LA EXALTACIÓN

El destino divino de los hijos de Dios y la plenitud de la vida eterna en Jesucristo
El destino divino de los hijos de Dios y la plenitud de la vida eterna en Jesucristo

En la doctrina restaurada, la exaltación es la vida eterna: la más alta condición de felicidad y gloria en el reino celestial, hecha posible únicamente por Jesucristo. El artículo que sigue conserva el desarrollo íntegro del documento de origen —incluidas sus citas y formulaciones históricas— y, al final, añade una ampliación doctrinal basada exclusivamente en enseñanzas oficiales actuales de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Un principio fundamental del evangelio de Jesucristo es que el hombre puede ser exaltado y obtener el más alto de todos los galardones: divinidad. Sin la idea de que es posible llegar a ser un Dios, el hombre no puede comprender el alcance y propósito del gran plan del evangelio, y el divino plan de salvación no puede llevarse a cabo. La verdadera meta del hombre no solamente consiste en «ir al cielo,» «entrar al reino celestial» y «obtener una vez más la presencia de Dios.» El hombre ha de enfrentarse a un desafío más grande, el lograr la perfección personal y el de llegar a ser un Dios. La admonición de buscar la perfección no es un desafío vano. La meta no es un sueño imposible. Más bien, es un principio que debe guiar la vida de todo aquel que verdaderamente ha aceptado a Cristo y Su evangelio. «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto,» fue la meta que Jesús estableció para la humanidad. Las escrituras a menudo repiten Su mandamiento. Por ejemplo, Pablo enseñó que la Iglesia fue establecida, Para perfección de los santos. Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo. Pablo escribió a los Colosenses que la meta de sus obras era «que presentemos a todo hombre perfecto en Cristo Jesús.» A Timoteo le dijo que el propósito de las escrituras era «para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra.» A los Hebreos les dio la admonición de progresar más allá de los principios fundamentales, hacia un nivel más alto de vida, y se unió a ellos en el desafío, diciendo: «Vamos adelante a la perfección.» Él sabía bien la necesidad de establecer la exaltación como la verdadera meta del hombre, y también sabía que ninguna otra meta guiaría al hombre a la perfección. Él vio que «nada perfeccionó la ley, más hízolo la introducción de mejor esperanza.» Y a los Hebreos les deseó que Dios, «os haga aptos en toda obra buena.» Este mandamiento de buscar y alcanzar la perfección es la más difícil de todas las responsabilidades del hombre, y sólo algunos hombres y mujeres tendrán la determinación de perseverar hasta el fin en su afán por cumplirlo. Según lo explicó el apóstol Melvin J. Ballard, «Quiero decir que pocos hombres llegarán a ser como Dios es. Y sin embargo, todos los hombres pueden llegar a ser como Él es, si pagan el precio.» Aquellos que prematuramente se dan por vencidos y abandonan su esperanza de lograr la exaltación, harían muy bien en memorizar y aceptar totalmente la resolución de Nefi:

Y sucedió que yo, Nefi, dije a mi padre: Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que puedan cumplir lo que les ha mandado.

Las ricas bendiciones de la Exaltación

Seguramente el alcanzar la perfección, y por lo tanto, la exaltación y la divinidad, es la meta más significativa a la cual el hombre puede aspirar. La exaltación, o vida eterna como a menudo se le llama en las escrituras, es la meta que Dios desea que toda la humanidad alcance. Así como todo padre desea lo mejor para sus hijos, el Padre Eterno en los cielos desea que todo individuo comparta Su gozo eterno. Su plan de salvación está enteramente dirigido hacia ese fin, y Él ha revelado, «Porque he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.» Seguramente Él, que da las buenas dádivas» sabe lo que es de mayor valor para Sus hijos, y Él ha reservado este galardón como el mayor de Sus dones para los que sean más justos de entre Sus hijos. Aquellos que no están familiarizados con esta idea se burlarán y pensarán que el Padre nunca compartirá Sus dominios con Sus hijos. Sin embargo, las escrituras testifican que Dios, el Padre de los espíritus de toda la humanidad, ha planeado exaltar al hombre y darle tal dominio. El salmista reconoció este hecho cuando preguntó: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, que lo visites? Pues le has hecho poco menor que los ángeles, y coronástelo de gloria y de lustre. Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos: todo lo pusiste debajo de sus pies. Y Dios ha revelado Su palabra: «Yo dije: Vosotros sois dioses, e hijos todos vosotros del Altísimo.» El Padre desea que Sus hijos progresen al grado de que puedan compartir Su asociación, Sus poderes, y dominio a través de toda la eternidad. Las escrituras revelan una explicación detallada de la naturaleza de la exaltación. Aquellos que obtengan este, el más grande de todos los galardones, recibirán:

La Divinidad

Los que reciben este galardón habrán «entrado en su exaltación, de acuerdo con las promesas, y se sientan sobre tronos, y no son ángeles sino dioses. De acuerdo con el presidente Brigham Young, la divinidad se logra a través del proceso de ordenación:

Mientras estemos en la carne, no podremos recibir las llaves para formar y diseñar reinos, y para organizar materia, porque están más allá de nuestra capacidad y llamamiento, más allá de este mundo. En la resurrección, aquellos que han sido fieles y diligentes en todas las cosas, mientras estuvieron en la carne, que han guardado su primer y segundo estados, y que son dignos de ser coronados Dioses, aun los hijos de Dios, serán ordenados para organizar materia. Una Asociación Eterna con Él Padre y el Hijo. «Estos morarán en la presencia de Dios y su Cristo para siempre jamás.» Esto no se entiende como una indicación de que los seres exaltados estarán siempre en proximidad física con el Padre y el Hijo, sino que tendrán el privilegio de conversar con ellos aun a través de las inmensidades del espacio según sea necesario. Orson Pratt explicó: ¿Qué hemos de entender por estar en la presencia de Dios? Para estar en Su presencia, ¿será necesario que estemos en la vecindad cercana a Él, a unos cuantos metros de El? Yo creo que no. Ahora obramos bajo las imperfecciones de la caída, y debido a ello un velo nos separa de Su presencia. Pero cuando sean removidos los efectos de la caída y podamos una vez más mirar hacia la cara de nuestro Padre y Creador, estaremos en Su presencia. … La construcción de las obras del Omnipotente son de tal perfección que le permiten al hombre entrar en Su presencia en cualquier parte del universo donde se encuentre. El velo puede ser quitado y Su presencia se hace visible para nosotros. ¿Se puede conversar con Él aun cuando esté a esas inmensas distancias? Sí. ¿Cómo? A través de esas perfectas facultades que Dios le dará al hombre inmortal. Es tan fácil para los hijos, cuando son perfeccionados y hechos como Él, conversar con Él a través de estas inmensas distancias y penetrar con los ojos todas esas creaciones como lo es para Su Dios y Padre.

Ser miembro en la Iglesia del Primogénito

Una organización especial existe en la gloria celestial, y el ser miembro de ella es permitido solamente a aquellos que ganan su exaltación ahí.20 Mientras revelaba el galardón de aquellos que heredarán la exaltación en la gloria celestial, el Señor dijo que «estos son los que constituyen la iglesia del Primogénito.»21 No hay evidencia en las escrituras que otros, aparte de los seres exaltados, participarán en esta sagrada asociación. Por el contrario, el Señor ha revelado que los que participan en esa Iglesia, han ganado la plenitud de la divinidad:

Os digo estas palabras para que podáis comprender y saber cómo adorar, y sepáis lo que adoráis, para que podáis venir al Padre en mi nombre, y en el debido tiempo recibir de su plenitud. Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud, y seréis glorificados en mí como yo lo soy en el Padre; por lo tanto, os digo, recibiréis gracia por gracia. Y ahora, de cierto os digo, yo estuve en el principio con el Padre, y soy el Primogénito; y todos los que por medio de mí son engendrados, son participantes de la gloria del mismo, y son la iglesia del Primogénito.

Coherederos con Cristo

Aquellos que logran la exaltación llegarán a ser coherederos con Jesucristo al heredar los poderes y la gloria que pertenecen a la deidad. Pablo enseñó: Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio de nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. En los reinos eternos, la humanidad seguirá uno de dos senderos: serán siervos, o serán coherederos con Cristo. Sólo los coherederos podrán gobernar y reinar en los cielos. Aunque sean coherederos con el Salvador, teniendo igual poder y dominio, la organización eterna todavía situará al hombre bajo la jurisdicción de Jesús, porque «ellos son de Cristo, y Cristo es de Dios.»

