Nota editorial. Este artículo conserva el contenido, argumentos, cautelas doctrinales, referencias históricas y conclusiones del estudio original. La edición reorganiza la presentación para lectura web y corrige únicamente cortes de línea y detalles de puntuación. Las afirmaciones históricas se mantienen con el mismo grado de cautela del documento fuente, sin convertir reminiscencias, opiniones o posibilidades teológicas en revelación canonizada.
Introducción
Hermanos y hermanas, bienvenidos a SOLO PARA MIEMBROS. Hoy vamos a entrar en uno de los temas más hermosos, profundos y, al mismo tiempo, menos desarrollados de nuestra teología: Y quiero comenzar haciendo una aclaración fundamental.
No vamos a inventar nombres. No vamos a construir doctrinas donde no existe revelación. No vamos a convertir opiniones personales en enseñanzas de la Iglesia. Pero tampoco vamos a repetir una idea que muchos miembros hemos escuchado durante años:
“De la Madre Celestial no se puede hablar”. Porque eso tampoco es correcto. La propia Iglesia posee un ensayo oficial dedicado específicamente a la Madre Celestial. Y allí declara algo extraordinariamente claro:
Todos los seres humanos, hombres y mujeres, somos hijos espirituales amados de Padres Celestiales: un Padre Celestial y una Madre Celestial. Por tanto, la existencia de una Madre Celestial no es una teoría marginal del mormonismo.
No es una ocurrencia feminista moderna. No es doctrina secreta. No es una creencia abandonada del siglo XIX. Es una enseñanza reconocida oficialmente por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
La verdadera pregunta no es: “¿Existe una Madre Celestial?” La Iglesia responde que sí. La verdadera pregunta es: ¿QUÉ SABEMOS REALMENTE DE ELLA? Y quizá todavía más importante: ¿qué cosas creemos saber, pero en realidad nunca han sido reveladas?
1. Una doctrina que aparece muy temprano en la restauración
Aquí comienza una historia fascinante. No existe actualmente ningún documento conocido en el que José Smith haya registrado una revelación formal diciendo:
“Así dice el Señor acerca de vuestra Madre Celestial”. Eso hay que reconocerlo claramente. Pero existen testimonios posteriores de mujeres de los primeros años de la Iglesia que afirmaron que José Smith les enseñó personalmente acerca de una Madre Celestial.
Uno de los relatos más importantes tiene como protagonista a Zina Diantha Huntington. Su madre murió en 1839. Según el recuerdo conservado posteriormente por Susa Young Gates, José Smith consoló a Zina diciéndole que no solamente volvería a encontrarse con su madre terrenal, sino que llegaría a conocer a su Madre eterna.
Pensemos en la implicación. Estamos hablando de una tradición atribuida al ministerio de José Smith años antes de que apareciera públicamente el famoso poema de Eliza R. Snow. Pero debemos ser rigurosos:
No tenemos una transcripción contemporánea de José diciendo esas palabras. Tenemos una reminiscencia histórica posterior. Por eso constituye evidencia histórica importante, pero no debemos presentarla como una revelación canonizada.
2. Eliza R. Snow y las palabras que cambiaron todo
José Smith murió en junio de 1844. Poco después apareció públicamente una idea que terminaría formando parte de la identidad teológica de los Santos de los Últimos Días.
En 1845, Eliza R. Snow escribió un poema llamado originalmente: “MY FATHER IN HEAVEN” — “MI PADRE CELESTIAL”. Posteriormente se convertiría en nuestro conocido himno: “OH MI PADRE”.
Allí aparecen unas palabras extraordinarias: “¿Hay en cielos padres solos? Clara la razón está; la verdad eterna muestra: madre hay también allá”. Aquello era mucho más que poesía sentimental.
Eliza estaba articulando una concepción radical para el cristianismo de su tiempo: la familia celestial incluye Padre y Madre. Y todavía resulta más interesante que fuentes históricas de la Iglesia señalen que escritos y discursos conservados de José Smith no mencionan directamente a una Madre Celestial, pero testimonios posteriores indican que enseñó esta doctrina privadamente a Eliza Snow y otras personas.
