LA TRANSFIGURACIÓN DE BRIGHAM YOUNG

El día en que el manto de José Smith descansó sobre Brigham Young
EL DÍA EN QUE EL MANTO DE JOSÉ SMITH DESCANSÓ SOBRE BRIGHAM YOUNG

8 de agosto de 1844 — Nauvoo, Illinois

No una leyenda, sino un testimonio colectivo

Para los Santos de los Últimos Días que dejaron sus testimonios, lo ocurrido en Nauvoo el 8 de agosto de 1844 no fue una metáfora literaria inventada décadas después. Fue una manifestación divina. Muchos declararon que, mientras Brigham Young hablaba, su voz, su apariencia, sus gestos o su presencia les recordaron de manera extraordinaria al profeta José Smith; otros dijeron sencillamente que el manto de José descansó sobre él; otros recibieron por el Espíritu la certeza de dónde reposaban las llaves y la autoridad de la Iglesia.

Este artículo adopta deliberadamente la perspectiva de fe de esos testigos: la transfiguración fue real como manifestación divina y cumplió una función providencial en un momento de crisis. Al mismo tiempo, ser fiel a los testigos exige no hacerles decir lo que no dijeron. No todos describieron exactamente el mismo fenómeno, no todos afirmaron haber visto un cambio físico y las actas tomadas durante las reuniones no registraron el prodigio. La fortaleza histórica del acontecimiento está precisamente en la convergencia de numerosos recuerdos independientes de una experiencia extraordinaria, no en fingir una uniformidad documental que no existe.

27 de Junio de 1844: la iglesia queda sin José y sin Hyrum

José Smith y su hermano Hyrum fueron asesinados en Carthage, Illinois, el 27 de junio de 1844. La muerte de José produjo una situación sin precedente. Él era Presidente de la Iglesia, vidente, revelador, traductor y profeta; Hyrum era Patriarca de la Iglesia y había sido señalado para ocupar una posición de gran importancia. La Primera Presidencia, tal como había funcionado bajo José, quedó desarticulada.

La pregunta no era simplemente quién sería una figura popular. Era quién poseía las llaves necesarias para continuar la obra. José había conferido responsabilidades y autoridad a distintos hombres y cuerpos: la Primera Presidencia, el Cuórum de los Doce, el sumo consejo, el Consejo de los Cincuenta y otros. Además, había hablado de futuros papeles para miembros de su familia. Por eso la sucesión de 1844 no puede reducirse a una elección presidencial moderna.

Sidney Rigdon regresa a Nauvoo

Sidney Rigdon había sido Primer Consejero de José Smith en la Primera Presidencia. En 1844 se encontraba en Pittsburgh, Pensilvania, en parte porque la candidatura presidencial de José requería que su compañero de fórmula residiera legalmente en otro estado. Después del martirio regresó apresuradamente a Nauvoo.

Rigdon sostuvo que había recibido una revelación según la cual debía ser nombrado “guardián” de la Iglesia. Su argumento se apoyaba en su condición de consejero sobreviviente de José. No proponía exactamente convertirse en un nuevo José Smith; presentaba su función como la de alguien que preservaría y dirigiría la Iglesia en nombre del Profeta fallecido.

El problema era que varios miembros del Cuórum de los Doce estaban fuera de Nauvoo. Brigham Young, presidente del Cuórum, se encontraba en el Este cuando recibió la noticia de la muerte de José. Regresó con otros apóstoles y llegó a Nauvoo el 6 de agosto.

Las llaves ya habían sido entregadas

La posición de Brigham Young no dependía de una transformación física para crear autoridad donde antes no existía. Su argumento era que José Smith ya había conferido a los Doce las llaves necesarias para llevar adelante el reino.

En los meses anteriores a su muerte, José había instruido intensamente a los Doce y a otros dirigentes sobre las ordenanzas del templo, el sacerdocio y la administración de la Iglesia. Para Brigham, la pregunta fundamental era quién poseía las llaves que José había entregado.

Esto es decisivo para comprender la transfiguración: la manifestación no otorgó las llaves a Brigham. Desde la perspectiva de los santos, confirmó espiritualmente ante el pueblo dónde se encontraban las llaves que José ya había transmitido.

