LA NOCHE EN QUE UNA TORMENTA SALVÓ AL CAMPO DE SION

El extraordinario episodio del río Fishing, junio de 1834
El extraordinario episodio del río Fishing, junio de 1834

Una expedición que nació en medio de la persecución

En 1834, los Santos de los Últimos Días de Misuri todavía vivían las consecuencias de haber sido expulsados violentamente de sus hogares en el condado de Jackson. En febrero de aquel año, José Smith recibió instrucciones de organizar una compañía que viajara desde Ohio hasta Misuri para ayudar a los santos desplazados y procurar que pudieran recuperar sus tierras. Aquella expedición fue conocida originalmente como el Campamento de Israel y, con el tiempo, como el Campo de Sion.

Cerca de 230 hombres, mujeres y niños participaron en distintos momentos de la marcha. No era un ejército convencional. Aunque sus integrantes se preparaban para defenderse si eran atacados, José Smith y otros líderes entendían la expedición como una acción esencialmente defensiva. Esperaban que el gobernador de Misuri, Daniel Dunklin, utilizara la milicia estatal para ayudar a los santos a recuperar legalmente sus propiedades y que los integrantes del Campo permanecieran allí para protegerlos de nuevas expulsiones.

La marcha fue agotadora. En algunos días recorrieron más de sesenta kilómetros. Los hombres caminaban mientras los carromatos transportaban principalmente el equipaje. Hubo hambre, sed, ampollas, pies heridos y momentos de tensión dentro del propio campamento. Pero quienes participaron también recordaron experiencias que interpretaron como manifestaciones de la protección de Dios.

Un pozo en medio de la sed

Uno de esos episodios ocurrió durante un caluroso día de junio. El Campo había avanzado durante horas sin beber agua desde la mañana. La situación afectaba tanto a los hombres como a los animales.

Al observar el sufrimiento de la compañía, José Smith pidió una pala, escogió un lugar y comenzó a excavar un pozo poco profundo. Según el relato conservado en los materiales de Seminario de la Iglesia, el agua comenzó a llenar inmediatamente la excavación y permaneció allí hasta que los hombres y los animales pudieron beber y refrescarse.

El episodio quedó registrado como uno de los varios acontecimientos que los participantes consideraron milagrosos durante la marcha. Sin embargo, lo que sucedería pocos días después, a orillas del río Fishing, sería mucho más dramático.

Una advertencia antes del peligro

El 18 de junio, cuando el Campo se encontraba cerca de Richmond, Misuri, José Smith sintió que existía un peligro. Se retiró al bosque y oró pidiendo protección. Según la historia preservada por la Iglesia, recibió la seguridad de que el Señor protegería a la compañía.

A la mañana siguiente hizo levantar el campamento temprano. Partieron sin detenerse para las oraciones acostumbradas ni para desayunar. Al atravesar Richmond, una mujer advirtió nerviosamente a uno de los integrantes que había hombres escondidos que planeaban matarlos cuando pasaran por el pueblo.

El ataque no se produjo allí. Sin embargo, los problemas con las ruedas de los carromatos retrasaron considerablemente la marcha. El Campo no consiguió llegar a Liberty, como estaba previsto, y terminó instalándose en una colina situada entre dos brazos del río Fishing, en el condado de Clay.

Aquella demora aparentemente ordinaria colocó al grupo en el escenario de uno de los acontecimientos más recordados de toda la expedición.

“Verán la salvación de Dios”

El 19 de junio de 1834, cinco hombres armados llegaron al campamento. No acudieron para negociar. Según los relatos históricos, profirieron amenazas y anunciaron que una fuerza mucho mayor se estaba organizando para destruir al Campo de Sion. Las fuentes hablan de más de trescientos hombres y, en otros resúmenes, de una fuerza cercana a cuatrocientos.

El ambiente se volvió tenso. Algunos integrantes del Campo querían adelantarse y combatir. José Smith se negó. En lugar de ordenar un ataque preventivo, aseguró a los hombres que el Señor los protegería. Una fuente histórica atribuye al Profeta una frase breve y poderosa: “Quédense quietos y vean la salvación de Dios”.

Entonces el cielo comenzó a cambiar.

Una pequeña nube negra

Poco después de que los hombres armados se marcharan, una pequeña nube oscura apareció en el cielo occidental. Se desplazó rápidamente hacia el este y pareció extenderse sobre el horizonte.

La lluvia comenzó con enorme intensidad. Llegaron el viento, el granizo, los relámpagos y los truenos. La tormenta fue tan violenta que los integrantes del Campo tuvieron que abandonar sus tiendas y refugiarse en un antiguo edificio de reuniones bautista situado cerca del lugar.

Al entrar en el edificio, José Smith pronunció unas palabras que quedarían vinculadas para siempre con aquella noche: “Muchachos, todo esto tiene un propósito. ¡Dios está en esta tormenta!”.

Nadie podía dormir. Mientras afuera el cielo parecía encenderse una y otra vez con los relámpagos y los truenos sacudían la noche, los hombres permanecieron dentro del viejo edificio, descansando sobre bancos rústicos y cantando himnos.

