EL GRAN DÍA DEL JUICIO FINAL

El juicio de Cristo, sus jueces delegados y los ocho propósitos del gran día de rendición de cuentas
El juicio de Cristo, sus jueces delegados y los ocho propósitos del gran día de rendición de cuentas

El gran día del juicio final las actividades de cada hombre en la vida preterrenal, en la vida mortal y en el mundo espiritual alcanzarán su culminación al ser revisadas y examinadas en el gran día del juicio final. Esa gran prueba y evaluación final sirve de línea de demarcación entre la preparación del hombre y el recibimiento de sus responsabilidades eternas y herencia celestial. Todas sus labores y esfuerzos por innumerables milenios sólo han sido una preparación para este gran evento. Aunque el tiempo de cada hombre para comparecer ante la barra del juicio de Cristo sea breve, el tiempo total de juicio para todos los hombres tiene necesariamente que ser un período largo. Si a cada hombre se le dieran sólo diez minutos, ¡imagínense cuántos años tomaría considerar el caso de todos! Según los comentarios de Orson Pratt: Podemos anticipar un ajuste general de cuentas con todos los habitantes de la tierra, justos e injustos. No se ha revelado cuán largo será ese día que llaman el día del juicio. Pero puede ser bastante más extenso de lo que suponemos. Aunque las revelaciones no declaran explícitamente la duración del día del juicio final, ciertos indicios revelados en varios pasajes de las escrituras demuestran ampliamente que ese día se extenderá sobre un período de mil años o más. Por eso, con referencia a la palabra día del juicio, todos deberíamos recordar la admonición de Pedro que dijo: «no ignoréis esta una cosa, que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.» Las escrituras dan evidencia de que el juicio final comenzará inmediatamente después de que Cristo haya venido en su gloria, y continuará durante Su reinado milenario, pasando la segunda resurrección, hasta que la tierra haya pasado y todos los hombres hayan sido enviados al reino de Gloria que se les haya asignado. No se debe permitir ninguna confusión concerniente a la naturaleza del juicio final mientras hablamos de su duración. El término, juicio final, se refiere al examen que todo hombre recibirá después de su resurrección. Aunque a su venida, Cristo juzgará a todo mortal que se encuentre en la tierra, tal juicio no se considera como el final, ya que los que mueran en ese día, todavía se levantarán en la resurrección para de nuevo dar cuenta de sus obras. Parece que aquellos que se levantan en la primera resurrección, al principio del milenio, serán juzgados inmediatamente al salir de la tumba, en vez de esperar hasta el fin del milenio. Esto se demuestra por medio de varios pasajes que indican

los resultados del juicio final pero que cronológicamente, se refieren al comienzo de la época milenaria. Por ejemplo, Juan El Revelador escribió: Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos, y les fue dado juicio; y vi las almas de los degollados por el testimonio de Jesús, y por la palabra de Dios, y que no habían adorado la bestia, ni a su imagen, y que no recibieron la señal en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Mas los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección: la segunda muerte no tiene potestad en estos: antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años. Las palabras reveladas por el Salvador contienen Su promesa: Porque en mi propio y debido tiempo vendré sobre la tierra en juicio, y mi pueblo será redimido y reinará conmigo sobre la tierra. Porque vendrá el gran Milenio, del cual he hablado por boca de mis siervos. Una vez más el Maestro, durante los últimos días de Su vida mortal, describió eventos concernientes a Su gloriosa venida al comienzo del milenio, que indican que ese será el tiempo del juicio para los justos que se levantarán en la primera resurrección: Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.’ El apóstol Pablo dijo: Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus Santos.

