LA CAÍDA DE ADÁN

La entrada a la mortalidad, el albedrío, la oposición y la necesidad de la redención en Jesucristo
La entrada a la mortalidad, el albedrío, la oposición y la necesidad de la redención en Jesucristo

La Caída de Adán y Eva ocupa un lugar central en la doctrina del plan de salvación. Lejos de presentarse únicamente como una tragedia, la revelación de los últimos días la sitúa como un paso necesario para que los hijos de Dios recibieran un cuerpo mortal, ejercieran el albedrío en medio de la oposición, formaran familias y pudieran progresar mediante la expiación de Jesucristo. El texto que sigue conserva íntegramente el desarrollo doctrinal del documento de origen y añade, donde corresponde, aclaraciones tomadas únicamente de fuentes oficiales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Las Bendiciones De La Mortalidad Eran Desconocidas En El Edén

Encontramos a Adán en el Jardín de Edén con la promesa de que puede vivir allí, de que puede permanecer allí, de que puede gozar de su estancia allí tanto como sea posible en las condiciones dadas, siempre que quiera, en tanto que no haga algo que se le indique que no debe hacer y eso es participar del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal. En donde se le dice que el día que coma de aquel fruto ciertamente morirá. Encontramos, entonces, que Adán antes de la caída: 1. No estaba sujeto a la muerte. 2. Estaba en la presencia de Dios. Él lo veía así como vosotros veis a vuestros padres; estaba en presencia de Él y aprendió su idioma. Ahora bien, si algunos de vosotros sois profesores de nuestras escuelas de lenguas y tenéis la idea de que el lenguaje apareció en la forma en que dicen los teóricos, os voy a decir que Adán tenía un idioma perfecto, pues aprendió la lengua de Dios. Esa fue la primera lengua sobre esta tierra. Eso en cuanto a las teorías. 3. No tenía posteridad. 4. No tenía conocimiento del bien y del mal. Tenía conocimiento, naturalmente, ya podía hablar y dialogar. Había muchas cosas que se le podían enseñar y que se le enseñaron; pero bajo las condiciones en las que vivía en aquel momento, era imposible que viese o comprendiese el poder del bien y del mal. Él no sabía qué cosa era el dolor, ni el pesar; ni miles de cosas más que han venido a nosotros en esta vida y que Adán no conoció en el Jardín de Edén y los cuales no podía entender ni hubiera entendido si hubiese permanecido allí. Ese era su estado antes de la Caída. 5.

Antes De La Caída No Había Muerte En La Tierra

El Señor declaró que la tierra era buena al concluir de crearla, y que todo lo que había sobre ella también era bueno. Antes de la caída de Adán no había muerte sobre la tierra. No me importa qué digan los científicos en relación a los dinosaurios y otras criaturas sobre la faz de la tierra hace millones de años, los cuales vivieron, murieron, lucharon y se afanaron para conservar su existencia. Cuando la tierra fue creada fue decretada buena, la paz existía sobre su faz entre todas sus criaturas, allí no había lucha ni maldad, ni corrupción alguna. Toda forma de vida en el mar, en el aire o en la tierra, no conocía la muerte. Los animales no morían. Las cosas no eran cambiantes como las encontramos en esta existencia mortal, pues la mortalidad no había venido aún. Hoy en día vivimos en un mundo de cambio, porque vivimos bajo condiciones muy diferentes a las que prevalecían en el principio y antes de la caída del hombre.