Lo que ocurría al otro lado

La misma tormenta que obligó al Campo de Sion a buscar refugio produjo consecuencias decisivas entre quienes se preparaban para atacarlo.

El viento derribó ramas y árboles. La lluvia y el granizo empaparon las municiones de los atacantes hasta volverlas inútiles. Los caballos se asustaron y se dispersaron. Al mismo tiempo, el río Fishing comenzó a crecer con extraordinaria rapidez.

La página histórica oficial de la Iglesia dedicada al lugar señala que el río llegó a elevarse más de nueve metros —más de treinta pies—. El cauce crecido se convirtió en una barrera natural que impedía a los atacantes llegar hasta el Campo.

La fuerza que había amenazado con destruir a los santos no pudo ejecutar su plan. La batalla que parecía inminente nunca ocurrió.

“Dios está en esta tormenta”

Para José Smith y los integrantes del Campo, aquello no fue simplemente una coincidencia meteorológica afortunada. Ellos interpretaron la tormenta como una respuesta directa a sus oraciones y como protección divina.

En la historia de José Smith quedó registrada la idea de que parecía haber salido del “Dios de los ejércitos” un mandato destinado a proteger a Sus siervos de la destrucción que sus enemigos pretendían infligirles.

Nathan Baldwin, integrante del Campo, expresó una idea semejante al recordar que el Señor había prometido pelear las batallas de Sus santos y que aquella noche parecía como si la “artillería del cielo” hubiese sido utilizada para defenderlos.

Es importante presentar el episodio con precisión histórica: la tormenta ocurrió, el río creció, las municiones de los atacantes quedaron afectadas y el ataque fue frustrado. La interpretación de aquellos acontecimientos como una intervención milagrosa procede de José Smith y de los propios participantes del Campo de Sion.

Los ángeles como compañeros

La tormenta no fue la única experiencia extraordinaria que José Smith relacionó con la expedición. Al recordar la marcha, declaró que Dios había estado con ellos y que Sus ángeles habían ido delante de la compañía. Su afirmación fue todavía más directa: dijo que sabían que los ángeles los habían acompañado “porque los vimos”.

La declaración forma parte de la memoria espiritual del Campo de Sion. Para sus participantes, aquella expedición no consistió únicamente en caminar cientos de kilómetros hacia Misuri; fue también una prueba de fe, obediencia, sacrificio y liderazgo.

El campo no recuperó Sión

Paradójicamente, el Campo de Sion no consiguió el objetivo que muchos de sus integrantes esperaban. El gobernador Dunklin se retractó de la ayuda militar que se esperaba del estado, y el 22 de junio de 1834 José Smith recibió la revelación que hoy se encuentra en Doctrina y Convenios 105. El Señor indicó que el momento de redimir Sion todavía no había llegado.

A primera vista, alguien podría considerar la expedición un fracaso. Los santos no recuperaron entonces sus tierras del condado de Jackson y el Campo fue finalmente disuelto.

Pero la revelación explicó que aquellos hombres habían sido llevados hasta allí como una prueba de su fe. La experiencia permitió a José Smith observar quiénes podían soportar dificultades, trabajar en unidad y mantenerse fieles bajo presión. Varios futuros líderes de la Iglesia, entre ellos Brigham Young y Wilford Woodruff, participaron en la marcha. La experiencia contribuiría a prepararlos para responsabilidades mucho mayores.

Una noche que quedó en la memoria

El Campo de Sion recorrió cientos de kilómetros, padeció hambre, sed, enfermedades, conflictos internos y amenazas externas. No conquistó territorio ni libró una gran batalla. Sin embargo, la noche del río Fishing se convirtió en uno de los episodios más impresionantes de su historia.

Cinco hombres habían llegado anunciando destrucción. Una fuerza considerable se preparaba para atacar. Algunos integrantes querían combatir. José Smith les pidió que confiaran en Dios.

Después llegó la tormenta.

Las municiones quedaron empapadas, los caballos se dispersaron, el río creció y los atacantes no pudieron avanzar.

Para un observador moderno, el acontecimiento puede estudiarse como un episodio histórico extraordinario acompañado por un fenómeno meteorológico severo. Para José Smith y quienes estaban con él aquella noche, su significado era mucho más profundo.

Ellos creyeron que habían pedido protección y que la protección había llegado.

Por eso, casi dos siglos después, aquella frase continúa resumiendo la manera en que los participantes recordaron la experiencia:

“¡Dios está en esta tormenta!”.

Fuentes históricas y doctrinales

• Temas de la historia de la Iglesia, “El Campo de Sion (campamento de Israel)”, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

• Doctrina y Convenios 105; materiales de Seminario, Unidad 22: Día 4.

• La historia de la Iglesia en el cumplimiento de los tiempos, capítulo 12: “El Campo de Sion”.

• Revelaciones en contexto, “La ofrenda aceptable del Campo de Sion”.

• Sitios históricos de la Iglesia, “Zion’s Camp at the Fishing River”.

• Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, capítulo 24.

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