Y finalmente, el Señor ha revelado que aquellos que le ayudan a juzgar a los justos de la casa de Israel vendrán en Su Gloriosa Venida a juzgar a aquellos que hayan guardado los mandamientos «Y a nadie más»: … y ha salido como un firme decreto por la voluntad del Padre, que mis apóstoles, los Doce que estuvieron conmigo durante mi ministerio en Jerusalén, estarán a mi diestra, el día de mi venida en una columna de fuego, ataviados con vestidos de justicia, y coronas sobre su cabeza, en gloria igual que yo, para juzgar a toda la casa de Israel, sí, a cuantos me hayan amado y guardado mis mandamientos, y a ningún otro. Porque sonará una trompeta larga y fuertemente, así como en el Monte de Sinaí, y toda la tierra temblará; y saldrán, sí, los que murieron en mí, para recibir una corona de justicia y ser revestidos así como yo, para estar conmigo, a fin de que seamos uno. Otros pasajes indican que el proceso del juicio continuará o será resumido al fin del milenio, después de la segunda resurrección. El juicio que se llevará a cabo en ese tiempo se concretará a los inicuos que se levantarán en la resurrección de los injustos. El Señor ha revelado: «Mas he aquí, he guardado al resto de los inicuos en cadenas de tinieblas hasta el juicio del gran día que vendrá al fin de la tierra.» Y mientras revelaba la naturaleza de las trompetas que controlarán los eventos de los últimos días, el Señor reveló que: Y además, sonará otra trompeta, que es la tercera trompeta; y entonces vienen los espíritus de los hombres que han de ser juzgados, y que se hallan bajo condenación. Y estos son el resto de los muertos: y no vuelven a vivir sino hasta que pasen los mil años, ni vivirán hasta el fin de la tierra. Así que se entiende que el día del juicio incluirá y aun se extenderá más allá de la época milenaria. El hombre puede esperar ser juzgado individualmente poco después del día de su resurrección. Aquellos que se levantan en la primera resurrección, serán juzgados en los primeros días del milenio, mientras que aquellos que sean retenidos hasta la segunda resurrección, se enfrentarán a su Creador al final de la existencia mortal de la tierra. El hombre determina durante su estado mortal su día de juicio, así como también escoge su reino en el mundo espiritual y su grado de resurrección y gloria. Según lo que el Señor ha revelado: He aquí, mis ojos ven y conocen todas sus obras, y tengo reservado en su sazón un juicio repentino para todos ellos: porque para cada hombre hay una hora señalada, de acuerdo con sus obras.

Todos serán juzgados

El gran juicio final será universal; ningún hombre se librará de él. Según escribió Pablo a los Corintios: Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo. A los Santos en Roma les escribió lo siguiente: Porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. Para nosotros en los últimos días, Mormón nos dio su testimonio de que, Todos tendréis que comparecer ante el tribunal de Cristo, sí. toda alma que pertenece a la familia humana completa de Adán; y os presentaréis para ser juzgados por vuestras obras, ya sean buenas o malas. No solamente todo hombre y mujer será juzgado, sino que todo acto oculto será examinado en el gran día del juicio final. «Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena o mala.»

Cristo, el Juez

El proceso del juicio está centrado en Jesucristo. Sobre esto, el Salmista escribió lo siguiente: Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo. Juntadme mis santos; los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez. Aunque se verá que mucha de la responsabilidad para juzgar será delegada, este pasaje parece indicar que el Salvador bendecirá a los justos con el privilegio de reunirse personalmente con El mientras reciben su recompensa eterna. Cristo mismo clarifica que Él es el Dios de quien la escritura habla, cuando declara a un grupo de Judíos no creyentes:

Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo. Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. La responsabilidad de juzgar la tierra, fue en verdad una delegación de autoridad de Dios el Padre a Jesucristo. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: Y también le dio poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. Por esta razón Pablo escribió que Jesús «nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.»

Otros servirán de jueces bajo Cristo

En una ocasión el apóstol Orson Pratt, mientras consideraba la manera en que se conduciría el juicio, comentó: Me parece que a menos que haya un gran número de seres encargados de juzgar a los muertos, ese proceso requeriría un período muy largo de tiempo. Para que alguien investigue personalmente todas las palabras y pensamientos ociosos de los hijos de los hombres, desde los días de Adán hasta nuestros días, requeriría muchos millones de años. Por lo tanto, he llegado a otra conclusión, y eso es que Dios tiene Sus agentes, y que a través de esos agentes serán juzgados los muertos. Estos comentarios no son meramente la lógica personal de Orson Pratt, porque el Señor ha revelado que otros lo ayudarán durante el juicio. A sus apóstoles en Palestina, Cristo dijo: Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí, Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino, y os sentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel. Según el profeta Mormón, mientras los doce discípulos de Jerusalén juzgarán a toda la Casa de Israel, los doce discípulos que Jesús seleccionó en América juzgarán a los Nefitas y a los Lamanitas, después de que ellos mismos hayan sido juzgados por los doce discípulos de Jerusalén: Sí, he aquí, escribo a todos los extremos de la tierra: sí. a vosotros, doce tribus de Israel, que seréis juzgadas según vuestras obras por los doce que Jesús escogió en la tierra de Jerusalén para que fuesen sus discípulos.