7 de Agosto: Sidney presenta su reclamación

El 7 de agosto, Sidney Rigdon expuso su posición ante dirigentes de la Iglesia. Quería que se actuara con rapidez. Brigham Young y los Doce no aceptaron que la Iglesia debiera reorganizarse alrededor de Rigdon como guardián.

Se convocó al pueblo para el día siguiente. Nauvoo estaba todavía de duelo. Habían transcurrido solamente seis semanas desde que los cuerpos de José y Hyrum habían regresado desde Carthage. Para miles de santos, el 8 de agosto no era una discusión abstracta de gobierno eclesiástico: era la pregunta de cómo podía continuar la obra sin el hombre cuya voz habían escuchado durante años.

8 de Agosto, por la mañana: Sidney habla

La reunión de la mañana se celebró al aire libre. Sidney Rigdon habló extensamente y defendió su propuesta de convertirse en guardián de la Iglesia. Thomas Bullock tomó notas taquigráficas de aquella reunión.

Después de Rigdon, Brigham Young se levantó. Su intervención matutina fue comparativamente breve y convocó a los santos para una reunión posterior. Pero fue durante las reuniones de aquel día —los recuerdos difieren acerca de si la manifestación principal ocurrió por la mañana, por la tarde o en más de una ocasión— cuando numerosos asistentes dijeron haber experimentado algo extraordinario.

La investigación de Lynne Watkins Jorgensen ha reunido 129 personas que dejaron o transmitieron recuerdos relacionados con el “manto”. Esa cifra no significa que 129 declararan idénticamente que el rostro de Brigham se transformó físicamente en el de José. Significa que existe un corpus excepcionalmente amplio de testimonios de una experiencia colectiva: voz, apariencia, gestos, espíritu, manto o certeza espiritual.

“Creí que era José”

Uno de los rasgos más repetidos en los recuerdos es la voz. Personas que habían conocido personalmente a José dijeron que, al oír a Brigham, fueron sorprendidas por una voz que reconocían.

George Morris recordó que Brigham se levantó en la sesión de la tarde y que él fue sobresaltado al escuchar la voz de José. Recordaba incluso la manera peculiar en que José se aclaraba la garganta antes de hablar. Levantó la cabeza y afirmó haber visto a José tan claramente como lo había visto en vida. Para Morris, aquello resolvió la cuestión de dónde descansaba la autoridad.

Otros relatos describen reacciones semejantes: personas que levantaron la cabeza, se pusieron de pie o miraron con sorpresa porque por un instante creyeron escuchar nuevamente al Profeta muerto.

No solo la voz: forma, apariencia y gestos

Otros testigos fueron más allá de la semejanza vocal. Recordaron que Brigham parecía asumir la apariencia, el porte o los movimientos de José.

La colección publicada por BYU Studies conserva recuerdos en los que se habla de la “forma y apariencia” de José, de su personalidad reconocible y de una transformación percibida ante los ojos de los presentes. Philomela Smith Lake y su familia preservaron la memoria de que Brigham fue transformado ante el pueblo como testimonio celestial. Tradiciones familiares de otros asistentes transmitieron experiencias semejantes.

George Q. Cannon publicó en 1870 una formulación que se volvería especialmente influyente: describió a la congregación como viendo y oyendo a José con sus ojos y oídos naturales. Wilford Woodruff también testificó públicamente sobre el manto en 1872.

Para quienes dieron estos testimonios, no estaban describiendo una buena imitación teatral. Estaban testificando de una intervención de Dios.

El testimonio de Brigham Young ese mismo día

El propio Brigham dejó un registro fechado el 8 de agosto. No escribió que su rostro hubiera cambiado ni afirmó que el pueblo lo hubiera confundido físicamente con José. Su lenguaje, sin embargo, es profundamente espiritual. Dijo que su corazón estaba lleno de compasión por los santos y que, por el poder del Espíritu Santo —“el espíritu de los Profetas”— pudo consolar sus corazones.

En la tarde, escribió, el pueblo se reunió por miles. Expuso el orden de la Iglesia y el poder del sacerdocio durante un discurso prolongado. Al terminar, describió a la Iglesia como de “un corazón y una mente”: querían que los Doce dirigieran la Iglesia como José lo había hecho.

