ENTRADA AL MUNDO ESPIRITUAL

Relatos sobre la muerte, la recepción en el mundo de los espíritus y el reencuentro con los seres queridos
Relatos sobre la muerte, la recepción en el mundo de los espíritus y el reencuentro con los seres queridos

A través de los siglos, el género humano ha lamentado y llorado a sus seres queridos muertos sin tener conocimiento de su suerte. La humanidad ha tenido que reconocer su incapacidad para ver más allá del velo de la muerte. Hemos permanecido indefensos, confundidos y temerosos ante la certeza de que todos los hombres debemos volver al polvo de la tierra.

Hay ciertas preguntas relativas al futuro que han reclamado una respuesta: ¿Sigue existiendo el hombre después de la muerte? ¿Mantiene su personalidad e identidad? ¿Adónde va? ¿Qué hace? ¿Qué aspecto tiene? ¿Cómo es experimentar la muerte?

La humanidad ha formulado estas preguntas a través de todas las edades, desde los días de Adán. Ni los hombres de ciencia, ni los filósofos, ni los poetas han podido contestarlas. Indudablemente, el conocimiento humano no ha sido suficiente para despejar estos enigmas.

Recepción en el reino espiritual

Una experiencia familiar entre aquellos que se han aventurado más allá de los confines de la mortalidad es la de ser recibidos y saludados por su ángel guardián. Así fue la recepción que tuvo Peter Johnson, misionero mormón que estuvo en el mundo espiritual durante una hora y media a principios de septiembre de 1898:

No puedo decir exactamente cómo, pero lo cierto es que mi espíritu dejó el cuerpo. Me di cuenta de que estaba parado en el aire aproximadamente a un metro y medio de altura y vi mi cuerpo en la cama. Aunque estaba en una nueva condición, me sentía perfectamente natural, así que comencé a hacer observaciones. Moví la cabeza, me encogí de hombros, palpé con mis manos y me di cuenta de que era yo mismo. También sabía que mi cuerpo sin vida yacía en la cama. Estar en este nuevo medio no me parecía extraño, porque me daba cuenta de todo lo que estaba sucediendo y percibía que en espíritu era el mismo que había sido en el cuerpo. Mientras meditaba acerca de esta nueva situación, algo atrajo mi atención y, al darme vuelta, observé a un personaje que dijo: «Tú no sabías que yo estaba aquí». Contesté: «No, pero veo que estás aquí. ¿Quién eres?». «Yo soy un ángel. Mientras estuviste en la tierra te seguí constantemente». Le pregunté: «¿Qué harás ahora?». Replicó: «Voy a informar de tu presencia. Entretanto, tú permanecerás aquí hasta que vuelva».

Una experiencia similar fue la de Henry Zollinger, quien estuvo varias horas en el mundo espiritual después de ser aplastado por una máquina en agosto de 1920:

Mi espíritu dejó mi cuerpo, el cual vi que yacía bajo la máquina, y en ese momento estaban a mi lado un ángel, mi madre y mi hermana Ann. Mi madre había muerto el 31 de enero de 1918 y mi hermana a la edad de cuatro años. Pero vi que su espíritu estaba completamente desarrollado en estatura y también parecía muy inteligente.

Heber Q. Hale, quien fue al reino espiritual el 20 de enero de 1920, describió cómo vio su cuerpo cuando su espíritu lo dejó, la sensación de proximidad del mundo espiritual y cómo fue recibido inmediatamente por un comité de recepción:

Pasé al mundo espiritual atravesando un velo muy fino, a una corta distancia de mi cuerpo. Esa fue mi primera experiencia después de irme a dormir. Parecía darme cuenta de que había pasado por ese cambio llamado la muerte, y así lo mencioné en mi conversación con los seres inmortales con quienes entré inmediatamente en contacto. Mi primera impresión visual fue de lo cercano que está el mundo de los espíritus del mundo de los mortales. Para los ojos de un espíritu recién llegado era pasmosa la inmensidad de esta esfera celestial.