Por eso debemos evitar dos extremos. No podemos decir: “José Smith recibió una revelación escrita sobre la Madre Celestial”. No tenemos tal documento. Pero tampoco sería correcto afirmar:
“La Madre Celestial fue simplemente una idea inventada posteriormente por Eliza Snow”. La evidencia histórica es más compleja.
3. 1909: La Primera Presidencia hace una declaración extraordinaria
Ahora avanzamos hasta 1909. La Primera Presidencia publicó una declaración conocida como: “THE ORIGIN OF MAN” — “EL ORIGEN DEL HOMBRE”. Y allí encontramos una afirmación fundamental.
La Primera Presidencia enseñó que hombres y mujeres existen a semejanza del Padre y de la Madre universales y que somos literalmente hijos e hijas de la Deidad. Esto cambia completamente la conversación.
Porque la Madre Celestial ya no aparece solamente en poesía. Aparece dentro de declaraciones de la Primera Presidencia. Y entonces Génesis adquiere una dimensión particularmente interesante:
“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Y después: “Varón y hembra los creó”. ¿Significa esto que Génesis está revelando explícitamente a la Madre Celestial?
No podemos afirmar eso como interpretación oficial del pasaje. Pero líderes Santos de los Últimos Días históricamente sí han relacionado la creación del hombre y de la mujer a imagen divina con nuestra filiación respecto de Padres Celestiales.
4. La Proclamación sobre la Familia
Y llegamos a 1995. La Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles presentan: “LA FAMILIA: UNA PROCLAMACIÓN PARA EL MUNDO”. Allí aparece una frase fundamental: Cada ser humano es un amado hijo o hija espiritual de Padres Celestiales y, como tal, tiene una naturaleza y un destino divinos.
Observen cuidadosamente la expresión: No dice solamente: “hijos de nuestro Padre Celestial”. Dice: PADRES CELESTIALES. Plural. Esto significa que nuestra identidad eterna no está fundamentada solamente en la existencia de un Padre.
Dentro de la teología restaurada, pertenecemos a una familia celestial. Y esto explica una famosa declaración del presidente Dallin H. Oaks: “Nuestra teología comienza con Padres Celestiales. Nuestra aspiración más elevada es llegar a ser como Ellos”.
Noten nuevamente: Ellos.
5. ¿Es la Madre Celestial una Diosa?
Aquí entramos en terreno que necesita muchísimo cuidado. Si por “Diosa” alguien quiere decir una integrante adicional de la Trinidad o de la Trinidad tradicional cristiana, esa no es la enseñanza de la Iglesia.
La Deidad que reconocemos doctrinalmente está compuesta por: Dios el Padre, Jesucristo y el Espíritu Santo. Pero históricamente varios líderes utilizaron un lenguaje extraordinariamente elevado para describir a nuestra Madre Celestial.
El élder John A. Widtsoe habló de una Madre que posee atributos de divinidad. James E. Talmage habló de nuestra descendencia espiritual de nuestro Padre Eterno y nuestra Madre divina.
Rudger Clawson escribió una frase especialmente significativa: “Honramos a la mujer cuando reconocemos divinidad en su Prototipo eterno”. Eso significa algo profundo. La exaltación femenina no consiste en que una mujer termine convertida en algo masculino.
La mujer tiene un modelo femenino de divinidad. Si existe un Padre Celestial exaltado y una Madre Celestial exaltada, entonces el destino divino proclamado para hombres y mujeres adquiere una profundidad impresionante.
Pero debemos poner aquí una barrera doctrinal: La Iglesia no enseña que la Madre Celestial sea un cuarto miembro de la Deidad. No confundamos divinidad con pertenencia a la Deidad. Son preguntas diferentes.
6. Una controversia interna que casi nunca se cuenta
Aquí aparece algo históricamente muy interesante. Los líderes Santos de los Últimos Días no siempre utilizaron exactamente el mismo lenguaje al explicar las implicaciones de esta doctrina.
George Q. Cannon advirtió contra una tendencia a convertir a la Madre Celestial en objeto de adoración y rechazó considerarla parte de la Deidad. Pero posteriormente Rudger Clawson utilizó un lenguaje mucho más afirmativo acerca de su divinidad.