La plenitud de Gloria de un Cuerpo Celestial

Mientras hablaba de las bendiciones de los seres exaltados, el Señor reveló que «Son aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas . . . que han recibido de su plenitud y de su gloria.» El Señor reveló la naturaleza de la maravillosa gloria que los seres exaltados recibirán, cuando dijo que «la gloria de Dios es la inteligencia, o en otras palabras luz y verdad.» En «La Visión» se revela que, «estos son aquellos cuyos cuerpos son celestiales, cuya gloria es la del sol, sí, la gloria de Dios, el más alto de todos, de cuya gloria está escrito que tiene como tipo el sol del firmamento.»

La autoridad del Sacerdocio

Aquellos que obtienen la exaltación serán «sacerdotes del Altísimo, según el orden de Melquisedec, que fue según el orden de Enoc, que fue según el orden del Hijo Unigénito.» «Los derechos del sacerdocio están inseparablemente unidos a los poderes del cielo,» y el poder del sacerdocio es la base para que un hombre exaltado pueda funcionar como un dios, porque «este sacerdocio mayor administra el evangelio, y posee la llave de los misterios del reino, sí, la llave del conocimiento de Dios.» El compañerismo Eterno de un Cónyuge El Señor ha revelado: Si un hombre se casa con una mujer por mi palabra, la cual es mi ley, y por el nuevo y sempiterno convenio, y les es sellado por el Santo Espíritu de la promesa, por conducto del que es ungido, a quien he otorgado este poder y las llaves de este sacerdocio, … les será cumplido en todo cuanto mi siervo haya declarado sobre ellos, por tiempo y por toda la eternidad; y estará en pleno vigor cuando ya no estén en el mundo; y pasarán por los ángeles y los dioses que están allí, a su exaltación y gloria en todas las cosas, según lo que ha sido sellado sobre su cabeza. La unión del matrimonio, cuando es consumada en el santo templo de Dios por Sus siervos autorizados, permanece válida en la resurrección celestial. Esto es algo básico para el programa eterno de Dios. Según el principio que declaró Pablo: «Mas ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor.» Es un principio glorioso ya que provee la base del entendimiento de los Santos de los Últimos Días concerniente al exaltado estado de la mujer. Sin el principio del matrimonio eterno, la mujer estaría excluida del privilegio de la exaltación, pero como compañera de un hombre exaltado ella puede compartir todos los privilegios y bendiciones de la divinidad. Según lo expresó el Presidente John Taylor, Ser reina y sacerdotisa en el trono de tu Padre Celestial y una gloria para tu esposo y progenie, engendrar las almas de hombres, poblar otros mundos (como engendraste cuerpos en la vida mortal) mientras la eternidad continúa, y si lo aceptas, mujer, esta es la vida eterna.

Parley P. Pratt escribió: «He aprendido que la dignidad más grande de la mujer es el levantarse como reina y sacerdotisa para su marido y reinar por siempre jamás como reina y madre de su numerosa progenie.»

