Una marcha que puso a prueba el cuerpo y la fe
En la primavera de 1834, José Smith encabezó una expedición hacia Misuri conocida entonces como el Campamento de Israel y posteriormente como el Campo de Sion. Su propósito estaba relacionado con los santos que habían sido expulsados de sus propiedades en el condado de Jackson. La expedición reunió finalmente a unas 230 personas entre hombres, mujeres y niños y recorrió cientos de kilómetros en condiciones difíciles.
No fue una marcha romántica. Los participantes caminaron durante largas jornadas, soportaron calor, cansancio, pies heridos, alimentos escasos y una permanente incertidumbre. Las memorias del Campo conservan episodios en los que la sed llegó a ser desesperante. Wilford Woodruff registró, por ejemplo, una mañana de calor sofocante en la que los hombres intentaban recoger agua de lluvia con las alas de sus sombreros y, al no conseguir suficiente, llegaron a beber de las huellas dejadas por los caballos.
Es dentro de ese mundo de polvo, calor y agotamiento donde debe entenderse uno de los relatos más singulares del Campo de Sion: una pequeña excavación en medio de la pradera que comenzó a llenarse de agua.
Una noche en medio de la pradera
Una de las historias tempranas del Campo de Sion, preservada en la documentación vinculada con Wilford Woodruff, describe al grupo acampando una noche en medio de una pradera sin agua. No había un arroyo evidente ni una fuente preparada para recibir a la compañía.
Entonces uno de los hombres tomó una pala y expresó una idea tan sencilla como improbable: ¿quién sabía si podrían encontrar agua precisamente allí?
Comenzó a cavar.
No abrió un pozo profundo. El relato habla de un agujero pequeño. Sin embargo, aquella sencilla excavación pronto comenzó a llenarse de agua buena. Para hombres que conocían de primera mano la sed de aquellas jornadas, la escena produjo una impresión inmediata.
El registro conserva también la reacción de los hermanos: algunos dijeron que aquello les parecía un milagro comparable al de Moisés haciendo salir agua de la roca.
La comparación no es una interpretación moderna. Forma parte de la memoria histórica del propio Campo.
La versión que atribuye el episodio a José Smith
La Iglesia ha transmitido también una versión más específica del acontecimiento. Un manual oficial de Seminario relata que, durante un caluroso día de junio de 1834, el Campo había viajado durante toda la jornada sin beber agua desde la mañana. Los hombres sufrían y los animales también necesitaban desesperadamente refrescarse.
Según esa narración, José Smith observó lo que estaba ocurriendo, pidió una pala, escogió un lugar y excavó un pozo poco profundo.
Entonces el agua comenzó a llenarlo de inmediato.
El relato añade un detalle importante: el pozo permaneció con agua suficiente incluso después de que los integrantes del Campo y sus animales hubieran podido beber y refrescarse.
Presentado de esa manera, el episodio posee una fuerza narrativa inevitable. El líder de una compañía exhausta contempla la sed de hombres y animales, señala un lugar aparentemente ordinario de la tierra, introduce una pala en el suelo y encuentra agua donde la expedición la necesitaba.
¿Fue realmente José Smith quien cavó?
Aquí es donde un artículo histórico responsable debe distinguir entre las diferentes fuentes.
La versión temprana conservada en la historia del Campo de Sion no identifica al hombre que tomó la pala: simplemente dice que “un hombre” cavó el pequeño agujero. George A. Smith recordó años después otro relato en el que él mismo descubrió un lugar húmedo al pie de un barranco, comenzó a excavar y encontró un manantial de excelente agua.
Sin embargo, recuerdos posteriores vincularon expresamente a José Smith con el episodio. Un estudio de BYU Studies señala que Oliver B. Huntington registró en 1888 que dos participantes del Campo, Zera Cole y William Cahoon, sostenían que José Smith había cavado el pozo. La versión utilizada posteriormente por Seminarios e Institutos de la Iglesia también identifica al Profeta como quien pidió la pala, escogió el lugar y excavó.
Por tanto, no sería correcto ocultar la diferencia entre las fuentes. Existe una tradición histórica temprana acerca del hallazgo extraordinario de agua y existe una tradición posterior, transmitida por participantes y adoptada en materiales oficiales de enseñanza, que identifica a José Smith como protagonista.
La existencia de esas variantes no elimina el acontecimiento central que comparten los relatos: el Campo necesitaba agua, se excavó un pequeño pozo en un lugar de la pradera y este se llenó con agua que los participantes consideraron providencial.
“Como Moisés sacando el agua de la roca”
La semejanza con Moisés merece una precisión. José Smith no golpeó una roca con una vara y las fuentes no dicen que el agua surgiera de una piedra. Convertir el episodio en una reproducción literal de Éxodo sería embellecer la historia más allá de lo que permiten los documentos.
Pero los participantes sí hicieron la comparación.
La historia asociada con Wilford Woodruff conserva la afirmación de que, al contemplar cómo el pequeño agujero se llenaba de buena agua, algunos hermanos dijeron que aquello era tan milagroso como Moisés haciendo salir agua de la roca.
La comparación tenía además un trasfondo especialmente significativo. La revelación que originó la expedición había presentado a José Smith como quien conduciría al pueblo de una manera semejante a Moisés conduciendo a Israel. Los documentos contemporáneos llamaban a la expedición el “Campamento de Israel”, y José fue designado para dirigirla.