Esto nos enseña algo importante sobre cómo estudiar nuestra historia: una declaración aislada de un líder no necesariamente constituye la formulación definitiva de una doctrina. Tenemos que distinguir entre opiniones, exploraciones teológicas, enseñanzas históricas y declaraciones institucionales posteriores.
Y la formulación moderna es mucho más prudente. La Iglesia afirma que existe. Afirma que somos hijos de Padres Celestiales. Afirma su amor y preocupación por nosotros. Pero evita definir cuestiones que no han sido reveladas.
7. ¿Participó la Madre Celestial en la Creación?
Esta pregunta resulta fascinante. En la literatura histórica SUD encontramos declaraciones que atribuyen a la Madre Celestial una participación activa dentro de la obra eterna de nuestros Padres Celestiales.
Algunos líderes y autores vinculados a publicaciones de la Iglesia describieron a la Madre Celestial como participante con el Padre en la creación. Jeffrey R. Holland y Patricia Holland incluso hablaron de nuestros Padres Celestiales como participantes amorosos y cuidadosos en el proceso creador.
Pero aquí debemos establecer nuevamente una diferencia. Una cosa es decir: existen enseñanzas históricas de líderes que describen esa participación. Otra muy diferente sería decir: “La Iglesia ha revelado exactamente qué creó la Madre Celestial y cómo lo hizo”.
Eso no lo sabemos. Las Escrituras no ofrecen una descripción detallada de su participación específica en la Creación. Por tanto: posibilidad teológica respaldada históricamente: sí. Mecanismo revelado: no.
8. ¿Participó en el Plan de Salvación?
Aquí encontramos una expresión especialmente hermosa. El élder M. Russell Ballard enseñó que somos parte de: “un plan divino diseñado por Padres Celestiales que nos aman”. Pensemos en la expresión.
No presenta a nuestra Madre Celestial como una figura decorativa en algún rincón del universo. Habla de Padres Celestiales relacionados con el plan mediante el cual sus hijos progresan.
Antiguos manuales de la Iglesia incluso hablaron del hogar celestial proporcionado por nuestros Padres Celestiales y de que Ellos sabían que tendríamos que abandonar temporalmente su presencia para progresar.
Eso nos permite mirar la existencia premortal desde otra perspectiva. Antes de venir aquí… teníamos Padres. No solamente procedíamos de algún lugar abstracto llamado “cielo”. Pertenecíamos a una familia celestial.
9. ¿Nos despedimos de nuestra Madre Celestial?
Aquí aparece una de las imágenes más conmovedoras encontradas en la literatura SUD. Harold B. Lee imaginó el momento en que nuestros Padres Celestiales nos enviaron a la mortalidad.
Habló de Padre y Madre despidiendo a sus hijos cuando llegó el momento de venir a la Tierra. Incluso reflexionó que quizá hubo tristeza porque sabían que Satanás estaba aquí. Esto no debe convertirse en una reconstrucción cinematográfica de la vida premortal.
No sabemos cómo ocurrió literalmente nuestra partida. Pero demuestra algo que muchas personas desconocen: los líderes de la Iglesia sí hablaron abiertamente de nuestra Madre Celestial.
Y no solamente hablaron de su existencia. Hablaron de su amor. De su preocupación. De nuestra relación con Ella.
10. ¿La Madre Celestial está involucrada actualmente en nuestra vida?
Harold B. Lee hizo otra declaración sorprendente. Dijo que algunas veces olvidamos que tenemos: un Padre Celestial y una Madre Celestial que están incluso más preocupados por nosotros que nuestros padres terrenales.
Esto desmonta una caricatura bastante extendida: la idea de una Madre Celestial completamente ausente, silenciosa e indiferente. No tenemos revelación detallando cómo interviene. Pero la tradición profética ha presentado a nuestros Padres Celestiales como interesados profundamente en nuestro progreso.
M. Russell Ballard enseñó igualmente que el amor y la preocupación de nuestros Padres Celestiales continúan hasta este momento. Eso significa que la Madre Celestial no pertenece simplemente a nuestro pasado premortal.
Forma parte de nuestra identidad eterna.
