HIJOS DE PERDICIÓN

Concepto, pecado imperdonable, rebelión contra la luz recibida y destino de quienes quedan fuera de los reinos de gloria
Concepto, pecado imperdonable, rebelión contra la luz recibida y destino de quienes quedan fuera de los reinos de gloria

Concepto doctrinal

Véase también Condenación, condenar; Diablo; Infierno; Muerte espiritual; Pecado imperdonable Los seguidores de Satanás que sufrirán junto con él en la eternidad. Entre los hijos de perdición se cuentan: (1) los que siguieron a Satanás y fueron expulsados del cielo por rebelión durante la vida preterrenal y (2) aquellos a los que se ha permitido nacer en este mundo con un cuerpo físico pero que después han servido a Satanás y se han vuelto totalmente en contra de Dios. Los del segundo grupo resucitarán de los muertos, pero no serán redimidos de la segunda muerte (espiritual) y no podrán morar en un reino de gloria (D. y C. 88:32, 35).

Judas es hijo de perdición

Juan 17:12 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Los hijos de perdición ya no pueden arrepentirse

Hebreos 6:4–6 4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios, y de los poderes del mundo venidero, 6 y cayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, puesto que crucifican de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a vituperio.

Los hijos de perdición no reciben perdón ni acá ni allá

Doctrina y Convenios 84 41 Pero el que violare este convenio, después de haberlo recibido, y lo abandonare totalmente, no recibirá perdón de los pecados en este mundo ni en el venidero.

La definición presentada por Bruce R. McConkie

Lucifer es Perdición. Se convirtió en tal por la rebelión que llevó a cabo en presencia de la luz y el conocimiento. Aunque conocía a Dios y le había sido enseñada la disposición del plan de salvación, desafió al Señor y buscó coronarse a sí mismo con el poder del Señor. (Moisés 4:1-4.) De esta manera cometió el pecado imperdonable. Junto con él se rebeló una tercera parte de las huestes espirituales del cielo. Estos se convirtieron así en seguidores (o en otras palabras en hijos) de perdición. Se les negó poder tener cuerpo, fueron arrojados a la tierra y se convirtieron en el diablo y sus ángeles- una gran hueste de hijos de perdición. Los que en esta vida obtienen conocimiento de la divinidad del evangelio, conocimiento que solamente viene por revelación abiertamente, se convierten también en hijos de perdición. Su destino, después de la resurrección es ser arrojados fuera con el diablo y sus ángeles para heredar el mismo reino en un estado en el que «el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

Los habitantes del reino sin gloria son hijos de perdición

¿Quiénes son los que sufrirán tan trágico destino? ¿Y cómo es que llegarán a merecerlo? La gran visión que el Señor reveló a José Smith y a Sidney Rigdon en 1832, nos da la respuesta. Esa visión nos mostró como Lucifer cayó de los cielos y fue llamado «perdición» (que significa perdido), y como sujetó a otros bajo su voluntad, haciéndoles «hijos de perdición»: Y esto también vimos, de lo cual damos testimonio, que un ángel de Dios, que tenía autoridad delante de Dios, el cual se rebeló en contra del Hijo Unigénito, a quien el Padre amaba y el cual estaba en el seno del Padre, fue arrojado de la presencia de Dios y del Hijo. Y fue llamado Perdición, porque los cielos lloraron por él, y era Lucifer, un hijo de la mañana. Y vimos; y he aquí, ¡ha caído, un hijo de la mañana ha caído! Y mientras nos hallábamos aún en el Espíritu, el Señor nos mandó que escribiésemos la visión; porque vimos a Satanás, la serpiente antigua, sí, el diablo, que se rebeló contra Dios y procuró usurpar el reino de nuestro Dios y su Cristo; por tanto, les hace la guerra a los santos de Dios, y los rodea por todos lados. Y vimos una visión de los sufrimientos de aquellos a quienes hizo la guerra y venció, porque la voz del Señor vino a nosotros en estas palabras: Así dice el Señor concerniente a todos los que conocen mi poder, y del cual han participado, y a causa del poder del diablo se dejaron vencer, y niegan la verdad y desafían mi poder. Estos son los hijos de perdición, de quienes digo que mejor hubiera sido para ellos no haber nacido; porque son vasos de ira, condenados a padecer la ira de Dios con el diablo y sus ángeles en la eternidad; Concerniente a los cuales he dicho que no hay perdón en este mundo ni en el venidero. Cuando Cristo oraba al Padre, mostró que todos los hombres heredarán algún grado de gloria, con la excepción de los hijos de perdición que estarían perdidos: Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición.