Ese registro contemporáneo no describe la transfiguración visual, pero sí muestra que Brigham interpretó su capacidad de hablar y consolar aquel día como una operación del Espíritu Santo y del espíritu de los profetas.

La reunión de la tarde

Por la tarde se reunió nuevamente una multitud. Brigham explicó el orden de la Iglesia, la posición del Cuórum de los Doce y las llaves del sacerdocio. W. W. Phelps, que podría haber sido esperado como apoyo de Rigdon, terminó hablando a favor de la posición de los Doce.

Brigham insistió en que ningún hombre sustituiría a José en el sentido de borrar su lugar. Pocos días después escribiría que nadie debía presumir que el lugar de José sería llenado por otro, porque José permanecería en su propio lugar.

El asunto presentado al pueblo no fue simplemente “Brigham contra Sidney”. La propuesta era que el Cuórum de los Doce, como cuórum, presidiera la Iglesia. Los santos sostuvieron a los Doce. Brigham era su presidente, pero todavía no fue sostenido ese día como Presidente de una nueva Primera Presidencia.

El manto de Elías y Eliseo

Los santos interpretaron lo sucedido mediante una imagen bíblica poderosa: Elías y Eliseo. Cuando Elías fue llevado, Eliseo recogió su manto; los hijos de los profetas reconocieron que el espíritu de Elías descansaba sobre Eliseo.

La comparación apareció tempranamente en el lenguaje de los Santos de los Últimos Días. La idea del “manto” no significaba que Brigham se convirtiera literalmente en José ni que José perdiera su identidad eterna. Significaba continuidad profética: la obra seguía, las llaves permanecían y el mismo Dios que había llamado a José no había abandonado a la Iglesia.

W. W. Phelps condensó esa convicción en poesía al hablar del manto de José sobre los hombros de Brigham.

Una evidencia temprana: Arza Hinckley y Howard Egan

Una objeción frecuente sostiene que la historia del manto apareció solamente décadas después. La evidencia es más compleja.

Cinco días después de la reunión, Arza Hinckley se refirió a Brigham Young como aquel sobre quien había caído el manto del profeta José. Esto no es todavía una descripción detallada de una transformación física, pero demuestra que el lenguaje del manto circulaba inmediatamente después de los acontecimientos.

Existe además una carta temprana vinculada a Howard Egan. El 8 de diciembre de 1844, Jesse C. Little escribió a Brigham Young citando una carta de Egan recibida alrededor del tiempo de la conferencia. Egan había dicho, en esencia, que incluso un hombre ciego difícilmente habría podido distinguir que no era José. Esta evidencia es importante porque sitúa la asociación entre la voz de Brigham y la de José dentro de 1844, no medio siglo después.

¿Por qué las actas dicen «Brigham se transfiguró»?

Thomas Bullock estuvo presente y tomó notas. Willard Richards dejó una entrada extremadamente breve para el 8 de agosto. Ninguno registró en ese momento una descripción explícita de que el rostro o cuerpo de Brigham cambiara.

Ese silencio debe reconocerse. Ocultarlo debilitaría el caso en lugar de fortalecerlo.

Pero un acta no es una cámara de video. Las notas de Bullock estaban concentradas en los discursos y decisiones. Sus apuntes de la mañana contienen esencialmente lo dicho por Rigdon y Brigham, sin comentarios narrativos adicionales. El diario de Richards remite a otros registros y es inusualmente breve ese día.

La ausencia de una anotación contemporánea detallada significa que un historiador no puede demostrar una transformación física mediante un documento escrito en el instante. No significa que los numerosos testigos posteriores no experimentaran lo que afirmaron haber experimentado.

La objeción de Richard S. Van Wagoner

El historiador Richard S. Van Wagoner sostuvo que no existe evidencia contemporánea irrefutable de un acontecimiento místico y propuso explicaciones alternativas: la presencia dominante de Brigham, el duelo colectivo, la decepción con Rigdon e incluso la capacidad de Brigham para imitar a José.

Esa interpretación merece ser mencionada porque forma parte de la historiografía. Pero no constituye una refutación documental de la transfiguración. Como observa la edición ampliada de Opening the Heavens, Van Wagoner no produjo un documento contemporáneo que demostrara que la manifestación no ocurrió.