El Libro De Mormón Enseña La Verdad En Cuanto A La Caída

Nosotros los Santos de los Últimos Días, aceptamos el Libro de Mormón como la palabra de Dios. Tenemos la seguridad de que el Señor puso su sello de aprobación sobre él en el momento de la traducción y que habló a los testigos con su propia voz y les ordenó dar testimonio de ello en todo el mundo. La palabra del Señor para mí significa más que cualquier otra cosa, y la estimo por encima de las enseñanzas de los hombres, puesto que la verdad es lo único que perdurará. Toda la teoría, la filosofía, la sabiduría de los sabios que no esté en armonía con la verdad revelada por Dios, perecerá. Esas cosas deberán cambiar y desaparecer y están cambiando y desapareciendo constantemente, pero cuando el Señor habla, eso es verdad eterna, sobre la cual podemos apoyarnos. El evangelio nos enseña que si Adán y Eva no hubiesen participado de aquel fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, hubiesen permanecido en el Jardín de Edén en la misma condición que prevalecía antes de la Caída. Aunque bajo aquellas condiciones no hubiesen tenido simiente. “Adán cayó para que los hombres existiesen” según fue decretado en los cielos antes que el mundo fuese. Lehi nos ha dado una explicación muy clara y comprensible de la misión de Adán y de la expiación de Jesucristo y el Libro de Mormón es muy explícito al enseñar estos principios fundamentales. En relación con la condición premortal de Adán y de toda la tierra, Lehi ha declarado lo siguiente: 57 “Pues, he aquí, si Adán no hubiese pecado, no habría caído; sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas tendrían que haber permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habría permanecido para siempre, sin tener fin.”

¿No es suficientemente clara esta declaración? ¿A quién vais a creer, al Señor o a los hombres? 6.

Adán Fue Preordinado Para Caer

El Señor no tenía intención de que la tierra permaneciese en aquella condición. Lehi agrega: “Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.” Esta tierra fue preparada para el adelanto de los hijos de Dios, y vinimos de la vida premortal para recibir cuerpos de carne y hueso y para pasar por el estado mortal. En los cielos fue decretado que los hombres debían morir después de venir a esta tierra de probación para luego aprender los dolores y tribulaciones de la mortalidad, así como sus gozos y felicidad. Jesucristo es mencionado en las Escrituras como el Cordero sacrificado desde antes de la fundación del mundo. Pedro dice que no fuimos redimidos mediante cosas corruptibles, como plata y oro, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha, “Ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros”. De manera que el plan de salvación era comprendido en el mundo de los espíritus y allá se nos enseñó el propósito de esta vida que Adán iniciaría en esta tierra. 7.

Adán Tuvo El Poder De Traer La Muerte Al Mundo

Por medio de la revelación se nos ha informado bien que Adán no estaba sujeto a la muerte al ser puesto en el Jardín de Edén, ni había muerte alguna sobre la tierra. El Señor no ha creído necesario decirnos claramente cómo vino Adán, pues no estamos preparados para recibir esa verdad. Él no vino aquí como un ser resucitado para morir de nuevo, ya que se nos enseña muy claramente que los que han pasado por la resurrección reciben inmortalidad y no pueden morir otra vez. Es suficiente saber, hasta que el Señor nos revele más sobre este asunto, que Adán no estaba sujeto a la muerte pero sí tenía el poder, mediante la transgresión a la ley, de sujetarse a la muerte y hacer que la misma maldición viniese sobre la tierra y sobre toda forma de vida sobre ella. En efecto, esta tierra, una vez declarada buena, fue maldecida después de la Caída y ahora está pasando por su probación mortal, así como toda forma de vida que hay sobre ella. Finalmente recibirá la resurrección y el lugar de exaltación que en los cielos está decretado para ella. 8.

Verdades Concernientes A La Caída Que Aún Están Por Revelarse

Llegará el día en que sabremos todo en cuanto a Adán y a la manera en que la creación fue hecha, pues el Señor ha prometido que cuando Él venga hará saber todas estas cosas. Estas son sus palabras:

“Sí, en verdad te digo que el día en que el Señor venga, él revelará todas las cosas — cosas que han pasado, y cosas ocultas que ningún hombre conoció; cosas de la tierra, mediante las cuales fue hecha, y su propósito y estado final— cosas sumamente preciosas; cosas que están arriba y cosas que están abajo; cosas que están dentro de la tierra, y sobre la tierra, y en el cielo.” En lo que a mí respecta, estoy dispuesto a esperar ese momento para aprender la verdad de estas cosas. Esta información fue dada a los santos en la dispensación anterior a ésta, pero el Señor ha dicho que nosotros no podemos tenerla en estos días de iniquidad. Cuando los gentiles “se arrepientan de sus iniquidades, y se vuelvan al Señor”, entonces será revelada de nuevo.