El pecado imperdonable: el pecado contra el Espíritu Santo

¿Cuál es el peor de todos los pecados? ¿Cuál es el pecado que hunde al hombre aún más abajo del reino telestial donde van los mentirosos, hechiceros, adúlteros y fornicarios? ¿Cuál es el pecado que es imperdonable? José Smith dijo: Todos los pecados serán perdonados excepto el pecado contra el Espíritu Santo, porque Jesús salvará a todos con la excepción de los hijos de perdición. ¿Qué tiene que hacer un hombre para cometer el pecado imperdonable? Deberá haber recibido el Espíritu Santo, haber visto los cielos abiertos y haber conocido a Dios, y entonces pecar contra él. Después de que un hombre ha pecado contra el Espíritu Santo, no hay arrepentimiento para él. Tendrá que decir que el sol no brilla aunque lo esté viendo; tendrá que negar a Jesucristo cuando los cielos le han sido abiertos, y tendrá que negar el plan de salvación aunque sus ojos han sido abiertos a esa verdad. Desde ese momento él viene a ser un enemigo. Este es el caso de muchos apóstatas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Cuando un hombre comienza a ser un enemigo de esta obra, me persigue, busca matarme, y nunca cesa de desear mi sangre. Obtiene el espíritu del diablo—el mismo espíritu que tuvieron los que crucificaron al Señor—el mismo espíritu que peca contra el Espíritu Santo. No podéis salvar a tales personas. No podéis traerlos al arrepentimiento. Declaran guerra abierta, igual como lo hace el diablo mismo, y las consecuencias son terribles. Yo os aconsejo a todos vosotros que tengáis cuidado de lo que hacéis o, con el tiempo, encontraréis que habéis sido engañados. ¡Permaneced firmes y no cedáis! No os precipitéis y podréis salvaros. Si estáis en la amargura, tened paciencia. Tal vez cierto hombre sea pecador, pero si se arrepiente será perdonado. ¡Tened cuidado y esperad! Cuando veáis un espíritu que quiere derramar sangre o asesinar, ese espíritu no es de Dios, sino del diablo. De la abundancia del corazón del hombre, habla la boca. Los mejores hombres hacen las mejores obras. El hombre que os habla palabras de vida es el hombre que puede salvaros. Os advierto que tengáis cuidado de todos los hombres malvados que pecan contra el Espíritu Santo, porque no hay redención para ellos ni en este mundo ni en el venidero. El presidente Brigham Young también dio la misma definición cuando dijo: ¿Quiénes no se salvarán? Los que recibieron la verdad o tuvieron el privilegio de recibirla y entonces la rechazaron, Podéis orar por los que os persiguen—aquellos que os odian, y os vituperan, y quienes hablan toda clase de mal en contra de vosotros, si lo hacen ignorantemente. Pero si lo hacen con entendimiento, la justicia tendrá que seguir su curso con respecto a ellos, y a menos que se arrepientan, vendrán a ser hijos de perdición. Este es mi testimonio.

La naturaleza del pecado imperdonable

Después de ganar todas las ventajas antes mencionadas en el evangelio, el individuo tendrá que rechazar todas esas bendiciones y rebelarse contra ellas para cometer blasfemia contra el Espíritu Santo. Otra vez las escrituras nos dan un análisis detallado de la naturaleza exacta del pecado imperdonable. Los hijos de perdición:

1. Son los que niegan la verdad. (D. y C, 76:31)

Deberán rechazar el evangelio y su testimonio aunque hayan conocido su veracidad. Esta negación debe de ser un rechazo completo de toda rectitud. José Smith describió bien a tal individuo: «Tendrá que decir que el sol no brilla aunque lo esté viendo, … y negar el plan de salvación aunque sus ojos hayan sido abiertos a esa verdad.»