Además, una explicación psicológica puede describir condiciones bajo las cuales ocurrió una experiencia, pero no puede decidir por sí sola si Dios actuó o no. Esa última cuestión pertenece también al terreno de la fe y del testimonio espiritual.

129 Testimonios: qué demuestran y qué no

La segunda edición de Opening the Heavens reúne 129 personas que dejaron o transmitieron recuerdos de la experiencia del manto. Es una cantidad notable.

Pero debemos utilizarla correctamente. No son 129 declaraciones idénticas, contemporáneas y notarizadas. Algunas fueron escritas por los propios participantes; otras fueron transmitidas por familiares; algunas aparecieron relativamente temprano y otras décadas después. Algunos testigos hablaron de una transformación sensorial; otros del manto; otros de una impresión espiritual.

Lo que el conjunto demuestra con gran fuerza es que la memoria de una manifestación extraordinaria estuvo ampliamente distribuida entre participantes y familias de participantes. Para una lectura de fe, la diversidad no destruye el milagro: es exactamente lo que podría esperarse cuando una multitud vive una experiencia espiritual y cada persona describe aquello que percibió.

Wilford Woodruff, George Q. Cannon y otros testigos

Wilford Woodruff había conocido íntimamente a José Smith y estuvo presente en la crisis de sucesión. En 1872 testificó públicamente acerca del manto. George Q. Cannon publicó en 1870 una descripción en la que habló de una percepción tanto visual como auditiva de José a través de Brigham.

Benjamin F. Johnson, que conoció personalmente al Profeta, dejó una de las evocaciones más conocidas de la experiencia, asociando la voz, el rostro y la persona de Brigham con José. Otros testigos recordaron la voz; otros, la figura; otros, una certeza inmediata que eliminó sus dudas.

La importancia de estos hombres no consiste simplemente en sus futuros cargos eclesiásticos. Importa que habían conocido a José. Cuando afirmaban reconocer su voz o sus gestos, comparaban a Brigham con una persona real con quien habían convivido.

Mujeres y niños también recordaron el acontecimiento

La experiencia no quedó limitada a apóstoles o dirigentes varones. La recopilación de Jorgensen incluye mujeres y personas que eran niños o adolescentes en 1844.

Ann Cannon, que tenía doce años, recordó la reunión en la que Rigdon presentó su reclamación y Brigham habló, y afirmó que el manto del Profeta descansó sobre Brigham. Familias como los Lake y los Welch transmitieron durante generaciones que habían presenciado la manifestación.

Estos testimonios amplían el fenómeno más allá de un pequeño círculo de administradores interesados en justificar su propia autoridad.

No todos vieron lo mismo

Una manifestación divina no obliga a suponer que cada persona de una multitud percibió exactamente el mismo fenómeno. Las Escrituras mismas contienen experiencias colectivas en las que los participantes perciben distintos aspectos de una manifestación.

En Nauvoo, algunos dijeron ver; otros oír; otros sentir; otros simplemente supieron. Algunos recuerdos no mencionan ningún cambio físico. Por eso sería incorrecto afirmar que toda la multitud vio literalmente el rostro de José reemplazar el de Brigham.

La afirmación más fiel a las fuentes y, a la vez, plenamente compatible con la realidad del milagro es esta: durante las reuniones de sucesión, numerosos santos recibieron una manifestación divina colectiva en la que Brigham Young fue investido ante ellos con el manto profético de José; para una parte de los testigos esa manifestación incluyó una semejanza extraordinaria y perceptible de voz, apariencia, gestos o presencia.

¿Fue una «transfiguración» como la de Jesucristo?

La palabra transfiguración puede inducir a confusión si se entiende que el acontecimiento tuvo que ser idéntico a la Transfiguración de Jesucristo descrita en Mateo 17.

En la tradición histórica de los Santos de los Últimos Días, “transfiguración de Brigham Young” designa la manifestación en la que testigos percibieron en él la voz, apariencia o manto de José. No significa que Brigham se convirtiera ontológicamente en José, ni que recibiera en ese momento un cuerpo glorificado.

El propósito de la señal fue distinto: testificar continuidad de autoridad y consolar a una comunidad que acababa de perder violentamente a su Profeta.