Ampliación doctrinal: la Caída dentro del plan de salvación

Una caída «hacia abajo» y, al mismo tiempo, «hacia adelante»

La enseñanza oficial de la Iglesia describe la Caída como una parte integral del plan del Padre Celestial. Sus consecuencias incluyeron la muerte física y la muerte espiritual, pero también hicieron posible el nacimiento de la posteridad de Adán y Eva, la experiencia mortal, el aprendizaje y el progreso. En este sentido, la Caída abrió el escenario en el cual el albedrío podía ejercerse en condiciones reales de oposición. Véanse 2 Nefi 2:22–27; Moisés 5:10–11; Doctrina y Convenios 29:39–43.

Transgresión y no simplemente una historia de fracaso

La doctrina restaurada permite distinguir la transgresión de Adán y Eva de la idea de que su decisión frustró el plan de Dios. El presidente Dallin H. Oaks enseñó que, por razones no reveladas, la transición desde el estado del Edén hacia la mortalidad requería una transgresión: el quebrantamiento de una ley que serviría a un propósito eterno. Lehi declara que «todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe» y concluye: «Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo» (2 Nefi 2:24–25).

Eva y Adán comprendieron posteriormente las bendiciones de la Caída

Moisés 5 registra que, después de recibir instrucción sobre la redención, Adán bendijo a Dios porque sus ojos habían sido abiertos y porque podría volver a ver a Dios en la carne. Eva declaró que, sin su transgresión, no habrían tenido posteridad ni conocido el bien y el mal, «ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes» (Moisés 5:10–11). Esta perspectiva es esencial para comprender por qué la doctrina de los Santos de los Últimos Días honra el papel de ambos en el plan de Dios.

Adán, Miguel y su misión premortal

La doctrina oficial también identifica a Adán con Miguel, el arcángel. Doctrina y Convenios 107:54 lo llama «Miguel, el príncipe, el arcángel». El manual Principios del Evangelio enseña que Adán y Eva estuvieron entre los hijos nobles del Padre y que fueron escogidos para ser los primeros padres de la familia humana. La Caída, por tanto, se comprende dentro de una misión vinculada al plan establecido antes de esta vida.

La Caída hace indispensable la expiación de Jesucristo

La Caída no puede estudiarse de manera aislada de Jesucristo. Al hacerse mortales, Adán y Eva y su posteridad quedaron sujetos a la muerte física; al quedar fuera de la presencia de Dios, experimentaron también la muerte espiritual. El plan de redención proporciona la respuesta a ambas consecuencias. Por medio de Su muerte y Resurrección, Jesucristo vence la muerte física para todos; por medio de Su expiación, hace posible vencer la separación espiritual y los pecados personales mediante la fe, el arrepentimiento y los convenios del Evangelio. Véanse 2 Nefi 9:6–13; Helamán 14:15–18; 1 Corintios 15:20–22.

La oposición y el albedrío

Lehi relaciona directamente la Caída con la necesidad de oposición: sin contrarios no podrían existir justicia ni iniquidad, felicidad ni miseria, bien ni mal (2 Nefi 2:11). Doctrina y Convenios 29:39 enseña asimismo que era necesario que el diablo tentara a los hijos de los hombres; de otro modo, no podrían ser sus propios agentes. La mortalidad es así un estado de aprendizaje real en el que el albedrío adquiere significado moral.

Lo revelado y lo que todavía no se ha revelado

El propio documento concluye reconociendo que existen aspectos de la Creación y de la Caída que todavía no han sido revelados plenamente. Esa cautela coincide con el principio expresado en Doctrina y Convenios 101:32–34: en el día del Señor se revelarán cosas pasadas, cosas ocultas, asuntos relativos a la tierra, su creación, su propósito y su estado final. Por ello, donde la revelación no ofrece detalles, la postura doctrinal prudente es no convertir especulaciones en doctrina.

Fuentes oficiales para la ampliación doctrinal

• Las Escrituras: 2 Nefi 2:11–27; 2 Nefi 9:6–13; Doctrina y Convenios 29:39–43; 101:32–34; 107:54–56; Moisés 3–6.

• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «La caída de Adán y Eva», Temas y preguntas / Guía para el estudio del Evangelio.

• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Principios del Evangelio, capítulo 6, «La caída de Adán y Eva».

• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, Doctrinas del Evangelio: Manual del alumno, capítulo 8, «La Caída».

• Dallin H. Oaks, «El gran plan de felicidad», Conferencia General, octubre de 1993.

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