Este artículo privilegia documentos cercanos a 1838–1839 y la investigación histórica que identifica expresamente las diferencias entre las fuentes. Cuando un detalle —como la identidad exacta de quien pronunció una frase, la edad precisa registrada para una víctima o el grado de conocimiento de la Orden 44 entre los atacantes— no puede establecerse con certeza, se señala la incertidumbre en lugar de presentar una tradición posterior como un hecho indiscutible.