Ella Jensen es otra persona que relató su experiencia de tres horas y media en el mundo espiritual. La hermana Jensen era entonces una joven de quince años que estuvo varias semanas enferma de escarlatina, murió y volvió a la vida el 3 de marzo de 1891. Al cruzar el velo se encontró en un cuarto largo donde halló a sus parientes y amigos fallecidos:

Tan pronto como vislumbré el otro mundo, ansié ir allí y toda inquietud y preocupación se alejaron de mí. Entré en un pasillo amplio. Era tan largo que no veía el final. Estaba lleno de gente. Caminé por el cuarto encontrando gran cantidad de mis familiares y amigos. Era como recorrer las calles de una ciudad en medio de una multitud en la cual sólo se puede reconocer a unas pocas personas. Todos parecían ser perfectamente felices. Mi encuentro con cada uno de los que conocía fue muy placentero. Finalmente llegué al extremo de esa larga habitación, abrí una puerta y pasé a otro cuarto.

En una visión nocturna se le mostró a Lorenzo Dow Young, hermano de Brigham Young, el proceso de la muerte, el mundo espiritual y el reino celestial. Él describió la proximidad de los muertos a sus seres queridos y la imposibilidad de comunicar su cercanía a quienes observan con tristeza sus restos mortales:

Tuve una visión o un sueño extraordinario. Imaginé que moría. En un momento estuve fuera del cuerpo, plenamente consciente de que había hecho el cambio. De repente, un guía o mensajero celestial apareció a mi lado. Yo pensaba y actuaba con tanta naturalidad como cuando estaba en el cuerpo, y todas mis sensaciones eran completas tanto sin mi cuerpo como con él. El personaje que estaba junto a mí vestía del blanco más puro. Durante unos momentos permanecí en el cuarto donde yacía mi cuerpo. Mi hermana Fanny —quien vivía conmigo al tiempo de tener este sueño— y mi esposa lloraban amargamente mi muerte. Me condolí de ellas por su tristeza y deseé consolarlas. Me di cuenta de que estaba bajo el control del hombre a mi lado. Le rogué que me concediera el privilegio de hablarles, pero me contestó que no podía permitírmelo. Mi guía, ya que así lo llamaré, dijo: «Ahora vayámonos».

Aparentemente, los que mueren y no reviven tienen la responsabilidad de velar por sus cuerpos hasta que sean enterrados. Esta fue la instrucción dada a Peter Johnson y puede ser la explicación de por qué los parientes vivos a veces sienten, antes y durante el funeral, la presencia de sus seres queridos muertos.

Cuando regresamos al lugar donde yacía mi cuerpo, se me informó con énfasis que mi primer deber sería el de velar mi cuerpo hasta después del entierro, porque sería necesario que tuviera este conocimiento en la resurrección.

La entrada al mundo espiritual como experiencia gozosa

Es importante reconocer que la muerte es una bendición, una experiencia gozosa que a menudo sirve como un alivio placentero a quienes estaban sufriendo en la mortalidad. Los casos registrados de aquellos que han dejado sus cuerpos para entrar al mundo espiritual están casi completamente libres de referencias a problemas o dolor en el proceso de separación. Por el contrario, sus experiencias pueden resumirse en la declaración de Ella Jensen:

Prácticamente no sufrí al dejar el cuerpo, pero al volver a la vida el dolor fue casi intolerable.

No sólo eso, sino que meses y aun años después ella experimentó nuevos sufrimientos, dolores y desórdenes físicos que nunca antes había tenido.

Heber Q. Hale recordó lo siguiente mientras hablaba con sus guías en el mundo espiritual:

Observé que les desagradaba nuestro uso de la palabra «muerte» y nuestro miedo de ella. Ahí usan otra palabra, la cual ahora no recuerdo, y sólo puedo dar un significado aproximado, por la impresión que quedó grabada en mi mente, llamándola «Nuevo Nacimiento».

A Jedediah M. Grant, consejero en la Primera Presidencia de la Iglesia, se le permitió aventurarse dos veces en el mundo espiritual antes de su muerte. Él narró sus experiencias a Heber C. Kimball, el otro consejero en la Presidencia, quien a su vez las contó en el funeral. El presidente Grant relató en estos términos su recién obtenido conocimiento de la superioridad de la vida futura con respecto a la presente:

Hermano Heber, he estado en el mundo espiritual dos noches seguidas, y de todos los miedos que jamás hayan cruzado mi mente, el peor ha sido el tener que volver a mi cuerpo, aunque tenía que hacerlo.