Poderes eternos de Procreación

Los seres exaltados gozarán del poder de procreación y continuarán el proceso de engendrar hijos, el cual comenzó durante el estado mortal. El Señor ha revelado que los seres exaltados pasarán por los ángeles y los dioses que están allí, a su exaltación y gloria en todas las cosas, según lo que ha sido sellado sobre su cabeza, y esta gloria será una plenitud y continuación de las simientes por siempre jamás. Entonces serán dioses, porque no tienen fin; por consiguiente, existirán de eternidad en eternidad, porque continúan. El poder de engendrar hijos en el estado resucitado es fundamental al plan eterno de salvación, porque es por medio de esos hijos que los seres exaltados progresarán y serán exaltados. Dios ha revelado que la esposa o esposas de un hombre son dadas a él para multiplicarse y henchir la tierra, de acuerdo con mi mandamiento, y para cumplir la promesa dada por mi Padre antes de la fundación del mundo, y para su exaltación en los mundos eternos, a fin de que puedan engendrar las almas de los hombres; pues en esto se perpetúa la obra de mi Padre, a fin de que él sea glorificado. En realidad, el ser Dios significa gozar de paternidad eterna, porque la relación de Dios a hombre es realmente una relación de padre a hijo. Un dios gobierna a sus propios hijos, y su reino aumenta según crece su familia eterna. Como Orson Pratt lo expresó, ¿Quiénes serán los súbditos en el reino que será gobernado por los que son exaltados en el reino celestial de nuestro Dios? ¿Reinarán ellos sobre los hijos de su vecino? ¡No! ¿Sobre quién gobernarán? Sobre sus propios hijos. Su propia posteridad serán los ciudadanos de sus reinos. En otras palabras, el orden patriarcal prevalecerá ahí hasta la eternidad sin fin. y los hijos de cada patriarca de familia serán suyos durante todas las eternidades. Así como el hombre nació primero como hijo espiritual del Padre Eterno y Su compañera, los hijos que les nacen a los seres resucitados son seres espirituales y deben ser enviados, cuando les toque su turno, a otro mundo para que pasen por las pruebas de la vida mortal y obtengan un cuerpo físico. Una declaración doctrinal publicada por la Primera Presidencia de la Iglesia, el 30 de junio de 1916, afirmó en parte:

De lo que se ha dado a conocer por revelación divina sobre los pasos del eterno progreso y desarrollo, debemos entender que solamente los seres resucitados y glorificados pueden ser padres de progenie espiritual. Solamente estas almas exaltadas han alcanzado la edad madura en el curso señalado de la vida eterna; y los espíritus que de ellos nazcan en los mundos eternos pasarán, en el orden debido, por los varios pasos o estados a través de los cuales sus padres glorificados han alcanzado la exaltación. Según algunos líderes de la Iglesia, el proceso de procrear seres espirituales es idéntico al proceso de concebir y crear hijos en la tierra. Una declaración de la Primera Presidencia enseña que «el hombre como espíritu, fue engendrado y nació de padres celestiales, y fue criado hasta su madurez en las mansiones eternas del Padre antes de venir a esta tierra para ser probado y pasar por la experiencia de la vida mortal.» El apóstol Orson Pratt describió este proceso: Si nacimos en los cielos antes de que existiera este mundo, nos podríamos preguntar acerca de la naturaleza de ese nacimiento. ¿Acaso fue por un mandato que sustancia espiritual, la cual se hallaba esparcida en el espacio, fue juntada milagrosamente y organizada en forma espiritual y llamada espíritu? ¿Es así como nacimos? ¿Es así como Jesús, el primogénito, llegó a existir? ¡No! Todos nacimos allá en la misma forma en que nacemos aquí. Es decir, toda persona que ha existido antes de venir aquí tuvo padres literales: una madre personal y un padre personal. Por eso el apóstol Pablo, al hablar a los Efesios, dijo: ‘Nosotros somos su progenie.’ Así que el contrato de matrimonio eterno y la bendición del crecimiento eterno son las llaves para la exaltación. Aquellos que obtienen el reino celestial pero que no cumplen con estas obligaciones estarán limitados a ser siervos de sus hermanos exaltados. Como los dioses reinan sobre su propia progenie, no hay exaltación sin la habilidad de tener hijos espirituales. Esta ley es inmutable. Solamente unos pocos podrán recibir las bendiciones de esa ley puesto que el Señor ha revelado: Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la exaltación y continuación de las vidas, y pocos son los que la hallan, porque no me recibís en el mundo ni tampoco me conocéis.

Ampliación doctrinal desde las enseñanzas oficiales de la Iglesia

La exaltación es un don de Dios que depende de Jesucristo

La Iglesia enseña actualmente que la vida eterna o exaltación es el mayor de todos los dones de Dios. No puede obtenerse por esfuerzo humano independiente. La gracia de Jesucristo, Su expiación y Su poder redentor son indispensables; mediante la fe en Él, el arrepentimiento, las ordenanzas y la fidelidad a los convenios, los hijos de Dios se preparan para recibir ese don. Véanse Doctrina y Convenios 14:7; 76:69; 2 Nefi 31:19–21.

