Introducción editorial. La Restauración no aparece en este estudio como un acontecimiento aislado, sino como la culminación de una preparación histórica y profética: la apertura del camino para la libertad religiosa, las antiguas profecías acerca de los últimos días, la promesa de mensajeros celestiales y el llamamiento de José Smith. El contenido que sigue conserva las ideas, citas y desarrollo del texto original, organizado en formato de artículo y con correcciones únicamente gramaticales y de puntuación.
La obra maravillosa
Consumada la obra de la revolución protestante, y habiéndose plantado en tierras americanas la semilla de la libertad religiosa, se aproximaba la hora para la restauración del evangelio. Dentro de poco habría de cumplirse la promesa del Salvador de que el evangelio del reino sería predicado en todo el mundo por testimonio, y que de nuevo se establecería sobre la tierra la Iglesia de Jesucristo. Estaba para manifestarse “el prodigio grande y espantoso” que Isaías predijo aparecería en los últimos días para confundir la prudencia del que se considerara sabio según el mundo.
La razón y las escrituras apoyan la creencia en una restauración
Concuerda con la razón, así como con las Escrituras, creer que el Señor enviará a un mensajero para preparar el camino delante de Él antes de venir en juicio para iniciar Su reinado de mil años; y no es sino justo que el pueblo sea amonestado y tenga el privilegio de arrepentirse y de recibir la remisión de sus pecados mediante la predicación del evangelio, así como la oportunidad de pertenecer a la Iglesia de Cristo. “Porque ciertamente el Señor Jehová no hará nada —dice Amós— hasta que revele el secreto a sus siervos los profetas”.
Se han de cumplir las profecías antiguas
Muchos de los antiguos profetas habían anunciado que se abrirían los cielos y que de nuevo se revelaría al hombre el evangelio eterno antes de la Segunda Venida del Señor. También se predijo, como acontecimientos de los postreros tiempos, la visita de mensajeros celestiales y el derramamiento del Espíritu del Señor, cuando los hijos e hijas de Israel profetizarían, los ancianos soñarían sueños y los jóvenes verían visiones.
Daniel vio nuestro día
Mientras se hallaba exiliado en la corte del gran rey de Babilonia, Daniel vio en visión nuestros días y la obra del establecimiento del reino, el cual iba a ser dado a los santos del Altísimo para que lo poseyeran “eternamente, y para siempre”; y al interpretar el sueño de Nabucodonosor acerca de la imagen de tan imponente aspecto, confirmó este acontecimiento, que se iba a efectuar en los últimos días, en la época en que tuvieran dominio los reinos representados por los dedos de los pies de la estatua. En ese tiempo, el Dios del cielo iba a levantar “un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo”.
La visión de Juan
Asimismo, Juan el Teólogo vio la ocasión en que las buenas nuevas serían declaradas por un ángel que volaría por en medio del cielo, con “el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas”. También esto acontecería en los últimos días, cuando la gente se apartara de las enseñanzas del Señor y hubiera necesidad de llamarla al arrepentimiento; porque después de este ángel vendría otro, diciendo: “Ha caído, ha caído Babilonia”; pero antes de caer, sería amonestada y tendría oportunidad de arrepentirse.
José Smith fue llamado divinamente
Se hizo necesario, pues, que alguien fuese escogido e investido con poder del Padre para restablecer la Iglesia de Jesucristo sobre la tierra.
Cuando el Señor eligió al representante que habría de encabezar este “prodigio grande y espantoso”, que estaba a punto de aparecer entre los hijos de los hombres, no llamó a uno versado en la sabiduría y tradiciones del mundo. Los caminos de Dios no son como los caminos del hombre, ni Sus pensamientos como los pensamientos humanos. Uno que hubiese sido educado según la sabiduría del mundo habría tenido que desaprender muchas de las tradiciones y filosofías de los hombres.
En Su infinita sabiduría, el Señor escogió a un niño inexperto, un jovencito de catorce años de edad, a quien reveló la plenitud del evangelio que el mundo no quería recibir a causa de la incredulidad. Después de años de orientación celestial —porque fue instruido por medio de mensajeros enviados de la presencia del Señor—, este joven, José Smith, quedó preparado para dirigir la obra de la restauración del evangelio y la edificación del reino de Dios.
Una restauración preparada por Dios
El hilo que une todo el estudio es claro: antes de la Segunda Venida, el Señor prepararía nuevamente a un pueblo, revelaría Su voluntad por medio de profetas y establecería Su reino. En ese marco se presenta el llamamiento de José Smith y la Restauración del evangelio como parte del cumplimiento de las profecías de los últimos días.
“El Dios del cielo iba a levantar un reino que no será jamás destruido”.