Y escribo también al resto de este pueblo, que igualmente será juzgado por los doce que Jesús escogió en esta tierra; y estos serán juzgados por los otros doce que Jesús escogió en la tierra de Jerusalén. Parecería que en el juicio, así como en la vida mortal, el mundo espiritual y la resurrección, la responsabilidad será delegada por dispensaciones y por generaciones dentro de cada dispensación. José Smith, como cabeza de la dispensación del cumplimiento de los tiempos, será responsable de juzgar a todos los que hayan vivido durante los últimos días. Como Parley P. Pratt enseñó: Este día les doy este testimonio de que José Smith fue y es un Profeta, Vidente, y Revelador—un apóstol que posee las llaves de esta última dispensación del reino de Dios, bajo la dirección de Pedro, Santiago, y Juan. Y no sólo fue un profeta y apóstol de Jesucristo que vivió y murió como un profeta sino que ahora vive en el mundo espiritual y posee las mismas llaves para toda esta generación. Así también él poseerá esas llaves por toda la eternidad. Y ningún poder en el cielo o en la tierra jamás se las quitarán, porque permanecerán con él por toda la eternidad. Y él se levantará—sí, otra vez en la carne sobre esta tierra, a la cabeza de los Santos de los Últimos Días bajo la dirección de Jesucristo, y de Pedro, Santiago y Juan. Él poseerá las llaves para juzgar a la generación de aquellos a quienes fue enviado, y juzgará a mis hermanos que presiden sobre mí. Y me juzgará a mí, junto con los apóstoles que han sido ordenados por la palabra del Señor a través de él y bajo su administración. Cuando esto se lleve a cabo, esos apóstoles juzgarán a esta generación y a los Santos de los Últimos Días. Y los juzgarán con ese juicio que Jesucristo les dará a ellos. Y ellos tendrán el mismo espíritu y la misma mente que Cristo, y el juicio de ellos será Su juicio, porque serán uno. . . . Yo espero, por el poder de la resurrección y por el poder vivificante de la gloria celestial, que mi memoria será perfeccionada, y que podré recordar todos los hechos, deberes y actos de mi propia vida. También recordaré, más correcta y perfectamente, cada acto de benevolencia que jamás haya sido hecho por mí en el nombre del Señor y por causa de mi llamamiento. Y recordaré con más claridad, toda negligencia y todo desprecio de parte de aquellos a quienes he sido enviado. Podré decirle al justo, ‘Bien hecho, siervo bueno y fiel, porque has hecho bien a mí y a mis hermanos: por lo tanto, entrad en el gozo del Señor.’ También podré decirles a otros, ‘Alejaos de mí porque sufrí hambre y no me alimentasteis. Estuve desnudo, y no me vestisteis. Estuve enfermo o encarcelado, o perdido, y no me ayudasteis. Tuve una misión que cumplir, y no mostrasteis interés en ella.’

Así será con el hermano José, o el hermano Brigham, o con cualquiera de los apóstoles o élderes que tienen una porción de las llaves del sacerdocio en esta generación, si las mantienen fielmente. Podrán recordar y entender todos sus propios actos y todos los hechos de esta generación a quienes han sido enviados. Y ellos juzgarán en el nombre del Señor Jesucristo. Nosotros seremos juzgados por José Smith, y él será juzgado por Pedro, Santiago y Juan, y sus compañeros. El hermano Brigham, quien preside ahora sobre nosotros, poseerá las llaves bajo la dirección del hermano José. Y él y sus hermanos, quienes poseen las llaves junto con él o bajo su dirección, juzgarán al resto de la gente. Y ellos poseerán esas llaves por toda la eternidad, a través de mundos sin fin. Con esas llaves ellos tendrán que juzgar a esta generación. Y Pedro, Santiago y Juan poseerán las llaves para presidir, juzgar, y dirigir al hermano José Smith a través de toda la eternidad. Y Jesucristo poseerá las llaves sobre ellos y sobre nosotros, bajo la dirección del Padre para quien sea toda la gloria. Este es mi testimonio y en obediencia a esas llaves si Dios me abre el camino y me concede la vida, continuaré mi obra. También parece que juzgar no sólo les corresponde a los apóstoles, sino también a muchos miembros justos de la Iglesia de Cristo. Cristo ha revelado: He aquí, en estos postreros días, yo, el Señor, he hecho a mi Iglesia semejante a un juez que se sienta en un monte, o en un lugar alto, para juzgar a las naciones. Pues sucederá que los habitantes de Sión juzgarán todas las cosas pertenecientes a Sión El Profeta Daniel vio los últimos días y vio que «Se dio el juicio a los Santos del Altísimo; y vino el tiempo, y los Santos poseyeron el reino.» Y Pablo les escribió a los Santos en Corinto, diciendo: ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo?. . . ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de este siglo? Como vemos, el ser juez es parte de la responsabilidad y bendición de aquellos que llegarán a ser «sacerdotes y reyes» en el mundo celestial. Aunque parte de esta responsabilidad puede ser la de participar en el proceso del juicio final, el llamamiento para actuar como juez también consistirá en continuar como una autoridad para presidir y gobernar en la misma forma que lo hacían los jueces de la Biblia, los jueces que gobernaron en la época del Libro de Mormón, así como nuestros obispos hoy. Esta manera de juzgar ha sido definida en una revelación del Señor: Y el que desempeñe esta misión es nombrado para ser juez en Israel, como fue en los días antiguos, para repartir las tierras de la herencia de Dios a sus hijos;