2. Son los que niegan el Espíritu Santo después de haberlo recibido. (D. y C. 76:35)

3. Son los que hablan en contra del Espíritu Santo. (Mt. 12:31-32)

4. Son los que se retiran del Espíritu del Señor. (Moisés 2:36)

Rechazan a ese Santo Ser, hablan irreverentemente de la guía que da al hombre, y niegan impíamente que dicho ser se les haya manifestado. Lo niegan como su guía y revelador.

5. Son los que niegan al Unigénito del Padre. (D. y C. 76:35, 43)

6. Son los que exponen a Cristo a pleno vituperio. (D. y C. 76:35)

Así como rechazan y vilipendian al Espíritu Santo, así también se niegan a admitir la naturaleza divina de Jesucristo. Ridiculizan y profanan Su Santo nombre y tratan de vituperarlo y deshonrarlo.

7. Son los que consienten a la muerte de Jesucristo. (D. y C. 132:27)

8. Son los que crucifican a Cristo para sí mismos, (D. y C. 76:35; He. 6:6)

Aquellos que cometen el pecado imperdonable se rebelan en contra de Cristo y desean frustrar la obra de Su Iglesia. En su rebelión se vuelven tan miserables que se regocijan en el sufrimiento y crucifixión del Salvador afirmando que le darían muerte si viviera en su tiempo. Según los comentarios de José Smith: Esta generación es tan corrupta como la generación de los Judíos que crucificaron a Cristo. Y si Él estuviera aquí hoy día, y predicara la misma doctrina que predicó entonces, le darían muerte.

9. Son los que desafían el poder de Cristo. (D. y C. 76:31)

10. Son los que se rebelan abiertamente en contra de Dios. (Moisés 2:37)

11. Son los que se retractan y quebrantan el juramento y convenio del sacerdocio. (D. y C.84:41)

Aquellos que cometen el pecado imperdonable completa y abiertamente se rebelan contra el poder de Cristo manifestado en la tierra. Se oponen a la autoridad del sacerdocio y activamente luchan en contra de la Iglesia. Tratan de derrocar a sus líderes y de traer miseria a todo aquel que sigue los senderos de la verdad y de justicia. Este espíritu de oposición y rebelión es el que lleva a miembros descontentos de la iglesia hacia la apostasía y al destino de los hijos de perdición.

12. Son los que se dejan vencer por el poder del diablo. (D. y C. 76:31)

13. Son los que llegan a ser enemigos de toda justicia. (Mos. 2:37)

El que es culpable de este pecado, «prefiere obedecer al mal espíritu,» y «permanece y muere enemigo de Dios.» Ha llegado a amar a Lucifer y a odiar a Cristo, así como lo advirtió el Salvador: Ninguno puede servir a dos señores: porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón.