Llegar a ser como el Padre no significa reemplazarlo

La enseñanza de que los seres humanos poseen un potencial divino forma parte de la doctrina de la Restauración. Ser exaltados significa llegar a ser como nuestro Padre Celestial y recibir una plenitud de Sus bendiciones. La Iglesia también aclara que este progreso nunca cambia la identidad de Dios como nuestro Padre y nuestro Dios: los exaltados continúan adorándolo.

La perfección es un proceso eterno

El mandato del Salvador de ser perfectos no debe entenderse como la exigencia de alcanzar una impecabilidad absoluta durante la mortalidad. Los profetas modernos han enseñado que la perfección completa se alcanza finalmente mediante Jesucristo y después de la resurrección. La vida mortal es parte de un proceso de conversión, santificación y crecimiento que continúa conforme al plan de Dios.

Convenios, templo y matrimonio eterno

La exaltación está inseparablemente relacionada con los convenios del Evangelio. La enseñanza oficial de la Iglesia señala que quienes buscan la exaltación ejercen fe en Jesucristo, se arrepienten, reciben las ordenanzas de salvación y exaltación, hacen convenios con Dios y perseveran fielmente. Doctrina y Convenios 131:1–4 y 132:19–20 vinculan la plenitud de la exaltación con el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio. El Manual General enseña que el esposo y la esposa están destinados a progresar juntos hacia la vida eterna.

Coherederos con Cristo y receptores de la plenitud del Padre

Romanos 8:16–17 enseña que los hijos de Dios pueden llegar a ser coherederos con Cristo. La revelación moderna añade que los fieles pueden recibir de la plenitud del Padre y que quienes reciben exaltación son llamados hijos de Dios y participan de Su gloria. Esta doctrina no disminuye la posición única de Jesucristo: toda exaltación es posible precisamente por medio de Él.

La Iglesia del Primogénito

Doctrina y Convenios 76 relaciona a los herederos de la gloria celestial con la Iglesia del Primogénito. Son descritos como personas que recibieron el testimonio de Jesús, fueron hechas perfectas mediante Jesucristo, el Mediador del nuevo convenio, y reciben de la plenitud y gloria del Padre. Por ello, la pertenencia a la Iglesia del Primogénito se comprende en conexión con la obra perfeccionadora de Cristo, no como un logro separado de Su expiación.

Lo que la Iglesia afirma y lo que no ha explicado plenamente

Las fuentes históricas citadas en el documento original contienen explicaciones detalladas de algunos líderes del siglo XIX y comienzos del XX acerca de la vida de los seres exaltados. La enseñanza oficial contemporánea afirma el potencial de los hijos de Dios para llegar a ser como Él, la continuación eterna de las relaciones familiares y las promesas de una posteridad eterna; sin embargo, también reconoce que se ha revelado poco acerca de los detalles concretos de la existencia exaltada. Por esa razón, no conviene convertir descripciones especulativas sobre los mecanismos de la procreación espiritual, la creación de mundos u otros detalles no revelados en afirmaciones más precisas de lo que permiten las escrituras y la enseñanza oficial.

Una doctrina centrada en el destino familiar y en Cristo

El propósito de la exaltación no es alimentar ambición de poder, sino cumplir el plan de un Padre que desea que Sus hijos reciban Su gozo. La doctrina del potencial divino está unida a Jesucristo, a la santificación, a las relaciones familiares eternas, al servicio y al amor. El objetivo no es simplemente poseer gloria, sino llegar a ser santos mediante la expiación de Cristo y recibir, como herederos fieles, todo lo que el Padre ofrece a Sus hijos.

Fuentes oficiales utilizadas para la ampliación

• Doctrina y Convenios 14:7; 76:50–70; 84:36–38; 93:19–20; 131:1–4; 132:19–24.

• Romanos 8:16–17; Mateo 5:48; 1 Juan 3:1–3.

• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «Llegar a ser como Dios» (Temas y preguntas / Ensayos sobre temas del Evangelio).

• La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, «Vida eterna» (Guía para el estudio del Evangelio).

• Principios del Evangelio, capítulo 47, «La exaltación».

• Manual General: Servir en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2.1.2, «Esposo y esposa».

• Russell M. Nelson, «La salvación y la exaltación», Conferencia General, abril de 2008.

• Jeffrey R. Holland, «Sed, pues, vosotros perfectos… con el tiempo», Conferencia General, octubre de 2017.

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