y para juzgar a su pueblo por el testimonio de los justos, y con la ayuda de sus consejeros, conforme a las leyes del reino dadas por los profetas de Dios. Pues de cierto os digo que se guardará mi ley en esta tierra. No piense ningún hombre ser gobernante; más bien, gobierne Dios, según el designio de su voluntad, al que juzga, o en otras palabras, al que aconseja o se sienta en el tribunal.

Los propósitos del Juicio Final

El proceso del juicio final logrará por lo menos ocho propósitos que son necesarios en el gran plan de salvación que Dios ha preparado. Cada fase del proceso es esencial al hombre en su relación futura con Dios. Esos propósitos son:

1. Causar que el hombre se dé cuenta de que sus propios actos determinan su destino.

«El Señor sabe todas las cosas desde el principio,» «sabe todas las cosas que han de suceder,» y «conoce todas las épocas que le están señaladas al hombre.» Él «no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre». Él conoce las habilidades del hombre, su fortaleza y sus debilidades. Y tiene presciencia divina para anticipar el destino final del hombre aun antes de que el individuo entre en la vida mortal. El juicio no ha sido diseñado para el beneficio de Dios, porque Él ya sabe los resultados. Al contrario, el juicio tiene el propósito de beneficiar al hombre que pasa por ese proceso. El hombre no podrá alegar que la presciencia de Dios controló sus acciones y lo predestinó a cierto destino, porque, aunque Dios le haya dado pruebas y desafíos, también le ha dejado su libre albedrío para «escoger la libertad y la vida eterna … o escoger la cautividad y la muerte.» Y Él ha proclamado que: Para que todo hombre pueda obrar en doctrina y principio pertenecientes a lo futuro, de acuerdo con el albedrío moral que yo le he dado, para que todo hombre responda por sus propios pecados en el día del juicio. En ese día de juicio, ningún hombre podrá decir que se le negó su albedrío. Todos se verán obligados a admitir que eligieron el comportamiento que determinó su destino eterno.

2. Causar que el hombre revise su vida mortal.

Al presentarse el hombre ante el tribunal de Dios, revisará totalmente su existencia probatoria y tendrá un conocimiento perfecto de todos sus actos, buenos y malos. El proceso por medio del cual esto se llevará a cabo puede ser similar a lo que experimentó el presidente George Albert Smith cuando fue desafiado por su abuelo en el mundo de los espíritus. Según él relató:

Todo lo que antes había hecho pasó frente a mis ojos como una película sobre una pantalla—todo lo que había hecho. Muy rápido está clara visión del pasado llegó hasta el momento mismo en que la experimentaba. Toda mi vida se había proyectado delante de mí. Parecería que el recuerdo de su pasado como lo describió el presidente Smith, fue similar a la experiencia profetizada por el profeta Jacob: Por lo que tendremos un conocimiento perfecto de toda nuestra culpa, y nuestra impureza, y nuestra desnudez; y los justos, hallándose vestidos de pureza, sí, con el manto de rectitud, tendrán un conocimiento perfecto de su gozo y de su justicia. Y acontecerá que cuando todos los hombres hayan pasado de esta primera muerte a la vida, de modo que hayan llegado a ser inmortales, deberán comparecer ante el tribunal del Santo de Israel; y entonces viene el juicio, y luego deben ser juzgados según el santo juicio de Dios. Como veremos más adelante en este capítulo, en el proceso de repasar todos los hechos de la vida, será usada la evidencia de varios registros y libros, así como, en algunos casos, confrontaciones con testigos. Por eso, el juicio final causará que todos los hombres repasen todos los hechos de su vida con el propósito de entender plenamente la razón de la recompensa obtenida.