11. El mito del «silencio sagrado»
Ahora tenemos que desmontar uno de los mitos más repetidos entre miembros de la Iglesia. Probablemente ustedes también lo escucharon: “Dios no permite que hablemos de la Madre Celestial porque la ama tanto que quiere protegerla de las blasfemias de los hombres”.
Suena hermoso. Incluso romántico. Pero existe un problema: no tenemos revelación que enseñe eso. Investigadores de BYU Studies revisaron cientos de referencias y encontraron que la idea de que los líderes hubieran establecido una prohibición general de hablar de la Madre Celestial no corresponde bien con el registro histórico.
Profetas, apóstoles y líderes hablaron de Ella. La Iglesia canta acerca de Ella. La Proclamación sobre la Familia presupone su existencia. La Iglesia publicó un ensayo completo sobre Ella.
Por tanto, no existe una doctrina oficial llamada: “No podemos hablar de nuestra Madre Celestial porque el Padre la está protegiendo”. Eso pertenece más bien al folclore cultural de algunos Santos de los Últimos Días.
Respeto: sí. Reverencia: absolutamente. Inventar doctrinas: no. Silencio obligatorio: tampoco.
12. Entonces, ¿Por qué no oramos a Ella?
Esta es probablemente la pregunta más delicada. Si tenemos una Madre Celestial… ¿por qué no podemos dirigirnos a Ella en oración? El presidente Gordon B. Hinckley respondió directamente a esta cuestión en 1991.
Reconoció la doctrina de una Madre Celestial. Pero explicó que considera inapropiado que los miembros oren a Ella. ¿Por qué? No porque Ella sea inferior. No porque carezca de gloria.
No porque el Padre necesite protegerla. La razón es mucho más sencilla: Jesucristo estableció el patrón de oración. Cristo enseñó: “Padre nuestro que estás en los cielos…” Y entre los nefitas: orar al Padre en el nombre de Cristo. El élder Dale G. Renlund volvió sobre exactamente este punto en la Conferencia General de abril de 2022. Dijo que sabemos muy poco acerca de nuestra Madre Celestial y que, una vez estudiado el ensayo oficial de la Iglesia, básicamente conoceremos lo que él mismo conoce acerca del tema.
Y advirtió: la razón no puede sustituir la revelación. Por eso los Santos de los Últimos Días dirigimos nuestras oraciones al Padre Celestial en el nombre de Jesucristo. No porque menospreciemos a nuestra Madre Celestial.
Sino porque seguimos el modelo revelado por el Salvador.
13. ¿Conocemos su nombre?
No. Y aquí debemos ser categóricos. La Iglesia no ha revelado el nombre personal de nuestra Madre Celestial. Cualquier persona que afirme conocerlo tiene la responsabilidad de demostrar una revelación autorizada.
No existe en nuestras Escrituras una identificación oficial como: Asherah. Sophia. Shekinah. Eva celestial. María. O cualquier otro nombre utilizado en religiones antiguas o modernas.
Podemos estudiar esas figuras desde la historia comparada de las religiones. Pero identificarlas directamente con nuestra Madre Celestial sería ir más allá de la revelación recibida.
14. ¿Es Asherah la Madre Celestial?
Esta pregunta aparece constantemente en Internet. La antigua religión israelita tuvo expresiones y controversias relacionadas con Asherah. Arqueólogos y biblistas han estudiado inscripciones y tradiciones asociadas con Yahvé y Asherah.
Esto constituye un campo legítimo de investigación histórica. Pero cuidado. De ahí no podemos saltar automáticamente a: “Asherah era nuestra Madre Celestial y su nombre verdadero era este”.
La Iglesia jamás ha revelado tal identificación. Puede ser una pregunta académicamente interesante. No es doctrina revelada. Y aquí está precisamente la diferencia entre investigar y especular.
15. ¿Hay una Madre Celestial o varias?
Ahora llegamos a otra pregunta incómoda. Debido a la práctica histórica del matrimonio plural entre algunos Santos de los Últimos Días del siglo XIX, ciertos autores y líderes especularon acerca de múltiples madres celestiales.
La pregunta inevitable era: Si algunos hombres exaltados podían estar eternamente unidos a más de una esposa… ¿podría ocurrir lo mismo con Dios? Históricamente existieron especulaciones en esa dirección.