El presidente Kimball, en el sermón del funeral, agregó su propio comentario: «El hermano Grant dijo que se sintió triste en extremo al tener que dejar un lugar tan hermoso y volver a la tierra, porque contemplaba a su cuerpo con aversión. Pero tuvo que entrar en él nuevamente».

Quizás a causa de esta experiencia de Jedediah M. Grant, el presidente Brigham Young dijo posteriormente:

Con respecto a la partida de nuestros amigos o la nuestra propia, puedo decir que he estado tan cerca de entender la eternidad que ahora he tenido que ejercer mayor fe para desear vivir que toda la fe que he ejercido durante mi vida para seguir viviendo…

También Lorenzo Dow Young, durante su visión de la vida en el más allá, sintió aversión a dejar la vida futura y retornar a su cuerpo mortal:

Pude ver claramente el mundo de donde vinimos… Para mí, éste parecía nebuloso, temible y oscuro. Me sentía invadido por una triste decepción, un horror ante la idea de volver allí. Suponía que había llegado a ese lugar celestial que por tanto tiempo había deseado ver para permanecer. En ese entonces no se me había ocurrido pensar que me sería requerido regresar.

Le imploré a mi guía que me permitiera quedarme. Me contestó que sólo se me permitía visitar las ciudades celestiales, porque no había terminado mi misión en el mundo, así que debía regresar y tomar mi cuerpo…

Retornamos a mi casa, donde estaba mi cuerpo, que me pareció vestido para el entierro. Muy a mi pesar tomé posesión de él para reanudar las tareas propias de la vida, esforzándome por cumplir con la importante misión que se me había encomendado. Me desperté en mi cama y me quedé acostado el resto de la noche, meditando sobre lo que me había sido mostrado.

Cuando la bendición del presidente Lorenzo Snow restauró a Ella Jensen a la vida, sus primeras palabras fueron: «¿Dónde está?». Nosotros preguntamos: «¿Quién, dónde está quién?». «El hermano Snow», contestó, «él me hizo regresar». Le dijeron que él se había ido. Ella dijo: «¿Por qué me mandó regresar? Estaba tan feliz que no quería volver».

Parece ser que aquellos que tienen la esperanza de morar entre los justos en la próxima vida bien pueden anticipar que su muerte los llevará a un estado de mayor gozo y felicidad.

Reunión con seres queridos muertos

Una de las bendiciones más grandes de pasar a través del velo es el privilegio de disfrutar nuevamente de la compañía de familiares y amigos que han muerto con anterioridad. La esperanza de esta bendición es una fuerza motivadora para todos los que buscan reunirse con los que les precedieron, y les ayuda a contemplar la muerte con anticipación más que con miedo.

El profeta José Smith expresó su esperanza de esa gozosa reunión cuando dijo:

Tengo a un padre, hermanos, niños y amigos que se han ido al mundo de los espíritus. Ellos están ausentes sólo por un momento, viven en el espíritu y pronto nos volveremos a encontrar… Cuando partamos, saludaremos a nuestras madres, padres, amigos, a todos los que amamos y a todos aquellos quienes han muerto en Jesús… será una felicidad inmensa.

Conclusión

Los relatos reunidos en este capítulo presentan la entrada al mundo espiritual como un tránsito consciente en el que la identidad personal permanece, el mundo de los espíritus se percibe cercano a la mortalidad y los recién llegados son recibidos por seres que ya se encuentran allí. Las experiencias narradas por Peter Johnson, Henry Zollinger, Heber Q. Hale, Ella Jensen, Lorenzo Dow Young y Jedediah M. Grant describen, desde sus propios testimonios, una continuidad de conciencia, vínculos familiares y una profunda sensación de paz y gozo.

El capítulo culmina con la esperanza del reencuentro. En esta perspectiva, la muerte no representa el fin de las relaciones personales, sino una separación temporal. La declaración atribuida a José Smith sintetiza esa esperanza: los seres queridos están ausentes «sólo por un momento» y la reunión futura será motivo de una felicidad inmensa.

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