3. Causar que el hombre reconozca la justicia del juicio de Dios.

Una tercera responsabilidad que el hombre debe cumplir en el juicio final, es el reconocer que la determinación de justicia del Señor es, en su caso, justa y verdadera. Alma enseñó: . . . tendremos que ir y presentarnos ante él en su gloria, y en su fuerza, en su poder, majestad y dominio, y reconocer, para nuestra eterna vergüenza, que todos sus juicios son rectos; que él es justo en todas sus obras y es misericordioso con los hijos de los hombres, y que tiene todo poder para salvar a todo hombre que crea en su nombre y dé fruto digno de arrepentimiento. Cada hombre se verá obligado a proclamar el mensaje que Juan el Revelador oyó desde el altar de Dios: «Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.»

4. Causar que el hombre reconozca que Jesús es el Cristo.

Aunque muchos han rechazado el evangelio y rehusado poner sus vidas en orden de acuerdo con el programa de Dios, en el día del juicio toda persona se verá obligada a reconocer la divinidad de Cristo y que Él es el rey supremo, quien establece la ley. La voz del Señor

ha proclamado que «Todos estos doblarán la rodilla, y toda lengua confesará al que se sienta sobre el trono para siempre jamás.» El profeta Alma enseñó: Sí, toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará ante él. Sí. en el postrer día, cuando todos los hombres se presenten para ser juzgados por él. entonces confesarán que él es Dios; y los que vivan sin Dios en el mundo entonces confesarán que el juicio de un castigo eterno sobre ellos es justo; y se estremecerán y temblarán, y se encogerán bajo la mirada de su ojo que todo lo penetra. De acuerdo al horario de los eventos de los últimos días, establecido en la sección 88 de Doctrina y Convenios, la trompeta angelical dará la orden de postrarse delante de Dios. Esa trompeta será oída y obedecida por todos los hombres, ya sea que estén en el cielo o en la tierra o que sus cuerpos estén todavía en la tumba: Y otra trompeta sonará, la cual es la quinta trompeta, y es el quinto ángel que vuela por en medio del cielo y entrega el evangelio eterno a todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos; Y éste será el sonido de su trompeta, diciendo a todo pueblo, tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; porque todo oído lo oirá, y toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará, al escuchar el sonido de la trompeta, que dice: Temed a Dios y dad gloria al que se sienta sobre el trono, para siempre jamás; porque la hora de su juicio ha llegado. Los cuatro propósitos del juicio enumerados anteriormente serán cumplidos por la persona bajo juicio. Pero los cuatro propósitos siguientes serán cumplidos por el Señor y Sus representantes.

5. Otorgar perdón por los pecados.

Dios ha revelado que «nada impuro puede entrar en su reino,» y también dijo que «no podéis ser salvos en vuestros pecados.» Sin embargo, «todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.» Por eso, a menos que haya un camino por medio del cual el hombre pueda arrepentirse y ser perdonado de sus pecados, ninguna persona podrá entrar en el reino celestial. Por medio de su expiación, Cristo puede permitirle al hombre sufrir por sus propios pecados o excusarlo del sufrimiento por medio del proceso del perdón. Esta decisión tiene que ser hecha por el Señor o Sus siervos, basándose en la actitud de la persona, sus obras, grado de arrepentimiento y deseo de confesar voluntariamente sus pecados en el día del juicio. Como testificó el apóstol Juan: … y la sangre de Jesucristo . . . nos limpia de todo pecado.

Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y no hay verdad en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad. El perdón y la exoneración de toda responsabilidad de pecado por medio del arrepentimiento es a lo que Amulek se refería cuando dijo que «los justos se sentarán en su reino, para ya no volver a salir; y sus vestidos serán blanqueados por medio de la sangre del Cordero.» En el gran plan de salvación, el tiempo asignado para que el hombre reciba la remisión de sus pecados es durante la vida mortal, por medio del bautismo. A los que se bautizan les es dado el mandamiento de luchar para retener siempre «la remisión de vuestros pecados.» Si así lo hacen, encontrarán que la promesa del Señor se cumplirá en el día del juicio, «y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades.» Otros, sin embargo, no serán redimidos durante la vida mortal, pero habiendo mejorado su situación ante Dios en el mundo de los espíritus, se les otorgará el perdón a la hora del juicio final.