Pero aquí debemos ser extremadamente claros: la Iglesia actual no enseña como doctrina revelada que existan múltiples Madres Celestiales. El lenguaje oficial contemporáneo habla de:
“a Heavenly Mother” — una Madre Celestial y de: “Heavenly Parents” — Padres Celestiales. Por tanto, afirmar que diferentes seres humanos somos hijos de diferentes Madres Celestiales sería ir más allá de lo revelado.
No sabemos eso. Y cuando no sabemos algo, decir: “NO LO SABEMOS” es mucho más fiel a la Restauración que inventar una respuesta.
16. ¿Es Ella la Madre de nuestros espíritus?
La enseñanza oficial dice que somos: hijos espirituales de Padres Celestiales. Pero debemos evitar imaginar que la generación espiritual funciona exactamente igual que la reproducción mortal.
¿Cómo se convierten las inteligencias en hijos espirituales? ¿Cuál fue específicamente la participación del Padre? ¿Cuál fue específicamente la participación de la Madre? ¿Cómo ocurre una procreación espiritual?
No lo sabemos. Las Escrituras no describen el mecanismo. Y aquí aparece nuevamente el principio de Renlund: la razón no puede reemplazar la revelación.
17. Una consecuencia enorme para las mujeres
Aquí probablemente encontramos una de las implicaciones más poderosas de toda esta doctrina. ¿Qué significa decirle a una mujer: “Tienes una Madre Celestial”? Significa que la feminidad no es un accidente temporal de la mortalidad.
La Proclamación enseña que el sexo es una característica esencial de nuestra identidad y propósito premortales, mortales y eternos. Entonces una mujer no necesita preguntarse: “Si llego a ser exaltada, ¿qué modelo divino tengo?”
La doctrina de Padres Celestiales responde: Existe feminidad exaltada. Existe maternidad divina. Existe una mujer celestial que posee naturaleza divina. Y las mujeres son literalmente hijas de Padres Celestiales con potencial divino.
Eso constituye una afirmación teológica extraordinariamente elevada sobre la mujer.
18. Y también tiene una consecuencia para los hombres
Porque si nuestra aspiración máxima consiste en llegar a ser como nuestros Padres Celestiales, entonces la exaltación masculina tampoco es individual. Doctrina y Convenios 132 enseña la naturaleza eterna del matrimonio dentro del nuevo y sempiterno convenio.
Pablo enseñó: “Ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor”. La exaltación no es la historia de un hombre convirtiéndose en un dios solitario. La imagen doctrinal es relacional.
Familiar. Padre y Madre. Hijos. Alianzas. Sellamiento. Vida eterna. La familia no es solamente una organización útil para sobrevivir durante 80 años en la Tierra. Es una estructura que apunta hacia la eternidad.
19. ¿Volveremos a verla?
Aquí aparece quizá la imagen más hermosa de todas. Eliza R. Snow preguntó poéticamente si, después de abandonar esta existencia mortal, podría encontrarse nuevamente con: Padre y Madre en las cortes reales de lo alto.
Décadas después, el élder Neal A. Maxwell hizo una reflexión memorable. Al hablar de nuestro regreso al hogar celestial, preguntó cómo podría imaginarse semejante bienvenida real sin los preparativos de una Madre Celestial.
Y Spencer W. Kimball hizo otra pregunta profunda: Si nuestras madres mortales ejercen una influencia tan extraordinaria sobre nosotros… ¿podríamos imaginar que la influencia de nuestra Madre Celestial fuese menor cuando regresemos a su presencia?
No sabemos cómo será ese encuentro. No conocemos las palabras. No conocemos las circunstancias. Pero la esperanza de volver a la presencia de nuestros Padres Celestiales está profundamente integrada en nuestra doctrina de exaltación.
20. Una de las declaraciones más hermosas
En 2010, el élder Glenn L. Pace habló particularmente a las mujeres. Y presentó una imagen extraordinaria. Dijo, en esencia, que llegará el momento en que las hijas de Dios estarán delante de sus Padres Celestiales y contemplarán el rostro de su Madre.