Brigham no utilizó el milagro para coronarse

Un detalle que fortalece la sobriedad del relato es que Brigham Young no construyó su reclamación alrededor de decir: “Mírenme, me transformé en José”. Su discurso se concentró en las llaves, el sacerdocio, los cuórums y el orden de la Iglesia.

Tampoco afirmó ser un reemplazo personal de José. El 15 de agosto escribió que el lugar de José no sería ocupado por otro. Años después pudo hablar del “espíritu de José” que había caído sobre él y que, cuando él muriera, estaría preparado para caer sobre otro.

Así, el milagro funcionó como testimonio para los santos, mientras la legitimidad administrativa se explicó mediante las llaves conferidas por José.

El 8 de Agosto no se creó todavía una nueva Primera Presidencia

Este punto suele narrarse incorrectamente. El 8 de agosto de 1844 los santos no sostuvieron a Brigham Young como Presidente de la Iglesia en una Primera Presidencia recién organizada.

Sostuvieron al Cuórum de los Doce para presidir. Brigham, como presidente del Cuórum, quedó naturalmente en una posición central.

Durante más de tres años, la Iglesia fue dirigida por los Doce. No fue hasta diciembre de 1847, en Winter Quarters, cuando se reorganizó la Primera Presidencia con Brigham Young como Presidente y Heber C. Kimball y Willard Richards como consejeros. La reorganización fue posteriormente presentada a la Iglesia y sostenida en conferencia.

Sidney Rigdon después del 8 de Agosto

Sidney Rigdon no aceptó la resolución como el final de sus aspiraciones. Continuó reuniendo seguidores y organizando su propia estructura. En septiembre de 1844 fue sometido a un consejo eclesiástico y excomulgado.

Después salió de Nauvoo y encabezó un movimiento separado. Otros aspirantes y movimientos sucesorios también surgirían, entre ellos los asociados con James J. Strang y, posteriormente, la Reorganización encabezada por Joseph Smith III.

La crisis de sucesión, por tanto, fue históricamente real y compleja. La manifestación del 8 de agosto fue decisiva para quienes permanecieron con los Doce, pero no obligó a todos los antiguos miembros de la Iglesia a interpretar la sucesión del mismo modo.

El significado doctrinal: la llaves no murieron en Carthage

La enseñanza central del acontecimiento no es que Brigham Young fuera una copia de José Smith. Es que la muerte del Profeta no destruyó el sacerdocio ni las llaves que Dios había restaurado.

José había preparado a otros. El Cuórum de los Doce poseía autoridad. La obra del templo debía continuar. El evangelio debía seguir predicándose. Los santos todavía debían ser congregados.

La transfiguración se convirtió así en una señal visible y audible —para quienes la experimentaron de ese modo— de una realidad de sacerdocio que ya existía. El Dios de José seguía dirigiendo la Iglesia después de José.

¿Podemos decir que realmente sucedió?

Desde la perspectiva de la fe de los Santos de los Últimos Días, sí: el acontecimiento puede afirmarse como una manifestación real del Espíritu y del manto profético. Los testigos no lo transmitieron meramente como una comparación poética; muchos lo entendieron como una intervención divina que les permitió reconocer la continuidad de la autoridad.

Desde el método histórico académico, hay que formular una distinción. Está extraordinariamente bien documentado que numerosos participantes y sus familias testificaron posteriormente de la experiencia y que el lenguaje del “manto” aparece muy cerca de 1844. Lo que la documentación contemporánea no permite probar de manera independiente es el mecanismo sobrenatural de una transformación física.

Estas dos afirmaciones no tienen que destruirse mutuamente. La historia puede establecer quién testificó, cuándo escribió, qué recordó y qué documentos existen. La fe interpreta el significado último de esa evidencia.

Este artículo no reduce el acontecimiento a ilusión colectiva. Acepta el testimonio de los santos de que Dios manifestó la continuidad profética por medio de Brigham Young, mientras conserva escrupulosamente las diferencias entre lo que cada testigo afirmó haber visto, oído o sentido.

Conclusión: José había muerto, pero la obra no

El 8 de agosto de 1844, Nauvoo estaba llena de personas que todavía podían recordar el ataúd de José Smith. Seis semanas no habían sido suficientes para convertir el martirio en pasado. El Profeta estaba muerto y nadie sabía todavía cómo se sentiría una Iglesia sin su presencia física.