6. Interceder ante Dios a favor del hombre.

Cristo «es mediador del nuevo testamento.» En Su responsabilidad de intermediario entre el hombre y Dios el Padre, el Señor «conforme a la voluntad de Dios intercede por los Santos.» Cristo maneja los asuntos de la tierra en el nombre de Su Padre y se prepara para «cuando entregue el reino y lo presente sin mancha al Padre.» El Padre ha encomendado todo juicio en las manos de Cristo, y por eso aceptará Su testimonio concerniente al mérito de aquellos que entran en el reino. El hombre recibe el testimonio de aprobación de Cristo ante el Padre al esforzarse por guardar los mandamientos del Señor y al hacerse digno del sacrificio expiatorio. Según lo que Juan escribió, … y si algunos hubieren pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo; Y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y en esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. Entonces, una parte del juicio es que Cristo abogará por la causa del hombre ante el Padre, y certificará que el juicio es justo, testificando que cada uno merece la recompensa que recibe.

7. Restaurar al hombre para bien o para mal. El séptimo propósito del juicio es restaurar al hombre a una vida que sea compatible con sus obras y deseos mortales. Alma explicó este principio diciendo: . . . el plan de la restauración es indispensable para la justicia de Dios, porque es esencial que todas las cosas sean restablecidas a su propio orden. He aquí, es preciso y justo, según el poder y resurrección de Cristo, que el alma del hombre sea restituida a su cuerpo, y que al cuerpo le sean restauradas todas sus partes. Y es indispensable para la justicia de Dios, que los hombres sean juzgados según sus obras; y si sus hechos fueron buenos en esta vida, y buenos los deseos de sus corazones, que también sean ellos restituidos a lo que es bueno en el postrer día. Y si sus obras son malas, les serán restituidas para mal. Por tanto, todas las cosas serán restablecidas a su propio orden; cada cosa a su forma natural—la mortalidad levantada en inmortalidad; la corrupción en incorrupción—resucitada a una felicidad sin fin para heredar el reino de Dios, o a una miseria interminable para heredar el reino del diablo; una cosa por un lado y otra por el otro; uno resucitado a la dicha, de acuerdo con sus deseos de felicidad, o a lo bueno, según sus deseos del bien; y el otro al mal, según sus deseos de maldad; porque así como ha deseado hacer mal todo el día, así recibirá su recompensa de maldad cuando venga la noche. Y así sucede del otro lado. Si se ha arrepentido de sus pecados y deseado la justicia hasta el fin de sus días, en igual manera será recompensado en justicia.» Alma continuó explicando que, en el juicio final, el hombre será restituido al mismo nivel de vida que caracterizó su vida mortal: Y he aquí, ¿significa la palabra restauración tomar una cosa de un estado natural y colocarla en un estado innatural, o ponerla en una condición que se opone a su naturaleza? Oh, hijo mío, tal no es el caso; sino que el significado de la palabra restauración es volver de nuevo mal por mal, o carnal por carnal, o diabólico por diabólico; bueno por lo que es bueno, recto por lo que es recto, justo por lo que es justo, clemente por lo que es clemente. Por tanto, hijo mío, procura ser misericordioso con tus hermanos; trata con justicia, juzga con rectitud, y haz lo bueno sin cesar; y si haces todas estas cosas, entonces recibirás tu galardón; sí, la misericordia te será restablecida de nuevo; la justicia te será restaurada otra vez; se te restituirá un justo juicio nuevamente; y se te recompensará de nuevo con lo bueno.

Porque lo que de ti salga, volverá otra vez a ti, y te será restituido; por tanto, la palabra restauración condena al pecador más plenamente, y en nada lo justifica. Así que la recompensa final del hombre es una continuación de su curso mortal, y el juicio sirve para las condiciones que verdaderamente buscó y creó para sí mismo durante su vida mortal.

8. Asignar al hombre al lugar de su herencia final.

El juicio final será cuando el hombre será asignado a su herencia individual en una de las muchas mansiones del Padre. Como el Salvador lo explicó en la parábola de los talentos, vendrá un tiempo cuando el Señor dirá a los fieles, Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu Señor. Pero a los inicuos les ordenará: «apartaos de mí, obradores de maldad.» Debe notarse que, para el día del juicio, el hombre ya habrá resucitado y sabrá qué reino de gloria va a heredar. Parece que ese día será también una ocasión para totalizar y establecer el galardón y la posición final del hombre. Pero la herencia celestial del hombre no podrá ser recibida sino hasta que la tierra sea renovada como esfera celestial después del reino de Cristo, la segunda resurrección y el cumplimiento del juicio.

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