14. Son los que cometen homicidio, es decir, que vierten sangre inocente. (D. y C. 132:27)

Para que el homicidio sea clasificado como parte del pecado imperdonable en contra del Espíritu Santo, tiene que ser cometido por uno que ha sido «sellado por el Santo Espíritu de la promesa» después de haber recibido el nuevo y sempiterno convenio. El presidente Joseph Fielding Smith explicó y documentó cuidadosamente esa enseñanza: El nuevo y sempiterno convenio es la suma total de todos los convenios y obligaciones del evangelio. … Es todo—la plenitud del evangelio. De manera que el casamiento efectuado debidamente, el bautismo, la ordenación al sacerdocio, todo lo demás—todo contrato, toda obligación, toda ordenanza que pertenezca al evangelio de Jesucristo, sellado por el Santo Espíritu de la Promesa de acuerdo con esta ley aquí dada, es parte del nuevo y sempiterno convenio. El profeta José Smith explicó a William Clayton el papel que desempeña el homicidio en el pecado imperdonable: Tu vida está guardada en Cristo bajo el Padre, así como la de muchos otros. Nada sino el pecado imperdonable podrá impedirte que heredes la vida eterna, porque has sido sellado a la vida eterna, por el poder del sacerdocio, habiendo dado el paso necesario para ello. A menos que un hombre y su esposa entren en el convenio sempiterno y sean casados por toda la eternidad, por el poder y la autoridad del Santo Sacerdocio mientras están en su estado probatorio, cesarán de multiplicarse cuando mueran. Es decir, no tendrán hijos después de la resurrección. Pero aquellos que se casan por el poder y la autoridad del sacerdocio en esta vida, y continúan sin cometer el pecado contra el Espíritu Santo, seguirán multiplicándose y teniendo hijos en la Gloria Celestial. El pecado imperdonable es el derramar sangre inocente o ser cómplice de ello. Todos los otros pecados serán juzgados y penalizados en esta vida, siendo el Espíritu entregado a las bofetadas de Satanás hasta el gran día de Jesús el Señor.

De modo que el miembro de la Iglesia que ha llenado todos los requisitos que se han mencionado para ser un hijo de perdición, será condenado a vivir para siempre sin perdón. Sin embargo parece que los asesinos que no llenen estos requisitos no serán hijos de perdición. Los asesinos serán echados al infierno, y permanecerán allí hasta que llegue el momento de la segunda resurrección, habiendo pagado el último denario. Entonces recibirán el perdón y se les permitirá entrar en el reino telestial. José Smith enseñó: Es evidente, según varios pasajes de las escrituras, que la doctrina del juicio eterno era entendida perfectamente por los apóstoles. Por eso Pedro les predicó el arrepentimiento y bautismo para la remisión de los pecados a los Judíos que habían sido guiados por sus líderes a la violencia y al derramamiento de sangre. En cambio a los gobernantes les dijo: ‘Ojalá que por ignorancia lo hubiéseis hecho, como lo hicieron los que gobernáis.’ ‘Así que arrepentíos y convertios para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio (redención) de la presencia del Señor, y enviará a Jesucristo que os fue antes anunciado.’ etc. Ese tiempo de redención mencionado aquí, se refiere al tiempo cuando Cristo vendrá. Entonces, y no antes, esos pecados serán borrados. ¿Por qué? Porque fueron asesinos, y ningún asesino tiene la vida eterna. Aún David tendrá que esperar hasta los tiempos del refrigerio antes de que se levante de nuevo y de que sus pecados sean borrados. Al hablar de él Pedro dijo: ‘David no subió a los cielos, porque su sepulcro está aún con nosotros en este día.’ Sus restos en ese entonces, se encontraban en la tumba. Así que leemos que muchos de los cuerpos de los Santos se levantaron durante la resurrección de Cristo, probablemente todos ellos, pero parece ser que David no se levantó. ¿Por qué? Porque él había sido un asesino.

Si los ministros religiosos entendieran claramente la doctrina del juicio eterno, no se encontrarían ministrando al individuo que desperdició su vida al quebrantar las leyes del país derramando sangre inocente. Tales individuos no pueden ser perdonados hasta que hayan pagado hasta el último denario. Las oraciones de todos los ministros en el mundo, no pueden cerrarles las puertas del infierno. Así como David sabía que no sería abandonado a la influencia de Satanás por toda la eternidad,32 los asesinos, (los que no son hijos de perdición porque no han pecado contra la luz del evangelio) se juntarán con los otros habitantes del reino telestial después del juicio final. «Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira. Los catorce elementos proporcionados por las escrituras, juntos, forman el pecado imperdonable o la blasfemia contra el Espíritu Santo. El cometer uno de estos pecados causa que un hombre caiga presa en las redes de Satanás, y antes de que se dé cuenta, es llevado más y más lejos hasta que sea culpable de todos ellos, ubicándose más allá de los poderes de redención y perdón.

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