Sidney Rigdon ofreció una respuesta: un guardián.

Brigham Young ofreció otra: las llaves permanecían con el Cuórum de los Doce.

Y entonces ocurrió aquello que generaciones de santos llamarían el manto, la transfiguración o el espíritu de José sobre Brigham.

Algunos oyeron una voz conocida. Algunos vieron una apariencia conocida. Algunos reconocieron gestos y maneras que habían observado innumerables veces en José. Otros no describieron ninguna transformación física, pero sintieron con poder espiritual dónde estaba la autoridad.

No fueron 129 fotocopias de un mismo testimonio. Fueron muchas memorias de una experiencia colectiva extraordinaria.

El mensaje no era que José Smith hubiese regresado corporalmente. Tampoco que Brigham Young se hubiera convertido en José. Era algo más profundo: el Dios que había llamado a José todavía estaba con la Iglesia, las llaves no habían sido enterradas en Carthage y la Restauración no dependía de la vida mortal de un solo hombre.

José conservaba su lugar.

Brigham tenía una responsabilidad diferente.

El manto había pasado.

Y la obra continuaría.

Cronología esencial

27 de junio de 1844: José y Hyrum Smith son asesinados en Carthage, Illinois.

6 de agosto: Brigham Young regresa a Nauvoo después de recibir la noticia del martirio.

7 de agosto: Sidney Rigdon presenta ante dirigentes su reclamación de ser nombrado guardián de la Iglesia.

8 de agosto, mañana: Rigdon habla ante los santos; Brigham Young responde y convoca una reunión por la tarde.

8 de agosto, tarde: Brigham expone el orden de la Iglesia y las llaves del sacerdocio; los santos sostienen al Cuórum de los Doce.

13 de agosto: Arza Hinckley utiliza tempranamente el lenguaje de que el manto del profeta José había caído sobre Brigham.

15 de agosto: Brigham declara por escrito que nadie ocupará el lugar propio de José Smith.

8 de diciembre de 1844: Jesse C. Little cita una carta de Howard Egan que compara de manera extraordinaria la voz de Brigham con la de José.

diciembre de 1847: Se reorganiza la Primera Presidencia con Brigham Young como Presidente.

1870: George Q. Cannon publica un influyente testimonio sobre la percepción visual y auditiva de José en Brigham.

1872: Wilford Woodruff testifica públicamente acerca de la experiencia del manto.

Fuentes principales

• Lynne Watkins Jorgensen, “The Mantle of the Prophet Joseph Passes to Brother Brigham: A Collective Spiritual Witness,” BYU Studies 36, no. 4.

• Opening the Heavens: Accounts of Divine Manifestations, 1820–1844, 2.ª ed., capítulo “The Mantle of the Prophet Joseph Passes to Brother Brigham: One Hundred Twenty-nine Testimonies of a Collective Spiritual Witness,” BYU Studies.

• Thomas Bullock, notas de las reuniones del 8 de agosto de 1844, reproducidas y analizadas en BYU Studies / Opening the Heavens.

• Brigham Young, registro personal del 8 de agosto de 1844, citado en Opening the Heavens.

• History, 1838–1856, Volume F-1, Church History Library / Joseph Smith Papers, materiales sobre el 8 de agosto de 1844.

• Ronald K. Esplin, “Joseph, Brigham and the Twelve: A Succession of Continuity,” BYU Studies 21, no. 3.

• Richard S. Van Wagoner, estudios críticos sobre la crisis de sucesión y la tradición de la transfiguración, considerados en contraste con la colección documental de Jorgensen.

• Materiales históricos oficiales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sobre la crisis de sucesión de 1844.

Nota sobre fe e historia

Este artículo presenta la transfiguración desde una perspectiva creyente de los Santos de los Últimos Días y acepta el testimonio de quienes la entendieron como una manifestación divina. Al mismo tiempo, distingue entre la afirmación religiosa de que Dios actuó y aquello que puede establecerse únicamente mediante documentación histórica contemporánea. Esta distinción no pretende debilitar el testimonio, sino evitar atribuir a los testigos afirmaciones que no hicieron y permitir que la evidencia hable con toda su fuerza.

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