Y que entonces comprenderán de una manera incomparable su propia naturaleza y destino divinos. Pensemos en eso. Algún día una hija de Dios podría contemplar a una mujer exaltada y comprender:
“Eso es lo que significa plenamente mi potencial eterno”. No estamos hablando simplemente de maternidad mortal. Estamos hablando de: DIVINIDAD FEMENINA. De una existencia celestial.
De exaltación. De eternidad.
21. Las cinco cosas que no sabemos
Después de toda esta investigación quiero terminar la parte doctrinal diciendo algo igualmente importante. Hay preguntas que NO PODEMOS RESPONDER. No sabemos su nombre personal. No conocemos detalladamente su apariencia.
No sabemos exactamente cómo participa en la creación. No sabemos exactamente cómo ocurre nuestra generación como hijos espirituales. Y no poseemos revelación autorizada que explique cada aspecto de su relación con el Padre.
¿Eso debilita la doctrina? No. Nos enseña humildad. En nuestra religión existe una frase extraordinariamente importante: “Creemos que aún ha de revelar muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios”.
No toda pregunta necesita recibir una respuesta inventada. Algunas preguntas esperan revelación.
Conclusión
Entonces… Podemos afirmar responsablemente: Existe. Es nuestra Madre Celestial. Somos hijos espirituales de Padres Celestiales. Posee naturaleza divina. Nuestros Padres Celestiales nos aman.
Nuestra existencia eterna está relacionada con Ellos. El destino divino del hombre y de la mujer encuentra su modelo en nuestros Padres Celestiales. Y esperamos regresar algún día a su presencia.
Pero no conocemos su nombre. No debemos dirigirle nuestras oraciones, porque el Salvador estableció que debemos orar al Padre en Su nombre. No debemos convertir especulaciones históricas en revelación.
No debemos identificarla arbitrariamente con diosas antiguas. Y tampoco debemos aceptar el mito de que está prohibido hablar de Ella. Quizá el gran misterio de nuestra Madre Celestial no consiste en que la Iglesia la haya escondido.
Quizá consiste simplemente en que Dios todavía no ha revelado todo lo que quisiéramos saber de Ella. Y entonces aparece una idea extraordinaria: Cuando cantamos: “Madre hay también allá” no estamos cantando simplemente una hermosa metáfora. Estamos cantando acerca de nuestra identidad. De nuestro origen. De nuestro destino. Y posiblemente… de alguien a quien conocíamos antes de nacer.
Alguien que nos amaba antes de que existiera nuestro primer recuerdo mortal. Alguien cuya existencia nos recuerda que el cielo no solamente es un reino. También es un hogar. Y que al final del camino… si somos fieles a Jesucristo y recibimos mediante Él el don de la vida eterna… no estaremos regresando simplemente a algún lugar del universo. Estaremos regresando a casa. A la presencia de nuestros…
PADRES CELESTIALES. Soy Manuel Tello. Esto es SOLO PARA MIEMBROS, por CANAL LAMANITA. Y recuerden: investigar los misterios de Dios puede fortalecer nuestra fe… si tenemos la humildad suficiente para distinguir entre aquello que Dios ha revelado… y aquello que todavía no sabemos.
Guía doctrinal de lectura
Podemos afirmar con seguridad
Existe una Madre Celestial; somos hijos e hijas espirituales de Padres Celestiales; nuestra identidad y destino divinos están relacionados con Ellos; la Iglesia reconoce y enseña esta doctrina.
No debemos afirmar como revelación
Su nombre personal, una identificación con Asherah u otras figuras religiosas antiguas, el mecanismo de la generación espiritual, los detalles de su participación específica en la Creación o la existencia de múltiples Madres Celestiales.
Oración y revelación
El patrón revelado es orar al Padre Celestial en el nombre de Jesucristo. La reverencia hacia la Madre Celestial no autoriza a sustituir ese modelo ni a llenar con razonamientos aquello que todavía no ha sido revelado.
El principio central
Hablar de la Madre Celestial no está prohibido. Lo responsable es hacerlo con reverencia, basándonos en lo que la Iglesia y sus líderes han enseñado, y teniendo la humildad de decir «no lo sabemos» cuando la revelación no ha dado una respuesta.