En medio de una marcha que conscientemente evocaba al antiguo Israel, una compañía sedienta encontró agua de una manera que llevó a sus propios integrantes a recordar a Moisés.
No era la única vez que la sed los llevó al límite
Para comprender por qué aquella pequeña fuente causó tanta impresión, hay que recordar las condiciones de la expedición.
Wilford Woodruff describió jornadas de calor intenso y ausencia de viento. En una ocasión, mientras una tormenta se aproximaba, los hermanos recogieron con sus sombreros toda el agua que pudieron. No fue suficiente. Algunos terminaron bebiendo agua acumulada en huellas de caballos.
Ese detalle, incómodo pero revelador, devuelve humanidad al relato. Los integrantes del Campo no estaban participando en una representación simbólica del desierto bíblico. Tenían sed real. Los animales necesitaban agua. La marcha agotaba sus cuerpos.
Por eso, cuando una excavación poco profunda produjo agua buena, el acontecimiento no fue para ellos una curiosidad geológica. Lo recibieron como una bendición en el momento preciso.
Entre la historia y el milagro
La historia permite afirmar con seguridad varias cosas: durante la expedición existieron graves dificultades para conseguir agua; una memoria temprana del Campo registra que un hombre cavó un pequeño agujero que pronto se llenó de agua buena; los participantes compararon el acontecimiento con el milagro de Moisés; y fuentes posteriores atribuyeron el acto de cavar a José Smith.
Lo que la documentación no permite hacer responsablemente es convertir todas las versiones en una sola sin advertir sus diferencias.
Para los creyentes que participaron en el Campo, sin embargo, la cuestión principal no era explicar científicamente cómo apareció el agua. Lo que los impresionó fue la oportunidad del acontecimiento. Estaban en una pradera sin agua y la encontraron cuando la necesitaban.
En su memoria espiritual, aquello formó parte de una sucesión de experiencias en las que creyeron reconocer la mano de Dios.
El campo de Sión como un nuevo Israel
El paralelismo con el antiguo Israel va mucho más allá de esta historia. La expedición había sido organizada a partir de una revelación de febrero de 1834 que instruía a José Smith a reunir la fuerza de la casa del Señor para ayudar en la redención de Sion. Las fuentes históricas muestran que el nombre contemporáneo habitual fue “Campamento de Israel”.
El lenguaje de Moisés estaba presente desde el comienzo. Un estudio histórico de BYU Studies señala que la revelación indicaba que José debía dirigir la expedición de una manera semejante a como Moisés había guiado a los hijos de Israel.
Después llegaron las pruebas: largas caminatas, murmuraciones, enfermedades, hambre, sed y oposición. También llegaron experiencias que los participantes interpretaron como milagros.
La imagen resulta difícil de ignorar: un Israel moderno atravesando el territorio estadounidense bajo la dirección de un profeta, enfrentando sus propias pruebas en el camino hacia Sion. Y en medio de aquella marcha, agua apareciendo de la tierra cuando el campamento la necesitaba.
Un pequeño pozo que sobrevivió en la memoria
El episodio no ocupa muchas líneas en las fuentes. Precisamente por eso resulta tan poderoso.
No hay un gran discurso antes del acontecimiento. No hay una ceremonia. No hay una multitud reunida esperando una señal espectacular.
Hay cansancio.
Hay sed.
Hay una pradera.
Hay una pala.
Y después hay agua.
Los primeros recuerdos conservan la reacción espontánea de quienes lo presenciaron: pensaron en Moisés.
Décadas más tarde, participantes del Campo seguían vinculando el episodio con José Smith, y la historia llegó a incorporarse a los materiales oficiales de enseñanza de la Iglesia como uno de los milagros experimentados durante la expedición.
Quizá la mejor manera de contarla sea precisamente sin exagerarla. No necesitamos convertir la tierra en roca ni la pala en vara. La historia documentada ya posee suficiente fuerza.
En junio de 1834, durante una de las marchas más exigentes de los primeros años de la Iglesia, hombres y animales necesitaban agua. Se excavó un pequeño pozo. El agua lo llenó. Los hombres bebieron.
Y algunos de aquellos santos, empapados de polvo y agotamiento, miraron lo sucedido y pensaron inmediatamente en Moisés.
Fuentes históricas consultadas
• Unidad 22: Día 4, Doctrina y Convenios 105, Manual de estudio de Seminario — relato oficial que atribuye a José Smith la excavación del pozo.
• Wilford Woodruff Papers, The History of Zion’s Camp, pág. 39 — relato temprano del pequeño agujero que se llenó de agua y de la comparación con Moisés.
• Wilford Woodruff Papers, “Trials and Blessings: Zion’s Camp” — contextualización del relato dentro de los milagros recordados de la expedición.
• BYU Studies, “We Believe the Hand of the Lord Is in It: Memories of Divine Intervention in the Zion’s Camp Expedition” — análisis de las distintas memorias sobre quién descubrió o excavó la fuente.
• BYU Studies, “‘The Redemption of Zion Must Needs Come by Power’: Insights into the Camp of Israel Expedition, 1834” — contexto del nombre Campamento de Israel y del paralelismo de José Smith con Moisés.
• Temas de Historia de la Iglesia, “Zion’s Camp (Camp of Israel)” — contexto histórico general de la expedición de 1834.
• Santos, tomo I, capítulo 18, “El Campamento de Israel” — narración histórica oficial de la expedición.


