Definición de la apostasía personal
En el contexto de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la apostasía personal se refiere al alejamiento consciente y deliberado de los principios, doctrinas y convenios del Evangelio restaurado. No se limita simplemente a dejar de asistir a la Iglesia, sino que implica una negación activa de la fe, la rebelión contra la autoridad de la Iglesia o la promoción de enseñanzas contrarias a la doctrina oficial.
Características de la apostasía personal
1. Rechazo de doctrinas fundamentales. Negar verdades esenciales como la divinidad de Jesucristo, la Expiación, la restauración del Evangelio a través de José Smith o la autoridad del sacerdocio.
“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5), un recordatorio de la necesidad de buscar confirmación divina antes de rechazar verdades espirituales.
2. Oposición abierta a la Iglesia. Actuar en contra de la Iglesia o de sus líderes, promoviendo críticas destructivas o fomentando la disidencia.
“Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mateo 7:16), destacando la importancia de evaluar los resultados de las enseñanzas.
3. Promoción de doctrinas falsas. Enseñar o diseminar ideas que contradicen las enseñanzas oficiales, creando confusión o desviando a otros de la fe verdadera.
4. Violación de convenios sagrados. Romper de manera deliberada los convenios hechos con Dios, como los del bautismo o del templo.
Causas comunes de la apostasía personal
Orgullo espiritual. El orgullo lleva a la autosuficiencia espiritual, donde la persona cree que ya no necesita la guía de Dios ni de Sus siervos. Esto puede manifestarse en la soberbia intelectual o el desprecio hacia los líderes de la Iglesia.
“Antes del quebranto va la soberbia, y antes de la caída, la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18).
Ofensa personal. Las ofensas dentro de la Iglesia, ya sea por malentendidos o errores humanos, pueden ser una trampa para el alma si no se manejan con humildad y perdón. Las personas pueden alejarse al no distinguir entre la imperfección humana y la perfección del Evangelio.
“Y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí” (Mateo 11:6).
Influencias externas. Las filosofías del mundo, la presión social o las ideologías contrarias al Evangelio pueden minar la fe si no se mantiene un ancla espiritual firme en las Escrituras y la oración.
“Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
Falta de nutrición espiritual. La negligencia en las prácticas espirituales diarias, como el estudio de las Escrituras, la oración y la asistencia a la Iglesia, debilita la fe gradualmente, haciendo al individuo vulnerable a la duda y la incredulidad.
“Mas él, respondiendo, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).
Ejemplos históricos de apostasía personal
Lyman E. Johnson. Uno de los primeros apóstoles de la Iglesia, quien cayó en apostasía debido a desacuerdos con la dirección de la Iglesia y el orgullo personal. A pesar de su alejamiento, nunca negó su testimonio del Profeta José Smith.
Thomas B. Marsh. Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, quien dejó la Iglesia debido a un conflicto menor que creció por falta de humildad. Eventualmente regresó y se arrepintió, reconociendo públicamente su error.
William Law. Segundo consejero de José Smith, cuya apostasía lo llevó a oponerse activamente al Profeta, contribuyendo a los eventos que resultaron en el martirio de José Smith. Su caso muestra cómo el descontento personal puede convertirse en rebelión abierta si no se gestiona espiritualmente.
Consecuencias de la apostasía personal
1. Pérdida de la guía del Espíritu Santo.
“Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; y serán sus días ciento veinte años” (Génesis 6:3).
2. Debilitamiento de la fe.
“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).
3. Aislamiento espiritual.
“Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, no sea que alguna raíz de amargura, brotando, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15).
4. Consecuencias eternas.
“Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia que, después de haberlo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado” (2 Pedro 2:21).
Prevención de la apostasía personal
Estudio constante de las Escrituras. “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39).
Oración diaria. “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).
Participación activa en la Iglesia. “No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:25).
Escuchar a los profetas vivientes. El presidente Russell M. Nelson ha enseñado: “En los días venideros, no será posible sobrevivir espiritualmente sin la influencia guiadora, direccionadora, consoladora y constante del Espíritu Santo”.
La esperanza del arrepentimiento
Aunque la apostasía personal es grave, el arrepentimiento siempre está disponible gracias a la expiación de Jesucristo. El camino de regreso incluye:
Reconocer el error. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
Confesar y abandonar el pecado.
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: ¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!” (Mateo 4:17).
Restaurar la fe. Reafirmar el compromiso con los convenios y el testimonio personal.
Recibir la sanación del Salvador.
“Venid ahora, dice Jehová, y razonemos juntos: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).
Conclusión
La apostasía personal es un riesgo real, pero se puede prevenir mediante una vida de fidelidad, humildad y devoción continua al Evangelio. La invitación de Cristo siempre está abierta: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). La verdadera seguridad espiritual está en permanecer firmes en la fe y en la obediencia a los convenios sagrados.


